lunes, 4 de agosto de 2014

Relatos Cortos (XXIV)

El compartir noche entre sábanas no supuso un gran esfuerzo en términos de privacidad pues contemplar los -ya decididos- últimos minutos de vida de un ser humano, determinado por la idea de dar por finiquitado su periplo terrícola, fue ya por sí sólo un usurpador acto de allanamiento de morada. La violencia con la que amasó su cuerpo, inducido ya en el trance propio entre la vida y la muerte, fue de tal impulsiva extremidad que le resucitó a golpes. Salvar a su réplica traicionó el principio básico que se había marcado antes de cruzar universos -crear lazos afectivos- pero lo que nunca había llegado a elucubrar era observar con sus propios ojos el intento de suicidio de aquel blanco fácil al que debía abatir. El rol adoptado de verdugo quedó caduco en cuestión de segundos pues no había gato ni ratón. Ni justicia de por medio.