viernes, 2 de mayo de 2014

Relatos cortos (XIV)

Nunca llegó a imaginar que sería ella quien acabara escribiendo un manifiesto en contra de la tiranía maternal, éste se convirtiese en best-seller y dedicara sus últimos años de lucidez mental y estabilidad física a su promoción y a la causa del filicidio. Tras la muerte de su hijo de 19 años, se vio aislada en una soledad que su marido e hija no tardaron en esquivar. En un instante, comprendió la repetida advertencia de su ya desaparecido retoño: «¡Morirás sola!»Nunca había tenido miedo a la muerte -incluso había coqueteado con ella en alguna que otra ocasión- sin embargo tras la desaparición de él, tomó plena consciencia de la valía de continuar viva. Los médicos fueron incapaces de determinar la causa del fallecimiento pero ella escondía un secreto que a su vez silenciaba una verdad: ella lo mató. Los cómplices fueron sus manías, sus órdenes y sus discusiones. Dar a luz a un niño no significaba taparle los rayos de Sol, prohibir una luz que le guiaría en una progresiva huida del vientre materno. Dicho éxodo a veces se vería precipitado por esa variable imprevista llamada "vida". No obstante ella empleó sus fuerzas en levantar una caverna donde el desconocimiento y la ceguera imperasen para así frenar la inevitable marcha de su hijo. Confundió guiar con gobernar, incondicionalidad con totalitarismo.

Murió sola. Y mal acompañada.