sábado, 20 de febrero de 2016

American Crime, el (hetero)patriarcado mata

Sin spoilers |¿Han leído o a escuchado algo sobre American Crime? Ardua tarea más allá del nicho twittero sediento de sufrimiento tras acabar The Leftovers. No confundan con American Crime Story, la recién desempolvada antología de Ryan Murphy del canal de televisión FX sobre el caso O.J. Simpson. El apellido Kardashian está metido en el ajo. La vida es un pañuelo. Aunque American Crime Story haya sido creada y escrita por Scott Alexander y Larry Karaszweski, el ruido mediático generado ha sido en parte por la firma de uno de sus productores ejecutivos: Ryan Muprhy. En el caso de American Crime, antología también, el aval de creación recae en John Ridley, guionista de la oscarizada 12 años de esclavitud. El señor tiene un proyecto televisivo para Marvel del que no suelta prenda y también un drama de detectives para ABC, cadena que precisamente emite American Crime, serie que en cuestión de audiencias no es rentable pero sí da caché. Es tal el prestigio que en una época en la que el cable suele ser la niña mimada de los premios, American Crime arrasó en la última edición de los Emmy. Como en su momento The Good Wife otorgó visibilidad creativa a CBS entre tanto procedimental, salvado las distancias.

Para ponernos en situación, la segunda temporada de American Crime es emitida los miércoles en el canal de televisión ABC -donde impera la soap opera y reina Shonda Rhimes los jueves- a las diez de la noche, ¿dónde si no con la temática que trata? Si ya de por sí sufre de censura (*), imagínense en otra franja horaria de mayor protección al espectador. Se supone que a las diez de la noche no hay niños viendo la televisión. Bueno, a esa hora casi nadie está viendo ABC. El pasado miércoles 18 de febrero el séptimo episodio de su segunda temporada fue visto tan sólo por tres millones de espectadores y ni siquiera llegó al 1 de rating. A esa misma hora, Code Black (CBS) fue vista por seis millones y Chicago PD (NBC) por siete. Al igual que en otras antologías nacidas a rebufo de American Horror Story, American Crime cambia de personajes, historias y escenario de una temporada a otra pero no de actores. Cuenta con un trío femenino de ases: una Felicity Huffman post-Mujeres desesperadas, una Regina King (**) aún más mitificada tras su recital interpretativo durante el segundo año de The Leftovers (HBO) y una Lily Taylor que últimamente estaba dando tumbos por televisión en proyectos como Almost Human de FOX y Hemlock Grove de Netflix. Posiblemente Lisa de Six Feet Under sea su personaje más odioso pero gracias a ella la serie alcanza cuotas de magnificencia. La pena es que King es más secundaria que protagonista pero cuando le toca chupar cámara, se luce. Hope Davis también se pasea con un papel secundario. Además de Huffman y Taylor, los otros dos verdaderos protagonistas de este segundo año son Connor Jessup y Joe Pollari, cuyos personajes son la mecha de la trama: adolescencia y homosexualidad.

(*) Aquí no hay beeps! como en Broad City al usar tacos sino fundidos a negros. Las escenas de sexo -gay- sugieren pero la serie aprovecha dicho escollo para hacerlas más contundentes.

(**) Picueto me quedo al descubrir que participó en cuatro episodios de la cuarta y mejor temporada de Shameless. Se llevó el Emmy a Mejor Actriz de Reparto por la primera temporada de American Crime. También participó en otro milagro de las network: Southland, primero en NBC y después en TNT. 

American Crime es carne de cable. Básico, pero cable. Los episodios duran poco más de cuarenta minutos pero podrían durar perfectamente cincuenta o sesenta. Aunque haya multitud de fundidos a negro pues la publicidad dicta, no se abusa de los mini cliffhangers tan típicos de las network para que el espectador no apague el televisor por mucho sueño que tenga. Hay que engancharlo y reengancharlo desde el minuto cero. En American Crime no. Tampoco hay leitmotivs, música instrumental o canciones, tan sólo durante la recapitulación y los minutos finales de cada episodio. ¡Y hay silencio durante los diálogos! Es más, hay escenas sin diálogos. Y elipsis temporales. A la cámara le interesa el rostro y el movimiento corporal de los personajes. En ocasiones, ni siquiera es mostrado el rostro de otro personaje irrelevante. Hay momentos de verdadera claustrofobia. Con ésto no quiero desmerecer otros productos de ABC como How to get away with murder, en las antípodas pero igual de disfrutable bajo otros estándares.

Ya no sólo la forma es arriesgada sino también el fondo. American Crime trata multitud de temas desde el racismo -protagonista de su primer volumen-, el acoso escolar, la adicción a las drogas y al alcohol, el uso de armas (**), la homofobia, las enfermedades mentales, el clasismo, la relación entre padres e hijos y un tema tan actual y candente en la sociedad estadounidense como las agresiones sexuales en los campus universitarios (*). Pero va más allá, la homosexualidad -masculina- es abordada desde unas lentes necesarias: la perspectiva de género. Masculinidad. Patriarcado. Plumofobia. American Crime está preguntando constantemente "¿Qué es ser un hombre?". Uno, por muy fan acérrimo, no debería escandalizarse o indignarse por que casi nadie vea esta serie. ¿A quién le gusta dedicar su tiempo de ocio a que un producto supuestamente de entretenimiento le muestre la cruda realidad y le escupa a la cara? Luego ni nos preguntamos por qué hay un mayor porcentaje de abandono escolar de chicos que de chicas. Los hombres también sufren un machismo que, en el peor de los casos, mata.

(*) El último Documentos TV emitió The Hunting Ground (Kirby Dick, 2014)
(**) Spoiler | Es imposible no pensar en la masacre de Columbine después de lo acaecido en el último episodio.

American Crime es una televisión excelente y sobre todo, necesaria, cualidad que a veces traiciona otro principio: entretenimiento. Evasión.