Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



jueves, 10 de abril de 2014

Relatos cortos (IX)

Y una mañana de noviembre la casualidad se obró y nos juntó en el mismo escenario; tú me reconociste inmediatamente, yo no, muy a mi pesar. Fuiste el revulsivo necesario para acabar mi relación de compromiso con otro individuo iniciada por el auto-engaño del detalle. De repente, todas tus fotos colgadas en las redes sociales -observadas de forma compulsiva y cotilla durante años- vinieron a mi mente y mis ojos le enviaron un mensaje claro y conciso: «¡Es él!» Aquel ¿re?-encuentro fortuito había sido construido por mi imaginación tantas veces que incluso había perdido la cuenta. La experiencia ya me había enseñado que realidad y ficción suelen tener ciertas disidencias pero nunca pensé que nuestro primer encuentro físico se saldaría con miradas de reojo, silencio y una víctima: yo. Sabía que tarde o temprano nos acabaríamos encontrando por los pasillos de la facultad pero me negaba a tal milagro tras tanto tiempo esperando la casualidad de mi vida. Tú pensaste que no te había saludado porque te odiaba, yo pensé que no me habías saludado porque no te acordabas de mí. Te odié durante un tiempo tras amarte otro tanto. Mi único impulso a retomar el contacto era desmitificar tu perfecta persona; descubrir tus debilidades para así convencerme de que en realidad nunca habías sido la persona que me vendiste y yo compré. Sustituir el rencor y el arrepentimiento por la victoria y el amor propio de un egocéntrico reconocido. Lo que nunca esperé es que tus imperfecciones me fueran a enamorar. ¿De qué servía dejar de verte en aquel momento si tu recuerdo ya había sobrevivido durante dos años y medio a una veintena de intereses amoroso-sexuales?