lunes, 27 de julio de 2015

La escena (semana 27 julio - 2 agosto)


Sin spoilers | Me topo por casualidad con la noticia de que Jeff Nichols (director y guionista de las Take Shelter y Mud) prepara Loving, un biopic sobre Mildred y Richard Loving, cuyo matrimonio interracial propició que la Corte Suprema de Estados Unidos invalidara la prohibición del mismo en 1967. Joel Edgerton y Ruth Negga protagonizarán dicha película cuyo grabación comenzará en septiembre en Virginia y se estrenará en 2016. Antes, en otoño de este mismo año, llegará lo último de Nichols: Midnight Special, con Kirsten Dunst, Adam Driver (Girls), Michael Shannon (*) y el mismo Edgerton. A tenor por su premisa, parece que el cineasta regresa a la "ciencia ficción" de Take Shelter [quien la haya visto, sabrá el porqué de mi entrecomillado]. Lo más llamativo del nacimiento de este proyecto basado en hechos reales es que una de sus productoras es Nancy Buirski (**), quien ya en 2012 dirigió y co-escribió The Loving Story, un documental emitido por HBO que gira precisamente entorno al caso Loving vs Virginia. No es de extrañar que ante el fervor y el buen resultado del género biopic [The Imitation Game y The Theory of Everything son el ejemplo más reciente] hecho a medida para temporada de premios, se haya apostado por una historia  desafortunadamente poco conocida pero clave en cuanto a derechos civiles pues entronca fácilmente con las cuestiones raciales e incluso LGTB del momento. ¿La fórmula? Factor amoroso + factor histórico + factor socio-político-legal. En 2013 Nancy Buirski estrenaría Afternoon of a Faun: Tanaquil Le Clercq, documental sobre la bailarina francesa cuya diagnosis de polio truncó su carrera profesional. No es la primera vez que un documental resulta ser la inspiración para una película (***); un caso reciente es el de The Walk (Robert Zemechis, 2015), basada en las memorias escritas por Philippe Petit (Joseph Gordon-Levitt), un funambulista francés que en 1974 caminó sobre un cable el espacio que separaba las Torres Gemelas de Nueva York. Nada nuevo bajo el Sol si no fuera porque en 2008 se estrenó el documental Man on Wire (dirección y guión a cargo de James Marsh), un repaso a las hazañas del funambulista y a la preparación de dicho hito ilegal. Ganó ni más ni menos que el Oscar a Mejor Documental. Más sorprendente es el hecho de que, siendo un documental, ganara el BAFTA a mejor película británica. La banda sonora corre a cargo del sospechoso habitual Michael Nyman. Marsh volvería a probar las mieles del éxito con otro documental: Proyect Nim (id, 2011). Ah, ¿adivináis de qué película es también director? The Theory of Everything (id, 2014). Otro ejemplo es el de Andrew Jarecki, cuyo documental de seis partes The Jinx (id, 2015) nació a raíz de su ópera prima de ficción (****)  All Good Things (id, 2010). Sin embargo el proyecto que mas similitudes comparte con Loving es Freeheld (Peter Sollet, 2015), basada en la historia real de una pareja de lesbianas que lucharon para que a una de ellas se le concediera una pensión después de que a la otra le fuera diagnosticada una enfermedad terminal. Jualianne Moore y Ellen Paige son las protagonistas y Ron Nyswaner el guionista, encargado también del libreto de Philadephia (Jonathan Demme, 1993). Drama + basado en hechos reales + homosexualidad + enfermedad. Freeheld está basada en un cortometraje documental del mismo nombre estrenado en 2007.

(*) Su actor fetiche pues hasta el momento ha participado en todos los proyectos del cineasta inclusive su ópera prima Shotgun Stories (id, 2007).
(**) También lo es Colin Firth. No es la primera vez que participa en el género documental como productor. Resulta curioso que dichos documentales tengan un patrón similar: carácter social y reivindicación de los derechos civiles.
(***) Barriendo para casa, una de las inspiraciones de La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014) fue el documental Después de... (Cecilia y José Juan Bartolomé, 1981).
(****) En 2003 dirigió y escribió Capturing the Friedmans, nominado al Oscar a Mejor Documental.

domingo, 26 de julio de 2015

Seis puntos sobre Ricardo

Guilherme Lobo y Fabio Audi son Ricardo y Gabriel en 'A primera vista' (Daniel Ribeiro, 2014)
Con todas mis ganas y todo mi hype fui el pasado miércoles a los Cines Renoir de Madrid para ver Inside Out. Sesión de las ocho de la tarde. Miércoles a.k.a. día del espectador. Verano. Calor. Iluso de mí creer que vería la película sin dificultad alguna. Entradas agotadas. Si hubiera ido acompañado, hubiera optado por esperar a la sesión de las diez de la noche -cuyas entradas también se agotaron al poco tiempo de yo llegar- pero ya que había hecho el viaje, decidí escoger una de las películas que menos tiempo me dejarían en la calle esperando: A primera vista. No el telefilm ESE de 1999 protagonizado por Mira Sorvino -ay, Poderosa Afrodita- y Val Kilmer. Me refiero a Hoje eu quero voltar sozinho (Daniel Ribeiro, 2014) cuya traducción más literal sería Hoy quiero volver solo. En inglés: The Way He Looks. Cierto es que la traducción española, lejos de resultar un ejercicio chapucero e inútil, condensa a la perfección las dos líneas de su premisa: un adolescente ciego que se enamora por primera vez... de un compañero de clase. Vaya por delante que no soy de los apocalípticos creyentes en la idea de que todo se ha contado en el cine. No, señores, Ahí está, por ejemplo, la vasca 80 egunean (José Mari Goenaga, Jon Garaño, 2010) también enmarcada en el género LGTB sobre un romance entre dos mujeres ya entradas en la tercera edad. Cierto es que el título original -Hoje eu quero voltar sozinho- es mucho más fidedigno pues la película brasileña no sólo va sobre el "romance" entre los dos adolescentes sino también el deseo de independencia de un protagonista, acostumbrado a la sobreprotección de sus progenitores, su abuela y su mejor amiga a causa de su minusvalía. Traigo a colación la tercera temporada de My Mad Fat Diary -que, sinceramente, podrían habérsela ahorrado- pues encuentro un discurso similar en ambas. Durante la misma, su protagonista -con tendencias suicidas- es encarada por una psicóloga al explicarle que la adolescente está preparada para dejar terapia pues los problemas a los que se está enfrentando y enfrentará son los de cualquier hijo de vecino: un corazón roto, un futuro universitario dubitativo. En A primera vista -la de 2014, leñe, no la de 1999-  hay una conversación entre padre e hijo en el que el progenitor le insta a no irse a la otra punta del continente americano para dejar de discutir con él y su madre pues es algo por lo que todos los adolescentes pasan. Sean ciegos o no. A primera vista es buena pero no sólo por lo que es sino también por lo que no es: un dramón al estilo Bajo la misma estrella (Josh Boone, 2014). Arriesga en temática -adolescente ciego gay: ¡boom!- y especialmente en un tono optimista que nunca descarrila hacia el vacío melodramático. No arriesga en la forma, todo sea dicho, aunque consigue su propósito: que el espectador desee un desenlace satisfactorio tras las inevitables idas y venidas y malos entendidos propios del drama romántico. Lo más rompedor es evitar clichés y tabúes sobre la ceguera y la homosexualidad y transmitir al espectador la sensación de normalidad. Un ejemplo con  spoiler : El protagonista no sale del armario ante su mejor amiga confesando entre lágrimas "¡Soy homosexual!" sino en el momento en el que le revela que cree haberse enamorado de su nuevo amigo en común. Otro ejemplo: el hostigamiento de los compañeros heterosexuales hacia los dos más-que-amigos se resuelve de forma simple pero efectiva: agarrándose la mano. El corte de mangas avivó el fuego. Y ellos se mueren de vergüenza pues la broma ha tornado ser realidad y ya no mola hacer chascarrillos. Fin de spoilers. Las pocas escenas de alto contenido sexual (no, no hay macarrones+polvo a La Vie d'Adèle) son arrebatadoras y juegan muy bien la baza narrativa de la ceguera: la sudadera, la ducha. La película, por cierto, nació como una extensión del cortometraje del mismo nombre. La banda sonora de la película está compuesta casi exclusivamente por música clásica, la favorita de su protagonista, aunque cuenta con algún que otro título indie como Start A War de The National o There's Too Much Love de Belle & Sebastian. No falta otro clasicazo:  Modern Love de David Bowie, canción que pone punto y final a una historia que hará las delicias a aquellos que busquen soñar despiertos durante hora y media y salir del cine con una tímida sonrisa. Ésta no es la única cinta brasileña actualmente en cartelera pues desde el 26 de junio también puede verse en nuestro país Una segunda madre/Que Horas Ela Volta? (Anna Muylaert, 2015). El verano no es sólo carne de blockbuster.

miércoles, 22 de julio de 2015

La escena (semana 20-26 julio)


Los vídeos sólo pueden verse desde el portal de Youtube | En 10.000 noches en ninguna parte (Ramón Salazar, 2013) Susi Sánchez -nominada a los Premios Goya 2013 como Mejor Actriz Secundaria por dicho papel-  interpreta a una madre un tanto hostigadora y problemática a la hora de ejercer como tal. De ahí que su hijo (Andrés Gertrúdix) escape de la realidad y "viaje" a París y Berlín. Viendo la película, me vinieron a la mente otras madres, la mía y Olive Kitteridge (Frances McDormand, la sheriff rural de Fargo de los Coen), protagonista de la miniserie de HBO del mismo nombre. Otros premios, los Emmy, se han acordado de ella (*) a pesar de que sus cuatro episodios se emitieran durante dos noches de noviembre de 2014, otorgándole seis nominaciones; Richard Jenkins (el eterno patriarca de los Fisher de A dos metros bajo tierra), la propia McDormand, Bill Murray (que se pasea sin despeinarse como secundario de lujo durante los últimos compases de la historia) y la nueva musa indie Zoe Kazan (Ruby Sparks, What If) en el apartado actoral. En el apartado técnico, las nominadas son dos mujeres: Lisa Chodolenko (The Kids Are All Right) en dirección y Jane Anderson en guión como encargada de materializar en televisión la novela homónima de Elizabeth Strout, la cual fue galardonada en 2009 con el Premio Pulitzer. Por ahí pulula como secundaria también Ann Dowd, la cual hizo triplete en HBO el pasado 2014 participando en The Leftovers y True Detective. Uno de los aspectos que más me maravilla de Olive Kitteridge es la banda sonora de Carter Burwell, quien por lo visto, la compuso con la ayuda de la mismísima Frances -en funciones de productora- tras haber coincidido anteriormente en proyectos cinematográficos como Blood simple y Fargo, ambas de los hermanos Coen [Frances está casada con Joel]. Burwell ya había trabajado también con Lisa Chodolenko en The Kids Are All Right y para HBO ya había compuesto la banda sonora de la miniserie Mildred Pierce (protagonizada por Kate Winslet y dirigida por Todd Haynes, cuya Carol revolucionó la última edición de Cannes) y del piloto de Enlightened. Olive es un personaje complejo y duro no sólo con los de su alrededor sino consigo misma. A medida que la historia avanza, uno se da cuenta poco a poco de que su impermeabilidad crece para proteger su vulnerabilidad y reserva su compasión para aquellos igual de rotos y vulnerables que ella. Éste es quizás el mayor escollo de Olive Kitteridge, su protagonista no sólo aparta al resto de personajes sino también al propio espectador; es por ello que la banda sonora resulta imprescindible a la hora de hacer más accesible y comprensible un personaje tan impenetrable. Martha Wainwright forma también parte de la banda sonora aunque de una manera más presencial/física.


(*) Se han olvidado de The Leftovers, cuya primera temporada fue emitida en periodo estival hace un año y su segunda no llegará hasta septiembre. Cierto es que polarizó a la crítica de televisión pero, ¿quién pone en duda la sobresaliente calidad interpretativa de su reparto? Incluso en guión podría haber rascado una nominación con el 1x03, el 1x06 o el 1x09.

martes, 7 de julio de 2015

Mujeres y hombres

"Ah look at all the lonely people..." - Eleanor Rigby [The Beatles] 
Llevo semanas con el apetito de escribir unas líneas sobre The Disappearance of Eleanor Rigby (Ned Benson, 2013). Su estreno comercial en cines españoles no concibió proyectar el metraje original [ni siquiera algún pase exclusivo como sí ocurrió en Estados Unidos], es decir, la versión Him (Él) y la versión Her (Ella), sino la versión amputada: Them. De ahí la tibieza en cuanto a crítica y recepción en otoño de 2014 pues Them había sido despedazada bajo el mismo patrón de las mil y una películas de corte pseudo-romántico procedentes de Hollywood. Sin embargo, la crítica si se había mostrado entusiasmada un año antes en el Festival de Cine Internacional de Toronto ante un largometraje que contaba la historia de un matrimonio truncado por la fatalidad [spoiler: la muerte del primogénito] pero en dos partes, desde la perspectiva de cada uno de ellos. Me vienen a la mente 500 days of summer (Marc Webb, 2009), Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010) y Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010); la primera deja claro en sus primeros compases que su historia no es de amor ["This is a story of boy meets girl, but you should know upfront, this is not a love story"], la segunda ["and then what?"] se atreve a hablar de la pérdida de un hijo en el matrimonio y la tercera alterna el pasado y el presente de un matrimonio mal avenido tras un prometedor flechazoThe Disappearance of Eleanor Rigby: Him & Her tiene un poquito de éstas pero marca la diferencia al recurrir al Efecto Rashomon, término que ha conocido la popularidad gracias a la serie de televisión estadounidense The Affair y cuyo origen procede de la película japonesa Rashômon (Akira Kurosawa, 1950). No hace falta decir que en la versión Them -maquetada tras la compra de las originales por The Weinstein Company- no hay ni rastro de dicho juego narrativo. Him & Her se desarrollan durante el mismo periodo pero son narradas desde las diferentes perspectivas de Conor Ludlow (James McAvoy) y Eleanor Rigby (Jessica Chastain), una pareja de recién casados residentes en Nueva Tork que deberán hacer frente a un dramático revés de su nueva vida en común. Mientras Him se centra en la relación desde el punto de vista de Conor y por ende en su círculo familiar, amistoso y laboral, Her hace lo propio desde el de Eleanor y sus más allegados. Desde la experiencia del visionado, cabe decir que me guié por la recomendación de ver primero Him y después Her; mientras la primera no me pareció nada del otro mundo, sí resulta vital para que la segunda cale hondo en el espectador y así éste logre juntar las piezas del puzzle. Excelente. Sin Him, no hay HerLo mejor de la historia no es sólo ella, sino ellas: Eleanor, su madre (Isabelle Huppert), su hermana (Jess Weixler, la Robyn de The Good Wife) y su profesora de universidad: una Viola Davis espléndida, natural y lejos de la histriónica Annalise Keating de How to get away with murder. Es en la interacción entre estas mujeres, cuando la película gana enteros. También, obviamente, cuando Conor y Eleanor se ponen a jugar al gato y al ratón sin que una de las partes sea consciente. Cuando él la busca, ella no se deja encontrar, y viceversa.  Es en las escenas en común, donde precisamente el Efecto Rashomon hace acto de presencia al presentar mínimas divergencias que no afectan al relato  pero sí definen las personalidades de sus dos protagonistas. 




Más mujeres: las de Cloud of Sils Maria (Olivier Assayas, 2014), actualmente en cartelera en nuestro país. Leo que bebe de All about Eve (Joseph L. Mankie wicz, 1950]. Juliette Binoche [¿es o no es la doble de Rachel Griffiths?] da vida a Maria Enders, una actriz de renombre que tras protagonizar algún que otro blockbuster hollywoodiense, se ve en la tesitura de participar de nuevo en la obra de teatro que la encumbró a la fama veinte años antes; si por aquel entonces interpretó a una Sigrid de 20 años, ahora deberá meterse en la piel de una Helena de 40 (*). Kristen Stewart es su asistente personal mientras que Chloë Grace Moretz es la actriz [¿una especie de Lyndsay Lohan?] elegida para dar vida a Sigrid. Resulta difícil acotar Clouds of Sils Maria al contener tantas capas y subtextos pero su gran mérito no sólo es que esté protagonizada por tres féminas sino que aprueba el Test de Bechdel. ¿Lo más divertido? Su lado más meta y autoreferencial al hablar del cine, del teatro, de la fama y del envejecimiento. Las tres actrices parecen reírse de sí mismas. Por cierto, ¿escama que una película sobre mujeres esté dirigida por un hombre?

(*) Sí, es un drama lésbico. Resulta paradójico que por momentos resulte más interesante la historia entre Sigrid y Helena que el espectador no "presencia". Aún así, la delgada línea que separa ficción y realidad parece acabar un tanto difuminada.

lunes, 6 de julio de 2015

La escena (semana 6-12 julio)

Para no gustarme Xavier Dolan, ya le he dedicado tres posts al niño mimado del cine canadiense-francés. Con éste, cuatro. Primero para hablar desde el sarcasmo, la mala baba y el orgullo de no reconocer la maestría del polifacético quebecois, sobre J'ai tue ma mére (id, 2009) y Les amours imaginaires (id, 2010). Después para compararle con nuestros Pedro Almodóvar y Ramón Salazar y más tarde para despotricar sobre Tom à la ferme (id, 2013), su -en mi opinión- único traspiés creativo tras haber visto las cinco películas que conforman una filmografía productiva teniendo en cuenta que su artífice tiene tan sólo veintiséis años. Laurence Anyways (id, 2012) y Mommy (id, 2015) han despojado toda duda personal sobre su maestría. Díscolo, intenso, e inspirado; así es [el cine de] Xavier Dolan. ¿Lo próximo? It's Only The End of the World para 2016 con Marion Cotillard y Lea Seydoux y The Death and Life of John F. Donovan para 2017 con repartazo -Jessica Chastain, Susan Sarandon y Kathy Bates- y producción estadounidenses. Como esta sección aparece y desaparece caprichosamente tal río Guadiana, haré trampa y en vez de seleccionar una escena, elegiré dos. Ambas musicales.


Spoilers ahead | La primera es de Laurence Anyways, con A new error de Moderat, grupo de música berlinés que nació en 2002. Si apelásemos al reduccionismo, la película trataría sobre un hombre transexual que desea ser una mujer. Sí pero no. Laurence Anyways no sólo cuenta el muy progresivo cambio de género de Laurence Aliá (Melvid Poupad) en las décadas de los ochenta y noventa sino la de Fred Belair, la novia del protagonista cuando éste aún es hombre y no le ha confesado un secreto poco acorde con dichos tiempos. Cuando lo hace, ésta decide apoyarle hasta el límite de sopesar su propio cambio de género a hombre. En este caso Xavier Dolan nos cuenta una historia de amor en mayúsculas a lo largo de varias décadas que traspasa el paso del tiempo y de género. Es precisamente la actriz que interpreta a Fred, Suzanne Clément, quién también marca la diferencia en Mommy como vecina de la madre e el hijo protagonistas de la cinta. La relación materno-filial es una de sus tónicas temáticas. Si a nivel técnico, Laurence Anyways ya supone un quebradero de cabeza [y vista] para algún que otro espectador al estar grabada en 4/3, Mommy lo está en 1.1 [Instagram style] pero, y e aquí la magia, durante la película la pantalla se ensancha varias veces hasta el cinematográfico 16/9 junto a temas musicales. Está el manido Wonderwall de Oasis pero considero más efectivo y atrevido el falso flashforward durante los últimos compases del largometraje con Experience de Ludovico Einaudi, compositor y pianista italiano activo desde los ochenta hasta la actualidad, como acompañamiento. Lejos de resultar inútil a la trama y sufrir de "videoclipitis dolanera", estos minutos de "What if?" resultan vitales tanto para lo que se nos ha contado como para lo que queda por contar; un remate final al son de Born to die de Lana del Rey. Si en J'ai tue ma mére  y Les amours imaginaires, hay un desequilibrio entre las escenas musicales y alguna que otra parece un mero acto de exhibicionismo técnico, en Laurence Anyways y Mommy, especialmente en esta última, existe una mayor armonía. Quizás lo que más chirríe del salto a Hollywood del director/guionista/actor es precisamente el ataque -o más bien, "burla"- a Estados Unidos en sus películas.