Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

lunes, 29 de septiembre de 2014

Fistro pecador de la pradera

Veo el programa catorce de 'Viajando con Chester' (Cuatro) en diferido -se emitió durante la noche de ayer domingo- para ver qué han hecho dos personajes tan solventes televisivamente como el ya-diablo-y-viejo Risto Mejide y un pupilo como Pablo Iglesias que no pierde saliva en pronunciar la <r> de reforma y la <s> de fiscal a lo Chiquito de la Calzada. El primero pertenece al marketing, el segundo a la política; dos mundos muchas veces perpendiculares. Soy más de 'Salvados' (LaSexta) y ayer fui de 'El Objetivo' (LaSexta) gracias a la entrevista-discurso-panfleto político de Artur Mas i Gavarró, ese señor cuya tez facial parece más propia de la Isabel Preysler del papel couche. Políticamente soy un cero a la izquierda, intento nunca deliberar opiniones fugaces a cerca del mapa político pues, hablando mal y pronto, no tengo ni puñetera idea. Confieso que voté por inercia a Izquierda Unida las pasadas elecciones al Parlamento europeo de 2014. Quizás es que me pone cachondo imaginar a Alberto Garzón como presidente de la Tercera República de España. A quién no me imagino yo es a Juan Carlos Monedero como vicepresidente pero una duda de mayor existencialismo me reconcome: ¿por qué se ha proliferado tanto la figura del hombre heterosexual amanerado? Claro, que luego viene Pedro el guapo Sánchez, y se nos caen las bragas ante tanta virilidad. A Jorge Javier Vázquez se le cayó la baba gracias a esa llama telefónica entre ambos en 'Sálvame' (Telecinco). Prefería a Eduardo Madina como cabeza de turco del PSOE, pa' que mentirnos. Para finiquitar ésto de mezclar churrar con merinas, debería hablar sobre algo más malo que la quina: 'How to get away with murder', la nueva producción de Shonda Rhimes, esa señora que reporta mucho dinerito al canal estadounidense ABC escribiendo y produciendo culebrones de dudosa calidad como 'Anatomía de Grey' o 'Scandal'. En el New York Times prefieren tirar de adjetivos calificativos enfrascados en estereotipos y llamarla "mujer negra enfadada" y aún así no puedo estar más de acuerdo con la autora de dichas palabras, Alessandra Stanley. Viola Davis es la protagonista de este drama (?) legal (?) que sufre de pilotitis de urgencia. ¿Ella? Ni fú ni fá pues tan sólo la he visto ejercer su oficio como secundaria durante el segundo año de  'United States of Tara' (Showtime) y tampoco es que tuviera mucho entre manos para lucirse. De agnosticismo político a agnosticismo seriéfilo y tiro porque me lleva la corriente. 

Apuntes fuera de lugar:

  • 'Please Like Me', esa rara avis australiana de la televisión de autor se marcó la pasada semana un muy singular bottle episode que justifica loablemente la decisión creativa que atañe al personaje de Ginger.
  • 'Hermanos' continúa su andadura en Telecinco y con su segundo episodio acabó de convencerme para continuar con ella. Marta Calvó como jefa de un periódico no lo esperaba. ¿Esconderá algo el personaje de Aura Garrido? Esperemos que sí porque siempre lo hacen sus papeles. Ah, confirmado que la periodista Virginia le queda como un guante a María Valverde.
  • 'Sleepy Hollow' ha vuelto, tras siete meses, igual que se fue y aún no sé muy bien como tomármelo.
  • El próximo cinco de octubre vuelve 'Homeland' y he aquí un servidor con esperanza de que retome un vuelo que descendió en su segundo año. Soy de los que disfrutó con su tercera temporada a pesar de lo perezosos -aún más si cabe- que se volvieron sus guionistas; dividir los doce episodios en tres actos mostró más de lo debido en cuanto a costuras.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Ochéntame Otra Vez

Sin spoilers | Recurriendo a programas de TVE para titular posts. Soy la monda lironda. ¿Continúo? Ya que en nuestro afán de comparar odiosamente -o comparar y odiar, como ustedes prefieran- mezclamos churras con merinas o el mercado televisivo estadounidense con el español, hoy toca volver al pasado de la mano de dos productos diametralmente opuestos: 'Halt and Cath Fire' y 'Hermanos'. AMC y Telecinco. ¿Y quién es quién? La primera, a pesar de su envoltorio sobre la revolución tecnológica, es una soap-opera a partir de su segundo episodio que mola mogollón. Eh, que su piloto es tan hermético que hasta parecía 'Rubicon', la hermana fea pero más lista de 'Homeland'. El aventurarse a la predicción sobre la nueva 'Rubicon' ha sucedido al vaticinar cuál será la nueva 'Twin Peaks'. Mentiría al afirmar que la construcción de un software y un ordenador portátil son meros McGuffins en 'HaCF' pero si hay algo más interesante que dicho proceso -cuyos momentos más álgidos son los traspiés-  son su trío cuartero protagonista, especialmente las féminas Donna y Cameron. Ellas y la orientación sexual de Joe MacMillan son las grandes revelaciones. Por su parte, Gordon Clark se lleva la palma de personaje más odioso de la televisión. Una temporada de notable cuya recta final de sobresaliente derrapa en su episodio de clausura: muy, muy descafeinado.
'Hermanos' no va sobre la revolución tecnológica sino sobre otra: la sexual. O eso es lo que uno intuye viendo el percal de su carta de presentación. O por la canción de 'La Casa Azul' que se usa en esa escena de la piscina; sí, ese amago de trío entre dos hermanos de sangre y la vecinita de toda la vida. Todo muy Xavier Dolan. Miniserie de seis episodios cuyos personajes y arcos argumentales evolucionarán durante dos décadas. Lo que más me perturba de la serie -y expulsa del relato por momentos- es la banda sonora a cargo de Victor Reyes, compositor también de la de 'Motivos Personales'. 'Hermanos' es ambiciosa y no rechaza ser algo más que un drama. A veces parece un trhiller, lo cual noquea pero es tal el clímax que se construye durante los últimos minutos del piloto que uno acaba convencido de ver el siguiente capítulo sin querer ver avance ninguno. Probablemente la miniserie continúe pecando de intensa y afligida pero quizás ésta sea su marca de identidad dentro de un panorama televisivo cada vez más esmerado en marcar la diferencia.

Pero sí hay algo que 'Halt and Catch Fire' gana por goleada a 'Hermanos' y a la mayoría de las series novatas -dentro y fuera de nuestras fronteras- es su metódica y ejemplar construcción de los personajes.

martes, 16 de septiembre de 2014

Al punto de sal

'Please Like Me' parecía volver dubitativa tras un hiato de más de un año y medio pero los hasta ahora seis episodios emitidos no sólo han mantenido la frescura, novedad y originalidad de la propuesta sino que sus pretensiones como dramedia de 20 minutos parecen evolucionar hacia algo más comprometido tanto con el espectador como con el mundo ficticio creado y protagonizado por Josh Thomas. El hiato creativo -por llamarlo de alguna manera- entre la primera y la segunda temporada también ha servido como excusa para avanzar en el tiempo y retocar personajes secundarios y escenarios. Todo ha cambiado en este muy particular happy place gay excepto el propio Josh -el ficticio-, quien a pesar de reducir su protagonismo, continúa siendo un ni-ni egocéntrico bocazas incapaz de dar un paso hacia adelante sin dar dos hacia atrás. Cierto es que lo que menos importa del relato son su edad o formación universitaria (*) pues lo más concerniente respecto a su evolución como personaje es su status social-amoroso-sexual. La primera temporada, además de presentarnos a Geoffrey como un falso galán, sirvió para que protagonista y personajes satélites aceptaran su homosexualidad con tal naturalidad que resultó de lo más cercano a la realidad. Sin dramones ni tabúes. Para muestra un botón:


Pero 'Please Like Me' no sólo habla de penes y amores adolescentes pues parte del metraje es dedicado a temas tan peliagudos como el matrimonio en segundas nupcias, la enfermedad mental y la muerte. | From here to the end, spoilers | El divorcio de los padres de Josh y la muerte de aunty Pegy hicieron más patente la bipolaridad de Rose. Este segundo año, la serie ha optado por ser muchas series a la vez y lo más insólito del asunto es que el engranaje funciona a la perfección: las desaventuras de Rose en el psiquiátrico, la pequeña nueva familia que ha formado Alan junto a su excéntrica esposa china y la heterogénea pandilla de colegas formada por Josh, Tom, Patrick y Claire con las apariciones esporádicas de las patéticas pero hilarantes Niamh y Jenny, los ligues de un cada vez más sexy Tom. Geoffrey volvió sin pelazo e igual de indeciso pero tras el polvo de despedida y consolación -su padre acababa de fallecer- con Josh, desapareció de la ecuación para dar carta blanca a Patrick y Arnold como intereses amorosos del protagonista. El único pero es que han recurrido de nuevo a la muerte de un personaje -esta vez, Ginger- para dotar de mayor dramatismo a la recta final de la temporada. Su suicidio no es gratuito sino totalmente coherente al background de su personaje y entorno pero deja un regusto amargo al haber sucedido esquemáticamente igual a la muerte de aunty Pegy. Quedan aún cuatro episodios por emitir (**) pero no hay nada que temer pues ya hay una tercera temporada confirmada. Gracias a Ambiente G por hacerme descubrirla en su momento.

(*) Como contraste, en 'Girls' son factores fundamentales para la caracterización de Hannah Horvath.
(**) Los domingos en Australia a través de ABC2 y los lunes en Estados Unidos a través de PivotTV.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Absentismo

Fotograma del piloto de 'The Leftovers'
Quedan dos semanas para que vuelva el otoño y casi cuatro semanas para volver a los pasillos de la facultad y he aquí un servidor devanándose los sesos acerca de su futuro más inmediato en cuanto a la continuidad del este -mi- blog y un trabajo temporal veraniego que parece querer sobrevivir al calor. Soy feliz escribiendo, ya sea ficción o sobre ficción, pero trabajando en una cadena de supermercados cuarenta horas a la semana, a pesar de mermar considerablemente mi vida social y el número de aficiones, es lo que probablemente me ayude a subsistir económicamente en un futuro (éste si más lejano que el otro). Aún no me he marchado de la blogosfera pero quienes si lo han hecho por una temporada han sido 'Rectify' y 'The Leftovers', dos series de televisión que precisamente saben muy bien lo que es el absentismo. Y se les da de maravilla mostrarlo. 'Rectify' habla de un sin fin de ausencias pero la más longeva es la de su protagonista, Daniel Holden, cuyos diecinueve años en prisión bajo condena perpetua ha minado las vidas de sus más allegados. Su salida al exterior no priva a éste de continuar siendo una persona ausente y abstracta en sus pensamientos; intentando buscarle significado a los sueños de la noche anterior. Pero [¡spoilers!] además de la "desaparición" de uno de los testigos del asesinato de Hannah, Daniel se ve entre la espada y en la pared ante el destierro legal que la fiscalía del estado de Georgia le ofrece a cambio de la confesión de asesinato y violación. [¡spoilers!]  ¿Y 'The leftovers'-madre-del-amor-hermoso-virgen-Santa? Tras ubicar al espectador tres años después de la desaparición del 2% de la población mundial, su sprint final ha incluido un flashback de una hora que da la vuelta a la tortilla y magnifica los acontecimientos post-14O para luego mostrarnos un verdadero terreno apocalíptico ocasionado por la secta Guilty Remnant. ¿Y ahora qué? ¿Paz y después gloria? No estoy muy seguro de cuál será la dirección que la serie tome en su segunda temporada pero ahí estaré, con miedo al estremecimiento, para comprobar por qué es una de las mejores obras de ficción del 2014.

Un servidor se ausentará durante un tiempo indefinido tal mochilero Joe McMillan en 'Halt and Catch Fire', abandonado su furgoneta en una gasolinera y adentrándose en la naturaleza en busca de un fantasma al que creyó cadáver.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Relatos cortos (XXVII)

Agosto de calor, septiembre de tormenta; en octubre llegaría lo peor. Siempre maldije ser consciente del maniqueo eterno retorno de Frierich pero cada año se repetía la jugada una y otra vez. Aquel trimestre que cruzaba desde el ocaso del verano hasta el alba del otoño era como cruzar la laguna Estigia desde el mundo de los vivos hasta el de los muertos-no-muertos. La plenitud de la incertidumbre me aplastaba con tal pesadez que me hacía perder casi la respiración. Y la conciencia. Y entonces me encontraba a mí mismo en pleno noviembre, mojado. Sin saber muy bien el cómo y el porqué de mi supervivencia otro año más. Pero ahí estaba: desafiando las reglas del juego. Preparado para saborear las mieles del invierno; si es que acaso existían.