Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

domingo, 7 de junio de 2015

Relatos Cortos (XXI)

Me contaron que habías muerto hacía una semana; ya había pensando en ti el día anterior a la noticia cuando llegué a la calle de tu vivienda -y la mía, al otro lado de la acera-. No hizo falta preguntar para que me contaran qué había ocurrido, mi madre incluso presenció la salida del cuerpo ya inerte. Me contaron que mi hermana escuchó su tan típico sollozo melodramático sin lágrima alguna y la encontró asomada al balcón con la mirada fija en el des(en)tierro. La última vez que miré a tus ventanas -elucubrando la escena, el drama- dos semanas antes, noté que en la calle había un mayor número de coches de lo normal. Eran familiares y amistades que iban a despedirse de ti por última vez (con vida). Me llamó la tentación de pulsar el timbre e ir escaleras arriba tras la pertinente invitación -"Hombre, Óscar, pasa por favor"-. ¿Pero quién era/soy yo para interrumpir en la vigilia del despedido? Un mero vecino al que muchas veces ni siquiera reparabas en saludar. Me contaron que mis padres fueron a tu velatorio -desconozco si al entierro- y que incluso mi señor padre lloró. Nunca tuvieron una estrecha relación como vosotros; tú, tu marido, tus tres hijos. Me pregunto qué será de ellos; cómo, en plena adolescencia, un hombre logrará sacarlos adelante con el insoportable peso de tu fantasma a sus espaldas. Sospecho -llámame monstruo- que querrían que tu agonía cesara y así todos descansar -en espacios y tiempos distintos- de un cáncer vivido a cuatro. Pero, sospecho también, que ahora estarán arrepintiéndose cada segundo de aquel comprensible deseo de cierre. No era morbo lo que acarició el impulso de despedirte y darle el pésame a tu familia; era lo que nos había unido hacía unos años atrás, ¿recuerdas? Yo siempre lo haré. Aquella noche no hubo luna llena, la de tu muerte tampoco. Y ahora intento visualizar la última vez que te vi y fallo, y vuelvo a fallar. Pero lo que más rabia me da es que ésto no sea ficción.

Bon voyage.