Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



viernes, 2 de diciembre de 2016

Sacudir conciencias

Ando a vueltas con el tan manoseado -informativamente hablando- boicot a La Reina de España de Fernando Trueba (reconozco ser un fanboy de su hijo Jonás). Ayer, mi señor padre, enganchado al whatsapp tal adolescente, me mostró un vídeo que le habían mandado sobre un hombre -muy orgulloso de su patria- despotricando sobre la supuesta interferencia entre el sentimiento no español de Trueba y el origen de financiación de su último largometraje. El susodicho en cuestión se enorgullecía de no pagar una entrada de cine para ver La Reina de España y que para más inri, se la descargaría por Internet. Les ahorro la insultante imitación gestual. Mientras escuchaba atónito sus palabras, un pensamiento un tanto elitista me invadió: «Éste no va al cine ni a ver la última de Torrente». Duele pensar cómo gran parte de la población española considera el séptimo arte como un mero pasaje de entretenimiento y evasión (que también lo es) cuando puede erigirse como una poderosa herramienta de sacudir conciencias y lavar los trapos sucios. Incluso los nuestros. Me viene a la cabeza La Llegada (Arrival), la última película dirigida por Denis Villeneuve. Sí, la sinopsis presenta la enésima "invasión" de los alienígenas a la Tierra pero el film, además de ser endiabladamente entretenido y alcanzar altas cuotas de emotividad lacrimógenas -sin llegar a la pornografía emocional-, hace replantearse al espectador que la comunicación es el mejor arma y especialmente quién es el malo de la función: el ser humano.