Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

martes, 21 de enero de 2014

Relatos cortos (III)

Reservé un sitio para ella en el último asiento libre de la biblioteca. A mi lado. Cada vez que alguien se aproximaba con la intención de sentarse en él, mi mirada fulminante respondía anticipadamente a su previsible "¿Está ocupado?" Siempre me había quejado de las personas que se apropiaban de espacios públicos por motivos privados y de repente caí en su mismo saco. Caí -por segunda vez- en la cuenta de que nunca había logrado comprender los motivos de aquel acto usurpador. ¿Era por amor? ¿Por amistad? ¿Por compasión? ¿Por coacción tribal? Sinceramente no era de mi interés aquella duda que brillaba por su ausente existencialismo. La ausencia en sí era mi mayor preocupación. Yo tan solo esperaba a la persona adecuada para sentarse a mi lado. El problema es que aún desconocía quién era. Cada noche era la última en abandonar la biblioteca, asolada y contagiada por una sensación de pesadumbre. Con el avanzar de mis pasos en dirección a casa, aquella pesadumbre solía mutar en enfado y más tarde en indiferencia. Era entonces cuando mi capacidad de retentiva y memorización aumentaban esponencialmente durante la madrugada sin aquella molesta obsesión por encontrar a mi amor platónico e intelectual. El insomnio era el arma más mortífera contra Cupido pero por desgracia mía; el tiempo, el sueño y la propia condición humana confabulaban contra mí. Me acostaba como femme fatale para levantarme como una Julieta más, en busca de otra a la que amar durante el día y asesinar antes de medianoche.