Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

viernes, 2 de diciembre de 2016

Malibú piña por favor

Resulta sonrojante (por no decir insultante) que los medios de comunicación y el brazo beodo ejecutivo se hagan eco ahora de una lacra silenciosa y silenciada -un tabú más que añadir a la extensa lista de espera- como el descontrolado uso de alcohol por parte de nuestros adolescentes. Todo aquel que tenga pueblo (el de tu madre, el de tu primo, el de tu mejor amigo por aquel entonces...) sabe lo que es cogerse una buena cogorza a una edad en la que hace unas décadas, todavía se jugaba a las cartas o como mucho a verdad-atrevimiento-o-beso. ¿Quién no ha sufrido al amigo que te "jode" la noche por culpa de un cuasi coma etílico resuelto a golpe de vitaminas o lavado de estómago? ¿O al que tienes que acompañar en plena helada de madrugada para vomitar sin pudor alguno? Batallitas de adolescente que, sin embargo, demuestran tristemente que las borracheras no son exclusivas de la generación smartphone sino que vienen de muy atrás. Recuerdo, con 16 años, obstinarme en ir a la sesión light de Capital. ¡Qué sopor! Ni un grado de alcohol y para más inri enchufaron la final de la Champions entre el Intern de Milán y el Bayern de Munich en pantalla grande con reggaetón de fondo. Ganaron los italianos. Acabé cenando de McDonalds en el Cercanías de vuelta a casa. Un malibú piña me hubiera resuelto la tarde.