Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



martes, 31 de diciembre de 2013

Relatos cortos (II)

«Hay demasiadas gafas entre tú y yo» me espetó. No existe arma blanca más peligrosa que la palabra.
Éramos dos ciegos incapaces de sentir lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor; en nuestro interior. Nos habíamos envenenado poco a poco sin darnos cuenta de ello. Éramos personas radicalmente opuestas a aquellas que se conocieron en un bar una madrugada de abril. ¿Dónde nos abandonaron nuestras personalidades? ¿Y nuestras ambiciones y deseos? Ahora lo único que nos rodeaba era un halo de inseguridad y miedo. Una niebla que nos había empañado las lentes de las gafas. Vivíamos del recuerdo; de espectros alegres, sonrientes. Y yo me harté de aquella ceguera sentimental. Me quité las gafas y, por sorpresa mía, contemplé que él ya se había marchado. Ni rastro. Entonces mi cuerpo se esfumó. Pero mi mente no. Aquí continúo, llamando a su mente. Pero, ¿dónde está su corazón? ¿y el mío? No sé cual de los dos echo más de menos. 

Joder, que mal se me da la realidad.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Relatos cortos (I)

Y cuando volvió a tener en sus manos el dvd de 'Annie Hall' se prometió así mismo no prestarlo nunca más. Había acumulado demasiado polvo en su interior. Prestar aquella película significaba prestar un pedacito de él; era una invitación silenciosa a su mundo, su pasado y su corazón. Aquel chico pasó largas temporadas sin su dvd. «¿Y qué soy yo sin cine ni sentimientos?» se preguntaba cada amanecer. «Pues soy ese chico que dejó de comprar películas para no prestarlas. Ese que dejó de ir al cine acompañado. Ese que dejó de amar el séptimo arte porque dejó de amar la vida» No tenía suficientes fuerza y energía para recuperar ambos amores por lo que se vio en la tesitura de apostar sólo por uno de ellos: la vida. «¿Y qué soy yo ahora?» se preguntó, transcurrido cierto tiempo prudencial. «Alguien con ganas de vivir la vida en primera persona, no a través de una pantalla» Por primera vez en sus 19 años, comprobó que el sacrificio era inevitable y que apostar por doble o nada no era una idea convincente. No volvió a ver una película porque hizo de su vida, una. Creó su propia banda sonora, eligió a los actores mejor dotados para interpretar a los protagonistas y cuando llegó el momento, le dio el mejor final posible.