Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

domingo, 3 de abril de 2016

Relatos Cortos (XXV)


Tres otoños, tres inviernos, dos primaveras y dos veranos llovieron desde nuestra apresurada despedida al desembocar la Calle Prim en el Paseo de Recoletos un noctívago domingo de octubre. En aquella ocasión fuimos a ver El largo viaje del día hacia la noche en el Teatro Marquina. Cambiamos nuestro cine por tu teatro. El café El Espejo albergó nuestro tercer ama(r)go de acercamiento pocas semanas antes. ¿Recuerdas en tu casa contemplándonos abrazados y desnudos frente a otro espejo aquel fin de semana de noviembre de 2012? Tras un año y un café en El Espejo, visitamos a Joaquín Sorolla en la Fundación Mapfre con la infanta Elena de imprevista maestra de ceremonias. Compré un marco de fotos con forma de televisor que ninguna instantánea cobijó y un reloj de pared cuyo compás no me permitía pegar ojo. «Francis Bacon murió en Madrid donde tenía un amante» pronunciaste diez estaciones más tarde frente a su Lying Figure (Figura Tumbada) de 1962. Bacon murió tres décadas más tarde en la Clínica Ruber de Madrid rodeado de monjas. «Dos años después de nacer yo y dos antes que tú», puntualizaste tras comentar que mi hermana había nacido en el noventa y dos. Ahora sábado primaveral. Cambiamos la alevosía de la tarde-noche por la inocencia de la mañana-sobremesa. Prometiste pasar sólo media hora en el Reina Sofía tras desayunar en una terraza frente a aquel edificio diseñado -según me relatabas mientras descendíamos sus escaleras camino al Guernica- para ser un hospital. Aquellos treinta minutos mudaron en horas. Lo siento: perdí tu Annie Hall. Rompí nuestras entradas de cine. Te devolví tus fotos de carnet y aquella hoja de calendario de tu cocina fechada a 12 de noviembre de 2012 envueltas en una Cinemanía frente al escenario del Teatro Marquina. Ni siquiera recuerdas que hiciste con aquellos recuerdos: «Posiblemente los tirase a la basura». Que gracia la nuestra: siempre soy yo el que te localiza en nuestros reencuentros. El primero durante un junio de 2012 en Príncipe Pío, tú sentado en aquel coche que pocos meses después te traería quebraderos de cabeza; el segundo durante un septiembre de 2013, tú de vuelta de Inglaterra, sentado sobre el escalón de una caseta de El Retiro; el tercero durante un octubre de 2014 en El Espejo; y el cuarto, el último, el de ayer, durante un abril de 2016 en Atocha frente al Monumento en homenaje a las víctimas del 11-M. Ambos creímos lo mismo: nos daríamos plantón. Hubiera sido un plato frío por mi parte pero la nostalgia siempre aprieta. Francis Bacon murió en Madrid porque su amante era español. Cuarenta años menor que él. Pienso en el abismo con el que mis diecisiete observaban tus veintiuno.