lunes, 24 de agosto de 2015

Relatos cortos (XXII)

El futuro, frustrante a la par que gratificante sensación no tangible. Marchó la última navidad a tierras anglosajonas con billete de ida pero no de vuelta, posponiendo un futuro en el que debía tomar drásticas decisiones. La ansiedad le oprimía; le susurraba que se despidiese de la vida. El hecho de que su abuelo paterno -con el que había convivido durante seis meses recientemente- casi muriera, le empujó a tomar la decisión más visceral de su existencia: coger un avión y reencontrarse en el frío del invierno con un amor frustrado de verano. En el presente, ocho meses más tarde y de nuevo en la casa que le vio enfermar, recuerda con tal nitidez el porqué de aquella huida durante unas fechas que empujan a compartir tiempo y espacio con los más allegados, que no mejor queridos. Decidió pasar sus vigésimas Nochebuena y Nochevieja con un chico inglés del que se agarró tal clavo ardiendo. Era su ángel de la guarda. Aquella estancia en una aldea limítrofe a Cambridge sirvió para desempañar el futuro. Un futuro en el que aquel ángel de la guarda fue delegado de sus funciones y traicionado por un amor que buscaba caminar hacia adelante en la soledad. Pero sabía que el día llegaría. 

El día en que le echaría de menos y no habría remedio para ello. El pasado volvería de la manera menos prevista y más lacerante.