Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



martes, 22 de julio de 2014

Relatos Cortos (XXI)

Aviso y reiteraré cuantas veces sea necesario: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Confío en la abstención de escándalo por docentes de la enseñanza pública. Me pregunto si resulta legítimo o necesario denunciar a un blogger de 20 años ante la Guardia Civil. Gracias a quien me lee anónimamente. Y a quien no. Le dedicaba poco tiempo a la literatura por placer. Muy poco. El verano era su momento idóneo para zambullirse entre páginas pero aquel, el del 2014, no sería recordado por la cantidad de novelas que leería pues bastante ocupado le tenía su primer trabajo remunerado. Obviamente prefería recibir dinero a cambio de su mano de obra -aunque la plusvalía fuera mayor de lo que esperaba- que vivir otras vidas. Que Karl Marx le pillara confesado. 'Cielo Abajo' (Fernando Marías Amondo', 2005) y 'La Catedral' (César Mallorquí, 1999) fueron dos de las primeras lecturas de su adolescencia que más había disfrutado. La primera la mandó ese típico profesor de Lengua Castellana & Literatura del instituto que a un adolescente le marca. Creyó no caer en equivocación al afirmar que fue el primer hombre homosexual con el que mantuvo contacto directo. No se malinterpreten sus palabras pues se refería únicamente a una comunicación bidireccional y al tacto entre manos con motivo de despedidas. Se atrevió a suspenderle una evaluación durante 2º de la ESO pero reconocía haber sido un muy mal estudiante durante la edad del pavo. Confesó: le pilló copiando en un examen. Mantuvo siempre la creencia de que su estrecha relación -buena por momentos y terrible durante otros- se debió a una sospecha mutua a cerca de su  igual orientación sexual. Le constaba que había hecho todo lo posible por ayudarle cuando casi todas sus amistades le abandonaron. Al tercer año de instituto, dejó de ser su profesor y empezaron a ignorarse por los pasillos. Al cuarto, se marchó de allí tras una estela de rumores: le habían echado por mala praxis. Vivía con su madre y su hermano. Tenía un vecino que tocaba muy mal la flauta. Venía a trabajar en tren desde una ciudad aledaña a la suya. Le olía mal el aliento. Se reía como la loca de los gatos de 'Los Simpson'. Una vez se tiró un eructo entre carcajadas enfrente de sus alumnos; aquella anécdota corrió como la pólvora. Vestía con ropa más propia de su padre. Hace un tiempo se reencontró con él en sueños protagonizando una persecución en coche. Uno como hostigador; otro como fugitivo. Resonaban, cada cierto tiempo, enigmas banales a cerca de su figura y su malsana relación que nunca serían desvelados: "¿Se acordaría de mí? ¿Fui especial para él? ¿Y qué más da?" La segunda lectura la mandó esa profesora de Lengua Castellana & Literatura que manifestó sin rubor ninguno durante una excursión escolar su gusto por 'Sin tetas no hay paraíso'. La versión de Telecinco. La veía con su(s) compañera(s) de piso. Siempre albergó cavilaciones a cerca de un posible affaire entre ella y su profesor de geografía –más tarde jefe de estudios-. Llegó a 4º de la ESO con quince años y unos cuantos kilos de más. Fue entonces cuando, gracias a su profesor de Literatura Universal, descubrió  sus dos obras literarias favoritas: '1984' (George Orwell, 1949) y 'Madame Bovary' (Gustave Flaubert, 1857). Sus dos géneros predilectos: la ciencia ficción y el culebrón de calidad. Quevedo se había referido a Góngora como "un hombre a una nariz pegado". Se atrevió a calificar a ese señor-porque estaba casado y tenía un hijo y un coche- como "un hombre a un ego pegado". Menudo impresentable que no dudaba en inventarse batallitas con cotas de ficción difíciles de digerir. Pero se lució proyectando en clase 'Blade Runner' (Ridley Scott, 1982) y 'Fahrenheit 451' (François Truffaut, 1966) como grandes adaptaciones literarias a la gran pantalla. Confesó: le importaron un comino en aquel momento. La gran y única preocupación de sus dieciséis años era la búsqueda de una identidad sexual. Con 18 y una identidad sexual ya estructurada -pero no sólida- se reencontró con la literatura del siglo XX gracias a 'Nada' (Carmen Laforet, 1944). El melodrama hecho a medida para un servidor. Aquel verano post-selectividad, además de finiquitar exhaustivo la malograda trilogía de 'Los juegos del hambre' (Suzanne Collins), se divirtió como un enano con 'Sin noticias de Gurb' (Eduardo Mendoza, 1999) y sufrí (*) con 'Ensayo sobre la ceguera' (José Saramago, 1995). Ese mismo verano, por casualidad, un amante periodista perroflauta le regaló 'El hombre duplicado' (Jose Saramago, 2002) a cambio de su virginidad. Sin embargo no supo del desenlace de Tertuliano Máximo Alfonso hasta septiembre de 2013 sucediéndose la lectura de 'El amor en los tiempos del cólera' (Gabriel García Márquez, 1985) entre las cuatro paredes de una habitación de hospital. "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?" podía funcionar como perfecto reclamo de la citada novela de Márquez. Ya con diecinueve años, alrededor del cuarenta de mayo, eligió de su estantería 'El amante lesbiano' (Jose Luís Sampedro, 2000) como lectura veraniega y es entonces cuando sus experiencias sexuales encontraron réplica en menos de trescientas páginas. Recordó, como correlación, dos productos audiovisuales que ahondaban en eso: la identidad sexual y la transexualidad. Uno era la película y musical 'Hedwig and the angry inch' (John Cameron Mitchell, 2001) y otro era 'Transparent' (2014)  serie de Amazon creada y escrita por Jill Solloway, responsable de guiones de 'Six Feet Under' y 'United States of Tara', otras dos series cuyos personajes vivían en un -definámoslo- "complejo universo sexual". Conoció a Tara Gregson, sus alters y familia en 2010 mientras que a los Fisher, en 2011. Precisamente fue el viaje de los hermanos David y Claire Fisher a lo largo de las cinco temporadas de 'Six Feet Under' lo que le hizo ver con mayor lucidez su periplo de filiación, su propio viaje. Su virginidad se marchó a Toulouse en verano de 2012 pero fue un año antes cuando se deshizo de un verdadero lastre: su mente heterosexual.