Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

viernes, 25 de noviembre de 2016

Bertín(homo)sapiens

El dicho «no hay mejor desprecio que no hacer aprecio» es un habitual enemigo íntimo del periodismo de opinión. ¿De qué tema escribiría servidor hoy sin el polvorín levantado por las declaraciones de nuestro mejor embajador de la masculinidad, Bertín Osborne? Provoca urticaria escribir sobre él más si cabe cuando un análisis de sus “nuevas” letras (daría para una colección de columnas, me aventuro) no será lo desmenuzado aquí sino sus palabras en 20 Minutos ante una fémina entrevistadora a la que, sin corte ni pereza, da por existente una envidia por parte de sus amigas a causa de, y cito textualmente, su «culito respingón». Anda de ruedo en ruedo –toreando tempestades y fabricando titulares- por platós de televisión y páginas de cultura y sociedad, pregonando a los cuatro vientos la defensa de una libertad de expresión mal entendida y vanagloriándose de una férrea resistencia a los nuevos tiempos. Salir en televisión en horaria de máxima audiencia, según este español muy español y hombre muy hombre, no conlleva todo tipo de análisis más si cabe cuando emerge la crítica que menos justicia le hace: su machismo olor a pachuli.  Mandar «a la mierda», como él hace cada vez que es vilipendiado por el mito del radicalismo feminista, es su manera de tumbar la corrección política imperante. Bertín, hacer chistes sobre mariquitas es saludable siempre y cuando no refleje el verdadero pensamiento del creador del chascarrillo y el público al que vaya dirigido sepa contextualizarlo. No hay mejor prescripción médica en esta vida que reírse de uno mismo. ¡Ah!, y «dos leches» para ser un tío normal como sabiamente prescribes.