Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



sábado, 4 de abril de 2015

Relatos cortos (XXVIII)

No importaba cuantos hombres hubieran pasado o fueran a pasar por su lecho, aquel sexo desposeído de cualquier tipo de sentimiento afectivo no difuminaría dicho recuerdo. Uno que mejor no remover, pues como la mierda, cuanto más se movía, más olía. La experiencia le había enseñado que la mejor forma de vivir con el pasado no era evitarlo, tampoco cambiarlo, sino aceptarlo y convivir con él lo mas armoniosamente posible. Tras dos años de idas y venidas online que no condujeron a ningún encuentro físico, ambos ex-amantes finalmente se rencontrarían en la misma vía donde se despidieron bajo el firme deseo, que no promesa, de volverse a ver sólo si el destino lo dictase. No fue así pues ambos continuaron buscándose. ¿El problema? El eterno: cuando uno le buscaba, el otro no dejaba encontrarse, y viceversa. Sus intereses; ya fueran de índole amorosa, sexual o desconocida y no compartida por el sujeto en cuestión, no volvieron a coincidir. Como dos líneas paralelas que fueron perpendiculares años luz atrás. ¿Cuánto habría que esperar para un hito de tal magnitud? Cuanto más tiempo pasaba, menos probabilidades de unirles en el mismo escenario, en los mismos espacio y tiempo, el mismo deseo: contemplarse vivir mutuamente. Aquel encuentro, exento de casualidad alguna, dejó la herida más abierta aún. Una que nunca cicatrizaría pero en sus manos estaba no agravar el corte. Había dos caminos pero libres de medias tintas: la eternidad. En equipo. O en solitario. Era hora de apostar por el caballo ganador.