miércoles, 18 de junio de 2014

Relatos Cortos (XX)

Abrir la puerta de su apartamento ya no sólo constituía el formal allanamiento de morada de mi otro yo sino la posibilidad de provocar un cara a cara no deseado en dicha coyuntura espacio-temporal. Ambas acciones podrían conducirme a un pleito legal y a otro cara a cara menos deseado aún: la justicia. La policía. Un sistema al que debería rendir cuentas a cerca de mis crueles intenciones en un foráneo universo. Pero de entre todos los escenarios factibles que mi mente había esbozado no se hallaba el vislumbrar mi propia figura ahorcándose en el salón de su casa. Su hogar. Mi primer impulso fue correr y sujetar aquel cuerpo idéntico al mío. Intenté escuchar repetidas veces su respiración en mi imprevisible deseo de que continuara con vida hasta que un sin fin de arcadas y una consecuente hiperventilación se sucedieran. No cabía en mi asombro: había evitado la muerte de quien debía asesinar. En cuestión de segundos el peor escenario contingente se había hecho realidad: el vínculo afectivo.