jueves, 10 de abril de 2014

Relatos cortos (VIII)

En los albores del fin de un ciclo vital y esencial como la adolescencia, encontró un gran filón: vivir al límite. Tras años de pasividad y ausencia de acontecimientos que agitaran su corazón, tomó el riesgo de hacer tambalear los cimientos de su propia vida y persona. Nunca se le pasó por la cabeza que aquella libertad acabaría tornándose en su contra. Los continuos altibajos emocionales, producto de numerosas vivencias a las que no supo hacer frente, provocaron un profundo dolor emocional del que no hubo constancia hasta que apareció el físico. Hicieron falta años para descubrir que el único remedio a aquel dolor, era la abstención  emocional. La tristeza y el enfado le provocaban grandes dolores de cabeza por lo que se vio en la tesitura de abandonar su problemática personalidad para dar paso a su versión más indiferente y autómata.