Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

viernes, 24 de abril de 2015

Relatos Cortos (XX)

Y hoy, un mes más tarde, logro perdonarte. Vale: "perdonarte". Soy el narrador en primera persona, ¿lo recuerdas? Hago y deshago la historia a mi antojo. Toda historia de amor tradicional tiene dos versiones. No puedo contar la tuya pero sí la mía. Tu familia me odiará. Mi familia ni siquiera recordará tu nombre; quizás mi señor padre recuerde tu número de pie. Lo adivinó cuando, por sorpresa y sin premeditación, llegó antes de lo esperado a casa contigo y conmigo en la bañera con el agua hasta los hombros. Hablando sin necesidad de tener sexo. Nuestra historia -nuestro guión- no requería sexo salvaje. Nunca lo tendríamos. Mi señor padre vio aquellos zapatos de vestir, tan horrorosos, pero tan cómodos para tu número 40ymuchos. Siento no recordar el número exacto de pie, la memoria falla. El corazón también, lo has/hemos comprobado en tus/mis/nuestras propias carnes. ¿Y quién es víctima y quién es verdugo? ¿Quién decide su rol? ¿Nosotros mismos? ¿Nuestros más allegados? ¿El tiempo? Espera, contesto: yo soy el verdugo. Para ti. Para tu madre. Para la mía. Para aquellos amigos ("amigos") que me tachan de bipolar por romper nuestra relación. "Relación". Por romper todas y cada una de las relaciones que me ofrecieron una vida en pareja. Amor había. Agallas no. A excepción de aquel límpido hijodeputa que me rompió el corazón en el momento más delicado de mi corta existencia. ¿Qué prefieres que escriba?, ¿que yo te rompí el corazón? Lo hago. Lo reconozco. Lo hice. Necesitaba desaparecer. Necesitabas desaparecer. Necesito construir un futuro. Necesitas construir tu futuro. En Londres, en Berlín o en Madrid. Pero sin mí. Sin depender de la existencia de un límpido hijodeputa como yo. Te quise. Te dejé de querer. Te volví a querer más que nunca. Y volví a dejarte de querer. ¿Y ahora? Mentiría al decir que no profeso cariño hacia ti. Pero no el suficiente como para retomar el contacto por tercera vez. El daño está hecho. La cicatriz también. Mi versión acaba aquí. No tuvimos todo el tiempo del mundo que dedicarnos. Fallé (en mi predicción). ¿Recuerdas aquel tango? Siempre te quejaste de que nunca te volví a besar como la primera vez. Tan apasionadamente como si no hubiera mañana. Y es que, querido, no lo había:
Le besó su párpado derecho. La palabra, como mero trámite de arbitraje, brilló por su ausencia pues no hizo falta ninguna. Aquel tango corporal entre los labios del emisor y el párpado derecho del receptor fue mensaje y canal simultáneamente. Fue un canto sin letra a la imperfección. Al compás de una despedida atemporal, su futuro en común se expandía en el horizonte pues aquellos dos recién estrenados amantes tenían todo el tiempo del mundo que dedicarse.