Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



domingo, 10 de julio de 2016

Relatos Cortos (XXVII)


Siempre se había tragado la normatividad de las relaciones afectivas, concretamente las que atañían al amor y al sexo. «Poner los cuernos». Creyó durante la adolescencia y los albores de la post-adolescencia que la infidelidad hablaba de carne(s). Pero no. El mismo día que cumplió veintiún años, comprendió que el ser infiel no entendía de camas sino de algo tan abstracto como dedicar pensamientos o reservar un minúsculo hueco en el corazón a otro verdugo. Un mes más tarde -tras un aparatoso accidente de coche sin víctimas en el que él no se vio involucrado físicamente- rompió una fidelidad no sexual sino sentimental al reencontrarse con un fantasma del pasado más reciente. Año y medio después, en pleno verano de El Retiro, tras la búsqueda de césped y sombra, vomitó aquella teoría bajo sospecha allá por donde había sido divulgada al principio de su elaboración como mera excusa (para dar rienda suelta a su promiscuidad). No lo era. Encontró la refutación en un ser lunar procedente del otro lado del Atlántico, más cercano a los cuarenta que a los treinta. Su nombre compuesto delataba su status de semidios aborigen al estar formado por aquel que le descubrió el amor y aquel que le robó la virginidad (término que siempre masculló con incomodidad): J.M. Dicha creación de Platón había encontrado ya su otra mitad cinco años atrás pero aquellos besos bajo el pulmón de Madrid no tenían forma de miura sino que gritaban soledad a los calurosos cuatro vientos.

Nunca más volvió a saber de después de aquel julio-agosto de 2012...

«Maldito narrador manipulador, ¡sí supe! Intercambiamos algún que otro correo electrónico por septiembre de ese año. Me habló de las series que había visto e incluso comentamos el episodio de The Newsroom dedicado a la muerte de Saddam Hussein. Me recomendaba insaciablemente 30 Rock. Pero claro... yo ya estaba entretenido con un casi treintañero por aquel entonces»

...se le quedó en la retina aquel gel de baño fabricado artesanalmente por una amiga del susodicho -con el que se enjabonaron mutuamente tras uno de los tantos polvos-  y que en un intento por saber de su ascendencia, descubrió que no tenía padres. Quizás los mató metafóricamente. Vio incluso aquel bodrio llamado Closer para conocerle mejor. marchó a Toulouse. A enseñar español. Tras licenciarse en Periodismo. El recién desvirgado se apropió como recuerdo de un cojín azul olor-a-porro que acabó en el sofá de su madre, recostada en él mientras veía Sálvame. El-olor-a-porro fue esfumándose. Recientemente lo tiró por petición propia del hijo. Se apropió también de unos altavoces que acabaron en el felpudo del piso alquilado de unas excompañeras de universidad a las que inundó el piso. Literalmente. Y huyó. Pero si hubo un regalo de mudanza que el ladrón (de-su-virginidad) le ofreció fue El hombre duplicado de José Saramago. Andaba leyendo por aquel entonces Ensayo sobre la ceguera. Tres años después descubriría por accidente la apasionante Todos los nombres.

----

Tan sólo podía pensar en Muchacha en la ventana de Dalí. Días después de visitar a Salvador en el Reina Sofía junto a M, se acercó a la Escuela Oficial de Idiomas donde había estudiado inglés durante cuatro años. Reparó en la pared del fondo de Secretaría: allí descansaba Anna Maria Dalí y Domènech.  Nunca se había fijado en ella. La última vez que respiró mar fue en las playas de Galicia el último febrero: «me apetece saborear la sal en agosto». ¿Barcelona? ¿Ferrol? ¿Brighton?