sábado, 31 de mayo de 2014

La escena de la semana (XIV)


Sin spoilers | Si el otro día hablé tan fervientemente de Xavier Dolan fue por el sonado éxito de 'Mommy' (id, 2014) en Cannes y el visionado personal de 'Tom à la Ferme' (id, 2013). Opté por omitir dicha información para no saturar el texto con un sin fin de títulos. 'Tom à la Ferme' no se disfraza de videoclip-hípster-marca Lady Gaga- sino que propone de forma honesta un thriller cuyo propósito es hacer pasar un mal rato al espectador en el sofá. El misterio late en cada minuto del metraje; en cada respiro, mirada y palabra de sus personajes. Esta vez Dolan no se salva de la quema pues la irregularidad del film es patente. Quien sí se disfraza es el propio Dolan, cuya irrisoria mutación se acerca al joker de Heath Ledger de 'The Dark Knight' (Christopher Nolan, 2008). ¿Adivináis la orientación sexual del protagonista? Ajá. Lo mejor es, por supuesto, la macabra tensión sexual no resuelta entre Tom y su ex-cuñado Francis y cómo la granja parece ejercer una especie de embrujo en todos sus personajes. Como el hotel de 'El resplandor' (Stanley Kubrick, 1980), ¡vaya! Contar con un final tan ambiguo y anti-climático no juega a su favor. Considero desacertado que Francis -el supuesto villano de la función- muestre sus verdaderas intenciones desde el minuto uno mientras que Agathe, la madre, vire poco a poco de una madre coraje en luto hacia una figura maternal tirana. Incluso Tom alterna el papel de víctima con el de verdugo. Sorpresón que salga Evelyne Brochu (la científica bollera de 'Orphan Black'); su aparición en escena propicia el mejor tramo y caldea aún más si cabe el ambiente. El discurso y el fondo de la película son apabullantes pero la forma impide todo tipo de notoriedad. Quizás un mayor derrame de sangre hubiera dotado de oxígeno al clímax y al conflicto para así no abusar de una omnipresente violencia verbal. La escena en cuestión muestra a la perfección el patrón por el que se rige el director canadiense.

Relatos cortos (XVIII)

La primera vez que entré en su casa yo tenía dieciséis años. Él, quince. Además de un perro y una gata, encontré a su abuela en el sofá del salón viendo la televisión. No recuerdo su rostro pues la vergüenza me empujó a cerrar los párpados y soltar un automático y tímido «Hola» que ni siquiera recibió réplica. Estaba en la casa del hijo de mi profesor de latín. Si había alguien más entre aquellas cuatro paredes, Jonás se encargó de no revelármelo. Por aquella época, amistades y vida estudiantil eran el centro de nuestras conversaciones triviales por lo que yo desconocía por completo su situación familiar y por extensión su árbol genealógico más próximo. Pasaron tres años para volver a aquella casa. Su padre ya no era mi profesor de latín y el instituto había dado paso a la universidad. Por aquel entonces ya habíamos tenido suficientes conversaciones para comprender por qué eramos así y por qué queríamos huir de las casas que nos habían visto crecer. Lo que yo desconocía era el profundo impacto que iba a suponer conocer por primera vez a uno de sus tres hermanos. Al menor de ellos sí le conocía pues estudiaba un curso superior al nuestro a pesar de haber nacido en 1992 y nos habíamos cruzado incontables veces por los pasillos del instituto. Pero del mediano tan sólo había oído por boca de Jonás y en un principio no logré entender el odio de su tono cada vez que le mencionaba. No hizo falta mucho tiempo para que él me confesara la condición de ex-drogadicto de aquel hermano. Poco a poco las piezas fueron encajando; la sobre-protección de sus padres hacia él no sólo se debía a ser el último sucesor de la estirpe sino también al miedo de que él cayera en la adicción. Comprendí el comportamiento tan benevolente de su padre con sus alumnos y por qué hacía todo lo que estuviera en sus manos para concederles el aprobado. Su devoción paterno-filial ya no era motivo de mi desconcierto. Aquella noche de verano Jonás me invitó a cenar a su casa; sus padres se habían marchado a Barcelona. Pensé que iba a ser una velada de dos pero por sorpresa mía y enfado de él, un tercer comensal se unió a nosotros: su hermano, el mediano. De nuevo no logré entender su cabreo. Él sabía lo que iba a suceder: descubriría por mí mismo su punto más débil, su extensión del cuerpo que más repudiaba. La magnitud del problema de su hermano era mucho mayor de la que imaginé: era un niño de treinta años que tenía prohibido las bebidas energéticas. Por aquel entonces mi situación personal era un tanto delicada por temas de salud y encontré en aquel desconocido una vía de escape. Jonás quedó excluido de una conversación de "tú a tú" entre dos hombres con un doloroso pasado a sus espaldas que compartieron experiencias e ideas. Eramos dos seres humanos con sed de suicidio. Aquel diálogo fue tan exhaustivo a nivel emocional que acabé llorando en la acera del exterior de la casa. Fue entonces cuando Jonás comprendió el motivo de mi ausencia durante un año, se desquitó de reproches y rencores innecesarios y compartimos lágrimas hasta el frío de la madrugada. El perdón apareció tal rocío blanco. Pero se hizo la primera luz del día siguiente y amanecí en mi cama con la peor resaca posible: la emocional. El sonido del aspirador me prohibió de escuchar mi propio sollozo. Aún así, si había algo más estridente e imperturbable que aquel ruido era el de mi mente.

domingo, 25 de mayo de 2014

El histrionismo como bandera

Sin spoilers | Xavier Dolan, como cineasta, no es santo de mi devoción. Creo que quedó patente mi postura en la entrada que dediqué a 'J'ai tué ma mère' y 'Les amours imaginaires'. Su homólogo español podría ser Pedro Almodóvar. Ambos poseen una peligrosa legión de masas homosexuales que remueven tierra, mar y aire para expresar su fanatismo y ganar adeptos en el camino. Mi postura un tanto vacilante en cuanto a su cine no excluye que algunos de sus títulos me hayan requete-encantado. Casualmente los títulos que más me han gustado han sido aquellos dedicados a la figura maternal: 'J'ai tué ma mère' (Xavier Dolan, 2009) y 'Todo sobre mi madre' (Pedro Almodóvar, 1999). Mientras que la de Dolan es una visión negativa e hiperrealista de la relación maternofilial y la muerte metafórica de la madre, la de Almodovar es un canto a la maternidad y la muerte real del hijo. Otros títulos como 'Les amours imaginaires' (2010) y 'La mala eduación' (2004) comparten la misma mala baba y juegan con el espectador hasta el último minuto. Son excelentes a la hora de tergiversar el cuento de hadas.

'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (id, 1988) es un clásico en el mejor término de la palabra. 'Tacones Lejanos' (id, 1991) es igual de histriónica que sus tres protagonistas: Marisa Paredes, Victoria Abril y Miguel Bosé. Sí, Miguel Bosé hace de mujer. 'La flor de mi secreto' (id, 1995) convierte a Marisa Paredes en alguien achuchable pero Juan Echanove e Imanol Arias no pegan ni con cola como intereses amorosos. Rossy de Palma y Chus Lampreave salvan la función protagonizando los momentos más cómicos y la oda al pueblo como refugio es un perfecto relato de la España más profunda pero real. Dos confesiones: me lo pasé teta con 'Los amantes pasajeros' (id, 2013) y dejé a medias 'Hable con ella' (id, 2002) por culpa del "momento cueva" del amante menguante. Discúlpenme por mi vaginafobia.

Dejemos a un lado desvaríos y delirios y hablemos de otro homosexual del cine patrio: Ramón Salazar. Porque Ramón es marica, ¿no? Recientemente ha visitado el programa de La 2 'Alaska & Coronas' y ha salido en la revista 'Shangay' para promocionar su última película '1000 noches en ninguna parte' (id, 2013). ¡Indicios hay! No hay hobby -¿o lobby?- más divertido y sodomita que teorizar sin escarnio sobre la orientación sexual de famosos y desconocidos. No he visto aún su última obra pero sí su ópera prima: 'Piedras' (id, 2002), un pastiche por momentos del cine de Julio Medem y Pedro Almodóvar ya no sólo por la aparición de actores como Najwa Nimri, Antonia San Juan o Lola Dueñas sino una serie de elementos identificativos como la temática -la casualidad- , los forzados diálogos y los excéntricos personajes femeninos. Nada que objetar, que conste. Su tónica general es una irregularidad en trama, ritmo y personajes que brillan por momentos pero no simultáneamente. Tras la primera hora en la que el espectador aún no posee toda la información, las piezas poco a poco son colocadas y personajes e historias se entrelazan más allá del mero azar. Porque la mayor baza de la película es la interacción entre las féminas protagonistas. Ay, Lisboa...

viernes, 23 de mayo de 2014

Moderno Prometeo

Sin spoilers | Jugar a ser Dios es un recurso jugoso pero muy explotado del género de la ciencia ficción ya sea en su vertiente literaria, televisiva o cinematográfica. 'Frankestein' -la novela de Mary Shelley publicada en 1918- probablemente sea el ejemplo que todos tengamos en la cabeza. Series de televisión como 'Lost', 'Fringe' o 'Battlestar Galactica' han manejado con mayor o menor atino esta patata caliente: explorar temas como la moral científica, la creación y destrucción de vida y la audacia de la humanidad en su relación con Dios. La iniciativa DHARMA, Massive Dynamics y los Cylons son un claro ejemplo de ello. A día de hoy se encuentran en plena emisión dos series canadienses de ciencia ficción que encajan a la perfección en el perfil de las anteriores en cuanto a la disección del moderno Prometeo: 'Continuum' y 'Orphan Black'. En todas ellas es patente la enorme influencia de la mitología griega (e incluso egipcia).

Empecemos con la que menor ruido mediático ha generado en la blogosfera y las redes sociales: 'Continuum',la cual se encuentra en plena forma siendo éste ya su tercer año. Con 31 episodios a sus espaldas (*), la obra de Simon Barry comienza siendo un policíaco con tintes de ciencia ficción para poco a poco deshacerse de su lado más procedimental y apostar por una trama serializada. ¿Sufre de Fringe-itis? Quizás pero los diez episodios de su primera temporada sirven como perfecto prólogo para lo que está por venir: el advenimiento de algo (muy) grande. Quien haya visto 'Fringe', encontrará infinitud de similitudes entre ambas tanto en el tímido desarrollo de la trama serializada, la presentación de los "casos-de-la-semana" y el dibujo lento pero efectivo de sus personajes. En mi caso la semejanza ha sido una alegría y una virtud. 'Continuum' no sólo brilla con luz propia al tejer una extensa mitología propia sino que además dota de una escala de grises a protagonistas y secundarios (**) y de un trasfondo socio-político al escenario que la convierten en una muy inteligente distopía próxima al holocausto humano de 'Battestar Galactica'. ¿La premisa? Su protagonista Keira Cameron se ve involucrada por accidente en un viaje temporal de 2077 a 2012. Hasta ahí puedo leer.

(*) El próximo 25 de mayo se emitirá el noveno episodio de la tercera temporada.
(**)La dualidad moral de los personajes propicia un juego de alianzas por la lucha de sus intereses; a veces individuales y otras, colectivos. 

Con mayor difusión y expectación -desmerecidas en mi opinión-, 'Orphan Black' revolucionó la primavera de 2013 con una premisa prometedora (high-concept): el descubrimiento por una joven de que tiene clones. A diferencia de 'Continuum', 'Orphan Black' apuesta por la serialización desde el minuto uno y se distancia de la ciencia ficción en pos del thriller y la acción. Un ritmo endiablado, unos personajes estrambóticos y un juego constante de identidades son sus mejores bazas. Tatiana Maslany es la reina del show.

Ambas series tienen sus propios modernos Prometeos pero recae en el espectador descubrir su identidad. Otros personajes mitológicos como Zeus, Leda o Pandora también hacen acto de presencia.

jueves, 22 de mayo de 2014

Crónica de una muerte anunciada

Sin spoilers | El sarcasmo en el título: 'Hermosa Juventud' (Jaime Rosales, 2014). Pasé el día de ayer reflexionando a cerca de la necesidad de escribir sobre una película tan pegada al presente. Cuando se dice que la realidad supera a la ficción, obras como ésta cobran una mayor dimensión. El golpe sobre la mesa que da es de un estruendo tan real que duele en las propias carnes. Me recordó a 'La Herida' (Fernando Franco, 2013) en cuanto a la ausencia de una estructura narrativa predeterminada y el alejamiento subjetivo del director. Visionar este tipo de películas es un premeditado ejercicio de remover conciencias y entrañas. Lo que Rosales se dedica a hacer durante más de hora y media de metraje es diseccionar un cadáver: la juventud española del siglo XXI. Huele mal. Muy mal. Pero alguien tiene que encargarse de descubrir qué o quién ha matado a dicho sujeto.

Ingrid García -una mezcla entre Aura Garrido y Esmeralda Moya- y Carlos Rodríguez dan vida a Natalia y Carlos respectivamente, una muy joven pareja sin estudios ni trabajo que debe torear la crisis económica y una situación familiar delicada en un distrito obrero de la capital. Ni-nis que perfectamente podríamos ser nosotros mismos. O nuestros vecinos, amigos, primos o ex-compañeros de instituto. La escena que más me conmovió posiblemente pase desapercibida para el resto de los espectadores pero observar a Dolores -la madre de Natalia- planchar la ropa en el salón y regañar a su hijo adolescente de quince años por no ordenar su habitación y lavar los platos es un espejo de las mujeres de mi familia. La conmoción se intercala con el enfado pues muchas de las situaciones y escenas reflejan a mi yo adolescente que no quería estudiar y se iba de botellón. 'Hermosa Juventud' muestra la nula capacidad de sacrifico de los jóvenes de hoy en día, inducidos bajo la falsa creencia de que facilidad y rapidez van dadas de la mano. La queja como única vía de escape a una realidad y una sociedad que corrompen es su desacertada filosofía de vida. Después de la queja, emerge la huida física como caballo ganador. Y se huye. Y se pierde. Tan sólo hay que ver el final del film para comprobar y corroborar la ausencia de estructura narrativa clásica y el discurso inexorable que emerge a través de las vivencias de los personajes.

Ingrid García, Carlos Rodríguez e Inma Nieto se comen la pantalla de tal manera que la traspasan. Si hubiera escrito la crítica ayer, hubiera masacrado hasta al apuntador pero como le confesé al propio Jaime Rosales, necesitaba procesar la película. Hoy reafirmo las ideas de ayer pero bajo el prisma de que 'Hermosa Juventud' es un peliculón y cumple con creces en su vertiente social. ¿Calidad? A rebosar. ¿Necesaria? Sí. ¿Complaciente? En absoluto. ¿Entretenida? No. Puede que junto a 'Stockholm' (Rodrigo Sorogoyen, 2013) y 'Los Ilusos' (Jonás Trueba, 2013), formen un tríptico sobre una generación más bien perdida.

martes, 20 de mayo de 2014

El león y la jirafa

Mi padre quería ver 'Supervivientes' en Telecinco, yo 'Melancholia' (Lars Von Trier', 2014) en La 2. Imagino que mi señora madre hubiera dudado entre Jorge Javier Vázquez o Miguel Ángel Silvestre y su 'Velvet' en Antena 3. Pero, por suerte, quien suele atesorar el mando del televisor estaba roncando ya en el séptimo sueño. A mi señor padre no le importó ver una película de un danés un poco majareta. El conflicto no tardó en emerger pues la configuré en versión original con subtítulos. Abandonó el cuartito de estar refunfuñando un ofensivo «Tú lo que quieres es que me vaya». Pues buenas noches y buena suerte.

Spoilers de 'Mad Men' | En el sexto episodio de la séptima temporada de 'Mad Men', Peggy Olson se pregunta si aún existe la familia tradicional, esa que prefiere sentarse a la mesa a la hora de cenar entre miradas y risas que ver la televisión. Don Draper no recuerda haberlo hecho con Betty y sus hijos. Normal que el protagonista no lo recuerde pues esa estampa idílica familiar no solía ser propia de aquella casa de los suburbios de Nueva York; Don siempre encontraba a su mujer -refunfuñada y fumando- en el sofá y a Sally y Bobby en la alfombra viendo la televisión. Se supone que aquellos niños debían estar ya en la cama. Como duele verse reflejado en una serie que se encarga de retratar el presente a través del pasado. Después de todo, los seres humanos no hemos cambiado/evolucionado tanto como creemos/vendemos. Peggy también se encarga de recordarnos su affaire con Pete Campbell y posterior embarazo no deseado a través de su "¿Y qué cojones sé yo de ser madre?". Querida, nada, porque diste en adopción a aquel retoño por miedo a las represalias de tu familia religiosa en pos de un prometedor futuro profesional que en 1969 te da más disgustos que alegrías. Lo más tétrico es contemplar la imagen de Don, Pete y Peggy en un Burger Chef; ¡vaya tres patas pa' un banco! Sería comprensible que Peggy se imaginara a Pete y el hijo de ambos en un Burger Chef comiendo hamburguesas. Duele, ¿eh? Todo lo contrario sucede con el otro personaje femenino por excelencia, la cada vez más moderna y feminista Joan Harris -¿o Holloway?- que se pasa el día haciendo malabares entre su vida familiar y laboral y luchando contra un falocentrismo propio de la época. Ni se casó con Roger Sterling ni lo hará con Bob Benson por razones opuestas: el primero es el padre de su hijo -que a diferencia de Peggy si se quedó- y el segundo es homosexual. "I want love" le espeta a un Bob que opta por ser realista. El discurso de la pelirroja me hizo recordar un diálogo entre Oliver y Hal, padre e hijo en 'Beginners' (Mike Mills, 2010): 

- Digamos que desde que eras pequeño, siempre quisiste tener un león, ¿verdad? Y esperas, y esperas, y el león no aparece. Pero entonces aparece una jirafa. Puedes quedarte solo o puedes irte con la jirafa.
- Esperaré al león.

Don echa de menos 1955 y Peggy, 1965. Ambos prefieren instalarse en la comodidad de la nostalgia que adaptarse a los nuevos tiempos. Su baile al son de 'My Way' de Frank Sinatra lo ejemplifica porque 'Mad Men' es eso: la melancolía, el exceso de bilis negra.

sábado, 17 de mayo de 2014

Relatos cortos (XVII)

«Cuanto más te quejes en vida, más malvas criarás estando muerto». Su condición de católico y alérgico a las malvas convirtió aquella frase anecdótica en una advertencia -o más bien, amenaza- que cambió totalmente el transcurso de su vida. Su madre se había encargado de forma exhaustiva de inculcarle la pulcritud del catolicismo desde su infancia por lo que aquel niño creció sin miedo a la muerte pues creía en la existencia de vida después de la misma. Sin embargo el paso de los años, la experiencia y la casualidad le condujeron -no simultáneamente- hacia tres verdades: aquella mujer no era su madre biológica, no existía vida después de la muerte y ni siquiera era alérgico a las malvas. Las dos últimas certezas vinieron dadas por su condición de cadáver. «¿Qué tipo de vida póstuma es vivir encerrado en un ataúd a dos metros bajo tierra junto a larvas y malvas?».

martes, 6 de mayo de 2014

Relatos cortos (XVI)

-Si pudieras elegir un súperpoder, ¿cuál elegirías?
-Matar con la mirada. ¿Y tú?
-Asesinar a golpe de olvido.

Sobraban las palabras. Faltaba aire fresco en aquella habitación congestionada por la secreción de sudor y semen tras el polvo más agresivo de sus vidas. Ni rastro de sangre. Se respiraba sexo mezclado con rencor. No hizo falta ningún cuchillo para cortar la tensión pues las palabras ya se habían hecho cargo de ello. El silencio y la confusión se hicieron con el control de la situación pero la histeria no tardó en llamar a la puerta. De repente, olía a muerte. Uno se había quedado ciego. El otro, sin recuerdos.

domingo, 4 de mayo de 2014

Relatos cortos (XV)

Aquella mujer tan sólo compartía nombre, apellidos y árbol genealógico con mi madre. Eran polos opuestos. ¿Cómo era posible que sus vidas fueran tan distintas siendo la misma persona? Por norma general, las vidas de los seres humanos procedentes de distintos universos no solían diferir; todo lo contrario pues, a grandes rasgos, habían pasado por las mismas experiencias que diferían en pequeños detalles. Sin embargo, aquella mujer irradiaba felicidad y belleza por todos y cada uno de los poros de una piel mucho menos arrugada y un cuerpo más delgado. No padecía de una compulsiva obsesión por la limpieza del hogar o el almacenamiento de alimentos en una despensa a rebosar de productos caducados. Tampoco dedicaba sus tardes enteras a ver televisión-basura. ¿Qué había ocurrido en el transcurso de su vida para que aquella mujer no hubiera acabada sentada en un sofá lamentando su desdicha e injuriando continuas calumnias contra los miembros de su familia? Pronto descubrí el quid de la cuestión: los padres de ella continuaban vivos. Mi abuelo murió cuando yo tan sólo tenía seis años; mi abuela hizo lo propio un día antes de mi décimo cumpleaños. Su no fallecimiento había evitado una depresión con la que mi madre sí se dio de bruces. Aquella depresión mal tratada derivó en un desdoblamiento de personalidad y trastocó el transcurso de su vida. Y de la del resto de personas que cohabitaban a su alrededor.

Me gustaba la otra versión de mi madre. Pero no era mi madre. Era la de otro yo.

sábado, 3 de mayo de 2014

La escena de la semana (XXIII)


Sin spoilers | ¿Algún fan de 'Fringe' en la sala? ¿La echas de menos? ¿No has encontrado una nueva serie que llene su vacío? Puede que aún no haya en emisión una digna sucesora suya en materia de ciencia ficción pero 'Continuum' tiene potencial para convertirse en ella. Creada por Simon Barry para la cadena de televisión canadiense Showcase, lleva ya tres temporadas (*) a sus espaldas sin haber hecho mucho ruido desde su estreno en la parrilla veraniega de 2012. Viajes en el tiempo, una distopía en un próximo 2077, terrorismo, dilemas morales y una protagonista femenina de armas tomar son los elementos más llamativos de una serie que cabalga entre la ciencia ficción y el procedimental policíaco. Keira Cameron, su protagonista, no es rubia ni pronuncia el ya mítico "FBI Agent Dunham!" de Olivia pero ambas comparten un mismo conflicto -la traición- que las lleva a crearse una coraza y simular frialdad. 'Fringe' tiene un arte en crear cold-openings que 'Continuum' aún no ha conseguido pero el vídeo correspondiente es un ejemplo de la similitud entre las dos series.

(*) La tercera se encuentra en plena emisión.

viernes, 2 de mayo de 2014

Relatos cortos (XIV)

Nunca llegó a imaginar que sería ella quien acabara escribiendo un manifiesto en contra de la tiranía maternal, éste se convirtiese en best-seller y dedicara sus últimos años de lucidez mental y estabilidad física a su promoción y a la causa del filicidio. Tras la muerte de su hijo de 19 años, se vio aislada en una soledad que su marido e hija no tardaron en esquivar. En un instante, comprendió la repetida advertencia de su ya desaparecido retoño: «¡Morirás sola!»Nunca había tenido miedo a la muerte -incluso había coqueteado con ella en alguna que otra ocasión- sin embargo tras la desaparición de él, tomó plena consciencia de la valía de continuar viva. Los médicos fueron incapaces de determinar la causa del fallecimiento pero ella escondía un secreto que a su vez silenciaba una verdad: ella lo mató. Los cómplices fueron sus manías, sus órdenes y sus discusiones. Dar a luz a un niño no significaba taparle los rayos de Sol, prohibir una luz que le guiaría en una progresiva huida del vientre materno. Dicho éxodo a veces se vería precipitado por esa variable imprevista llamada "vida". No obstante ella empleó sus fuerzas en levantar una caverna donde el desconocimiento y la ceguera imperasen para así frenar la inevitable marcha de su hijo. Confundió guiar con gobernar, incondicionalidad con totalitarismo.

Murió sola. Y mal acompañada.

El gran reto

Sin spoilers | Uno de los aspectos más interesantes del paso del tiempo y las temporadas de 'Mad Men' es contemplar el proceso madurativo de Sally Draper, la hijísima y progenitora de Don; le toca crecer a base de golpes. Como también le toca a Claire Fisher -de 'Six Feet Under'- desde el momento en que su padre muere atropellado en el primer episodio de la serie. Sophie, April y Jesse -de 'In Treatment'- lo hacen con la ayuda de Paul Weston. Estos son ejemplos de la televisión pero ¿qué películas han conseguido reflejar con mayor o menor acierto el paso de la adolescencia a la edad adulta? 'Short Term 12' (Destin Creton, 2013) y 'The Spectacular Now' (James Ponsoldt, 2013) son una clara demostración. Como curiosidad, en ambas participa Brie Larson, quien dio vida durante tres temporadas a Kate en 'United States of Tara'. Y a la princesa Valhalla Hawkwind, como para olvidarlo. He aquí un artículo que escribió Hernán Casciari  allá por 2010 sobre ella tildándola como "la lolita de Showtime". Já, me parto y me mondo con este señor.

En 'Short Term 12', Brie Larson da vida a Grace, una veinteañera que debe hacer frente a sus propios demonios personales -procedentes de la adolescencia e infancia- mientras trabaja como supervisora en un centro de acogida de adolescentes. El manido dicho "consejos vendo pero para mí no tengo" le viene como anillo al dedo. Comparte protagonismo con John Gallagher Jr; el insoportable Jim Harper de 'The Newsroom', aquí está para comérselo con unos kilitos de más. Lo más sorprendente de la película es el desarrollo tan orgánico y natural de los conflictos; no se ven las costuras por ningún lado.

En 'The Spectacular Now', Brie Larson da vida a Cassidy, ese primer amor de la adolescencia que uno nunca olvidará durante el resto de su vida. Es un personaje secundario y cae un poquito mal porque por ahí está Aimee (Shailene Woodley) intentando ganarse el corazoncito de Sutter (Miles Teller). El punto fuerte de la película son ellos dos; Kyle Chandler haciendo de mal padre alcohólico es algo previsible y Jennifer Jason Leigh haciendo de madre devota, infumable. El planteamiento y desenlace son buenos pero el nudo no es tan satisfactorio como uno esperaría. Sutter, al igual que Grace de 'Short Term 12', debe hacer frente a sus propios demonios personales. A ésta si se le ven las costuras a la hora de crear un clímax dramático.

Pero no sólo es Brie Larson el punto de conexión entre ambas películas, sino también su discurso y filosofía reflejados perfectamente en una frase de Sutter: "The best thing about now, is that there's another one tomorrow".  Está claro que 'Short Term 12' es mucho más redonda y satisfactoria que 'The Spectacular Now' pero las dos meten el dedo en esa llaga llamada "madurar".