sábado, 24 de septiembre de 2016

Extraño amor


Sin spoilers | No me gustó Keep the lights on (Ira Sachs, 2012), aquí mi reseña allá por febrero de 2013. Intuyo el porqué. Los porqués. ¿El primero? En aquellos momentos -abandonar la universidad temporalmente, tener que cerrar una historia de ¿amor? que me hizo más mal que bien- necesitaba ficción light, comedias tontorronas o happy places como el que encontré en Antes del atardecer (Richard Linklater, 2004). Me reconfortó, sin embargo, la recta final de la primera temporada de la dolorosa serie de televisión In treatment; encontré una palmadita en la espalda por parte de una ficción que trataba algo nuevo en mi recién descubierta vida adulta: el sillón de un psicólogo. Keep the lights on no fue un buen menú: una descorazonadora historia de amor entre dos hombres. Más que entristecerme, me aburrió. Meses antes me atreví con Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) con opuesto resultado: me entristeció muchísimo.

¿El segundo porqué? La sombra de Weekend (Andrew Haigh, 2011), una película que, como las dos citadas anteriormente, aborda el romance entre dos hombres homosexuales y que no sólo encapsula a la perfección la fugacidad del mismo -un fin de semana-  sino que retrata con honestidad una generación y una minoría social. He aquí mi reticencia hacia el cine de Sachs cuando, sin embargo, tiene en su currículum dos laureadas obras cinematográficas. Sus dos últimas para más inri:  Love is Strange / El amor es extraño (id, 2014) y Little Men (id, 2016), traducida al español como Verano en Brooklyn (¡méh!)y cuyo estreno en nuestro país será el próximo 21 de octubre. Hace unos días me atreví con Love is Strange. No es usual que un largometraje esté protagonizado por dos hombres homosexuales y menos en la sesentena/setentena. Siempre tengo en mente el caso español de 80 egunean / En 80 días (José María Goenaga & Jon Garaño, 2010) con dos mujeres de avanzada edad y homosexuales. 

Pero Love is Strange no sólo habla de la relación sentimental de casi 40 años entre dos hombres -y las consecuencias de su boda tras la legalización del matrimonio homosexual- sino que abarca múltiples temas con la convivencia y el amor como epicentro: el de toda una vida, el de una unidad familiar, el adolescente. Nunca imaginé a John Lithgow y Alfred Molina tener tanta química en pantalla. Marisa Tomei es la roba-escenas. Aviso, spoilersEl guion no da puntada sin hilo hasta cuando la casualidad emerge: el ángel británico camino a México con un chollo de apartamento. Dicha casualidad sirve después para prender la mecha de una conversación sobre la fidelidad y descubrir un poquito más del pasado de la pareja protagonista. Entiendo la postura del espectador estafado con la elipsis temporal durante los últimos compases de la película e incluso ese final al más puro estilo Boyhood (Richard Linklater, 2014). 

En mi opinión, la elipsis sirve para dotar de mayor significado el que, se intuye, es el último encuentro del matrimonio. Un matrimonio que por determinadas circunstancias se ve obligado a vivir sus últimos días como novios adolescentes con sus pros y sus contras. ¿Y el final? Coherente tanto con el título de la película como lo expuesto a lo largo de la misma: sabia nueva a punto de conocer el amor. Fin spoilers | Hay un diálogo sobre una pieza musical entre el matrimonio y particularmente una frase que resume Love is Strange: "Bueno... cuando la pieza es tan romántica, no hay necesidad de adornarla". Postura que coincide con la del torturado personaje de Isabelle Huppert en La pianista (Michael Haneke, 2001): "La música no es puramente descriptiva. Y no está remojada en indiferencia y sentimentalismo".  En Love is Strange también hay un pianista (Alfred Molina) y la banda sonora está repleta de partituras para piano.

martes, 20 de septiembre de 2016

Días de podcast

Días de radio (Woody Allen, 1987)
Sin spoilers | Leo sobre el fenómeno podcast en Papel. En Estados Unidos, no en España. El artículo comienza con la referencia obligatoria: Serial, el hit radiofónico de finales del año 2014 que nadie esperaba. Hubo críticos de televisión que incluso incluyeron dicho podcast en las listas de las mejores series del año. ¡Series! Cierto es que se trataba de un género -el true crime(*)- a punto de estallar en televisión. Poco más tarde vendrían The Jinx (HBO), Making a Murderer (Netflix) y The People v. O. J. Simpson: American Crime Story (FX). Hasta la llegada de Serial, mi único coqueteo con tal formato radiofónico fue Yo disparé a J.R., dedicado al mundo de las series de televisión y co-creación de los blogueros Pere Solà de Crítico en Serie y Marina Such de El diario de Mr MacGuffinNo lo escucho pero qué menos que nombrar La sexta nominadapodcast dedicado al séptimo arte y en concreto a la carrera de los Premios Oscar.

(*)Género literario/cinematográfico/televisivo de no ficción en el que el autor examina un crimen real y los detalles de las acciones de personas reales. La "novela" A sangre fría de Truman Capote es una de las pioneras.

La primera temporada de Serial es de escucha obligatoria ya no sólo por lo entretenida que es -llegué a dudar en un principio si se trataba de un falso documental- sino por las repercusiones mediáticas y especialmente judiciales que tuvo y sigue teniendo dos años después. Un verdadero boom. De tal expansión que incluso fue material de especulación la relación entre su periodista Sarah Koenig y el (otro) protagonista de la historia: Adnan  Syed. Una de las tantas virtudes del debut de Serial fue la "estrecha" relación entre entrevistadora y entrevistado, algo que The Jinx también perpetuó y utilizó como gancho en su sexta y última entrega con un giro de guion -más propio del cine- que desencaja la mandíbula. Las dudas de Sarah Koenig sobre el testimonio del entrevistado, aunque a veces torearan la ética profesional, era uno de los tantos elementos que enganchaban de mala manera.

Dicha conexión entre entrevistador y entrevistado también la encontré más tarde en otros dos programas de radio en el polo opuesto del true crime. Sus nombres son Death, Sex & Money y Fresh Air, presentados por Anna Sale y Terry Gross respectivamente. Se podría afirmar que el primero es deudor del segundo. La baza de ambos podcasts es la entrevista, la conversación. Con personas famosas y anónimas. Tan sencillo como eso. También es cierto que Anna Sale se "desnuda" mucho más ante sus oyentes que Terry Gross, dedicando incluso un episodio a su ahora marido y padre de su primera hija. Un pasaje anecdótico -y romántico- debido a la presencia de un senador de Estados Unidos. Gracias a ella, acabó haciéndose pública la relación sentimental entre Sarah Paulson y Holland Taylor tras entrevistar a esta última. Taylor habló de su nueva pareja sin revelar su nombre pero los medios ataron cabos y Paulson acabó confirmándolo.

Holland Taylor no es la única actriz de renombre que ha pasado por los micrófonos de Death, Sex & Money, también Jane Fonda y Ellen Burstyn, ambas en dos series de Netflix: Grace & Frankie y House of Cards respectivamente. ¿Más nombres de la televisión y el cine? Danielle Brooks y Diane Guerrero (ambas en Orange is the new black), Tituss Burgess (Unbreakable Kimmy Schmidt), Jeff Daniels, John Cameron Mitchell (en cuya entrevista habla sobre su paso por Girls), Ken Jeong (Community), Margaret Cho o Desiree Akhavan entre otras figuras como comediantes, guionistas y cantantes. Durante las entrevistas, todos ellos hablan de sus temas personales de una manera totalmente alejada del peor periodismo rosa. 

Pero también hay espacio para testimonios anónimos que sirven de vehículo para abordar temas como las enfermedades mentales, el autismo, la muerte de un hijo o una pareja, el vivir solo, las experiencias cercanas a la muerte, la ausencia de sexo, la infidelidad, la relación entre los hermanos; la vida de una trabajadora sexual, la de los habitantes de Nueva Orleans diez años después del huracán Katrina o la de un director de una funeraria. Mientras que Fresh Air incide más en el aspecto profesional del entrevistado, Death, Sex & Money va más allá. Un ejemplo: Terry Gross entrevistó en agosto a Meryl Streep por Florence Foster Jenkins (Stephen Frears, 2016). Casi toda la entrevista está enfocada a la profesión de Streep, a la película pertinente y a su relación con los musicales; cierto es que Streep comenta su adolescencia pero siempre a colación de sus dotes vocales. Gross salió a la palestra la semana pasada por una inoportuna pregunta a la medallista olímpica Abby Wambach sobre su orientación sexual. [Actualización viernes 23 de septiembre] Esta semana Gross ha sido también noticia pero por algo muy distinto y más positivo: su condecoración por parte de Barack Obama con la National Humanities Medal. La locutora lleva en Fresh Air desde ni más ni menos que 1975. Lo más "gracioso" del tema es que este año también ha sido condecorado un español: el chef José Andrés.

Debido a esta oleada de podcasts desde el otro lado del charco, Prisa Radio (La Ser, Los 40 Principales) se ha apuntado a la moda con Podium Podcast. Una moda que en nuestro país -según el reportaje de Papel- no cuaja. Llegados a este punto, podríamos afirmar que en España tenemos nuestro propio Serial. ¿Su nombre? Le llamaban padre  a cargo del periodista Carles Porta. Un podcast de siete entregas de 20 minutos de duración cada una que gira en torno a un tema demasiado espinoso como para -en un principio- entretener. Lo hace a pesar de todo y en su último episodio, hay una declaración muy reveladora: la de una persona que se siente culpable por todo lo ocurrido -un crimen que se extiende a lo largo de más de una década- a pesar de que el principal culpable haya sido condenado.

Le llamaban padre parece por momentos la versión radiofónica y en fascículos de Equipo de investigación (laSexta) con sus zooms incluídos. Sin embargo, obviando algún que otro recurso instrumental (*), el programa resulta entretenido si uno tiene estómago suficiente. Todos los testimonios tienen algo qué contar y dan forma a una historia que nunca abraza el sensacionalismo. Como bien dice Carles Porta en la despedida, él deja que cada espectador saque sus propias conclusiones. Él no juzga como sí hace por ejemplo Sarah Koening en la primera temporada de Serial. Lo de su segunda temporada es ya otro cantar...

(*) En vez del zoom de la imagen, aquí se emplea la repetición de un dato importante de manera "distorsionada". A veces este dato ha sido ofrecido en anteriores entregas.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Cuestión de percepción

Una de las escenas más emotivas de Flebag
Sin spoilers | Getting On y One Mississippi no son las únicas series que he podido disfrutar este verano, también he catado Doctor Foster y Fleabag, ambas protagonizadas por una mujer, ambas británicas y ambas de la BBC para más inri. Pero no pueden ser más distintas entre sí. Doctor Foster fue emitida en BBC One en 2015 mientras que Fleabag en BBC Three vía online. Normal teniendo en cuenta ya no sólo la temática sino el target, es decir, el público objetivo al que va destinado principalmente. 

La protagonista de Doctor Foster es Gemma Foster (Suranne Jones), médico de familia en un pueblo -algo fundamental para explicar la dimensión del secreto y sus ramificaciones-, casada y con un hijo. La mecha es un pelo rubio en la bufanda de su marido (Bertie Carvel) que le presta. Más allá de hasta dónde llega la obsesión de Gemma por ese pelo, es interesante ver cómo la percepción de la protagonista de sí misma no casa con la del resto de los personajes satélite, incluso la de su propia familia. En un momento dado a lo largo de los cinco episodios de la serie, un personaje le suelta a la protagonista que nunca había visto en ella lo "salvaje" -feral es la palabra utilizada- que se suponía que era según la descripción del marido. Gemma no es la misma persona durante los primeros compases del primer episodio que en último y no porque la revelación en torno a la cual gira la serie le haya cambado -que también- sino porque en cierto modo sale a la superficie una personalidad de la que ella no es del todo consciente. 

Sin embargo, si hay algo que Doctor Foster hace muy bien es no posicionarse: ¿quién es la víctima y quién el verdugo? ¿Quién es el/la villano/a de la función? Gemma nunca llega a caer mal (*) y el guion está diseñado para que el espectador "disfrute" con las perversidades que se le ocurren a medida que la bola de nieve se va haciendo más y más grande hasta llegar a un capítulo final donde, sí, hay sangre. Y dónde uno acaba estremeciéndose por el polémico desenlace de la historia (**). Doctor Foster podría ser nuestra Gran Reserva patria.  Un culebrón bien hecho -sin necesidad de ambientarlo en otra época-, de factura técnica impecable e interpretaciones que hacen creíble todo lo narrado. Por ahí está Jodie Comer, personaje clave donde los haya, quien también ha protagonizado Thirteen este año en BBC Three y fue una roba-escenas durante las tres temporadas de My Mad Fat Diary como mejor amiga de la protagonista. 

(*) ¡¡Spoiler!!: en el cuarto episodio se pasa de la raya al afirmar que la infidelidad de su marido es peor trago que la muerte del marido de su excompañero de trabajo.
(**) ¡¡Spoiler!!: En torno a la violencia de género. La protagonista hace creer a su marido que ha matado al hijo de ambos para luego demostrarle que no ha sido así; la reacción del marido es golpearla contra el cristal de una ventana.

De Fleabag, sin embargo, no tenemos ninguna ficción española con la que compararla. Sí estadounidense aunque la comparación sea odiosa (como su protagonista): Girls. Seis episodios de menos de media hora de duración sobre la vida de una mujer que básicamente está perdida. Una hermana, un padre, una madrastra y dos cadáveres a las espaldas que explican el porqué de todo lo que cuenta esta dramedia. Una serie narrada exclusivamente desde la percepción de su protagonista -Phoebe Waller-Bridge es la creadora, guionista y protagonista- que incluso rompe la cuarta pared. Es por ello que nos ponemos de su lado. Es una historia narrada desde su egocéntrico punto de vista. Un descenso a los infiernos de su protagonista con muchísima mala baba y un humor negro que en ocasiones escuece. 

Flebag hace comedia de un material inflamable, digno de un dramón. Aquí aplaudimos cuando ella, harta de los desaires de su madrastra, tira la bandeja en plena galería de arte. Pero también nos reímos con el gag de la menstruación en el metro. Al final del cuarto episodio, la protagonista le cuenta a un personaje clave: "I just want to cry... all the time" / "Tan sólo quiero llorar... todo el rato". Después de gags sobre consoladores y hombres gritando "Sluts!" a muñecas de plástico, emerge un momento de brutal honestidad. Fleabag es un manual de instrucciones del "entre broma y broma, la verdad asoma". 

[Doctor Foster sí fue renovada por una segunda temporada. Fleabag aún no, acaba de ser estrenada en Amazon en Estados Unidos]

El clímax de Doctor Foster durante el quinto y último capítulo es pura tensión

viernes, 16 de septiembre de 2016

Cáncer, humor negro y (no)ficción

Momento en el que Other People me ganó con referencia al 5x10 de Six Feet Under
Sin spoilers | Other People (Chris Kelly, 2016) podría catalogarse como otra-dramedia-indie-sobre-cáncer. Y con toda la razón del mundo. Hace justo un año recomendaría la también dramedia-indie-sobre-cáncer Me & Earl and The Dying Girl (Alfonso Gómez-Rejón, 2015), traducida en España como Yo, él y Raquel. Sí, el enésimo caso de pérdida en la traducción. Ambas tienen algo en común: Molly Shannon. Bueno, y personalidad propia. Saltan del drama a la comedia más que dignamente y se permiten incluso el lujo de la meta-referencia. La dupla masculina protagonista de Me & Earl and The Dying Girl es amante de los clásicos cinematográficos y se dedica a reconvertirlos a su manera (¿Brew Vervet?); el co-protagonista de Other People -Jesse Plemons- es guionista de Saturday Night Live y se dedica a escribir guiones de pilotos que no acaban de convencer a las cadenas de televisión. Sobra decir que el personaje de Jesse Plemons es el álter ego de su director, Chris Kelly, cuyo guion es autobiográfico.

Cierto es que Me & Earl and The Dying Girl encaja más en el género coming of age (*) de corte independiente como Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012) o The Diary of a Teenage Girl (Marielle Heller, 2015) mientras que Other People emparenta mejor con 50/50 (Jonathan Levine, 2011) Si en Me & Earl and The Dying Girl, Molly Shannon interpreta a la madre -dada al alcohol- de la protagonista con cáncer, en Other People da vida a una madre con cáncer. Plemons (**) es su hijo cerca de la treintena y... homosexual, algo que influye y mucho en la narración. ¿Puede existir algo más mono y "achuchable" que Jesse Plemons con pluma? Sólo hay una escena de sexo y aún así es de aplaudir que salga con el torso desnudo.

(*) Las imprescindibles y españolas El Sur (Víctor Erice, 1983) y Cría cuervos... (Carlos Saura, 1975) podrían enmarcarse dentro de tal género.
(**)A lo tonto ha desfilado por tres de las grandes series del siglo XXI: Friday Night LightsBreaking Bad y Fargo.

¿Recordáis la serie The Big C protagonizada por Laura Linney? Un intento más bien fallido de Showtime de hablar sobre el cáncer desde el humor negro pero sin negarse a la lágrima fácil (*). Ambas películas lo hacen con éxito y sus intérpretes están francamente bien, por no decir que en algunos casos estamos ante una de sus mejores interpretaciones como es el caso de Molly Shannon, quien en otras circunstancias ya estaría siendo tema de conversación por su carrera al Oscar. Otra serie, recién salida de ese horno llamado Amazon, que también habla del cáncer -ya superado- es One Mississippi, co-creada por Diablo Cody (creadora de la marciana United States of Tara) y Tig Notaro, quien además la protagoniza. Al igual que Other People, One Mississippi es en cierto modo autobiográfica al seleccionar pasajes de la vida de Notaro: su cáncer de mama, una doble mastectomía, la muerte de su madre y un serio problema digestivo. Sólo hay que esperar unos minutos para darse cuenta del tono de la serie cuando el hermano de la protagonista -al ir a recogerla al aeropuerto- le suelta un "Oh, my God, you look like shit" / "Oh, Dios mío, estás hecha una mierda". Y al igual que con el personaje de Anjelica Huston en Transparent, One Mississippi se atreve a enseñar las cicatrices de la doble mastectomía en una escena de sexo. Lésbica para más inri. Seis episodios muy recomendables. Y un personaje secundario sorpresa: Bill, el padrastro de Tig.

(*)Bueno, démosle crédito a sus dos primeras temporadas al menos. La tercera es un despropósito y el personaje del marido tocó fondo con su egocentrismo junto al de Susan Sarandon. ¿Quién la convenció para semejante arco argumental?

Bill es el personaje estrella de One Mississippi como padrastro de Tig

jueves, 15 de septiembre de 2016

'Getting On', la enésima joya escondida de HBO

El cuarteto protagonista de Getting On
Sin spoilers | Hasta 2018 HBO "vivirá" de Juego de Tronos y así lo ha estado haciendo desde su estreno hace ya cinco años. Hubo una época que vivió de Los Soprano entre 1999 y 2007 si bien es cierto que no se hizo con el Emmy a Mejor Serie Dramática hasta 2004 en su ya quinta temporada. También vivió de Sexo en Nueva York. Boardwalk Empire fue un intento -a medio gas- de hacer ruido crítico y mediático. Aun así, se ganó 5 temporadas y 56 episodios entre 2010 y 2014. Sin embargo, al final ha sido el género de la fantasía y una adaptación literaria los artífices de que la mayoría de las veces que el nombre de la cadena sea mencionado en el presente, sea gracias a Juego de Tronos. En octubre llegará la ansiada Westworld con Jonathan Nolan (creador de Person of Interest) como co-creador de esta también adaptación literaria. A todas luces parece ser el parche cuando el invierno de Juego de Tronos se apague. Esta vez será la ciencia ficción y el western el pretexto/contexto en vez de la fantasía medieval.

Pero HBO es algo más que grandes producciones. Ahí está por ejemplo ese experimento delicioso -pero muy doloroso- llamado In treatment, una serie que HBO emitió diariamente como exigía el formato: un psicólogo (Gabriel Byrne) atiende a un paciente cada día de la semana hasta que el viernes es a él a quien le toca visitar a su psicóloga (Diane West). También está Enlightened, un regalo a/de Mike White que duró tan sólo dos temporadas pero permitió brillar con luz propia a Laura Dern. Un mágico relato sobre cómo es posible cambiar el mundo que cuenta con una protagonista al principio muy insoportable. ¿Y Hung? De ésta si que no se acuerda nadie, ni el más seriéfilo. Una serie sobre un prostituto cuyo ataque más flagrante fue no mostrar el pene del protagonista. Acabó haciéndolo en su tercera y última temporada en la cual salió Stephen Amell -el protagonista de Arrow- demostrado sus pocas dotes interpretativas. Hacía de gigoló. Cierto es que fue una serie más propia de Showtime -al estilo de Weeds, United States of Tara o The Big C- pero cuenta con una coprotagonista -antiheroína total- llamada Tanya Skagle, la proxeneta del protagonista. Así es, invirtiendo los roles de género.

Niecy Nash, Laurie Metcalf y Alex Borstein de izquierda a derecha
Hay series pequeñas que sí hacen ruido aunque sea en el círculo de la crítica televisiva o algún que otro nicho de las redes sociales o la blogosfera como The leftovers o Girls. Ambas con un target muy, muy minoritario. Hay otras ficciones que ni eso, como ocurre con Getting On. Tres temporadas. 18 episodios. Remake de la serie homónima británica y casi ni pío sobre una serie excepcional. En mi caso, ya con la tentación de verla desde su estreno, el último empujón fue la triple nominación de Laurie Metcalf en los Premios Emmy 2016 por The Big Bang Theory, Horace and Pete y la susodicha Getting On. En la primera y segunda como Mejor Actriz Invitada de Comedia y Drama respectivamente y en la tercera como Mejor Actriz Protagonista de Drama. ¿De qué va exactamente Getting On? Está ambientada en un geriátrico de un hospital en el que las pacientes son exclusivamente mujeres. Podría decirse que sus protagonistas son también tres mujeres: Jenna James (Laurie Metcalf), Dawn Forchette (Alex Borstein) y Didi Ortley (Niecy Nash, Scream Queens). Tambien está Patsy De La Serda (Mel Rodríguez), cuya orientación sexual está muy bien llevada y resuelta. La calidad interpretativa del cuarteto es indudable.

Cada episodio cuenta cómo estos cuatro profesionales de la sanidad -cada uno en su "jerarquía"- equilibra su vida profesional y laboral. Llamar estrictamente comedia a Getting On sería un flaco favor aunque provoque carcajadas de echar y no mear gota con un humor a veces muy negro y otras, bastante basto. Eso sí, es excelente también dramáticamente al tratar con personajes ancianos y por consiguiente la muerte en cada episodio. Getting On nunca abandona el formato sitcom -rara vez se ambienta fuera del geriátrico y si lo hace es en sus alrededores- y dura menos de media hora. Y como buena "sitcom" que se precie, también cuenta con sus estrellas invitadas particulares. Molly Shannon (*), la omnipresente June Squibb, Frances Conroy, Rita Moreno, Carrie Preston, Rhea Perlman y un largo etcétera. Si os atrevéis con la recomendación seriéfila, Terry  Gross entrevistó en su programa radiofónico Fresh Air a sus creadores, Mark V. Olsen y Will Scheffer, también creadores de la serie de televisión de HBO Big Love. En la entrevista, la pareja -profesional y sentimental- habla sobre cómo se les ocurrió hacer un remake de la serie homóloga británica, el privilegio de rodar con actrices veteranas como Ann  Morgan Guilbert -Millie en El show de Dick Van Dyke- o incluso una entrañable anécdota sobre el compositor Billy Barnes, cuyo nombre es también el de la unidad de cuidados continuos.

(*) Quien casualmente participó en la segunda temporada de Enlightened como interés romántico del personaje interpretado por Mike White. Una de sus últimas películas es Other People (Chris Kelly, 2016) junto a Jesse Plemons (Friday Night LightsBreaking Bad) como madre con cáncer e hijo homosexual respectivamente. Casualidad o no, en 2015 interpretó a la madre de una adolescente con cáncer en Me & Earl & the Dying Girl / Yó, él y Raquel (Alfonso Gómez-Rejón, id). Molly Shannon, además, aparecerá en la nueva serie de HBO Divorce, el regreso de Sarah Jessica Parker a la cadena tras Sexo en Nueva York.

Molly Shannon aparece en varios episodios de la primera temporada de Getting On

jueves, 1 de septiembre de 2016

Relatos Cortos (XXVIII)

Me viene un viernes a la memoria. Estar tirado en el sofá alrededor de las diez de la noche viendo El comisario. Hubo una época -cuando ella vivió con nosotros durante seis meses- en la que papá, la prima y yo veíamos aquella ficción policíaca. No recuerdo donde andaba papá pero evoco a la prima pródiga dar las buenas noches y subir a la buhardilla a descansar. Había vuelto por una noche. Entonces me recorría una sensación de confort. Lloré el Mediterráneo cuando tuve que despedirme de aquella inesperada aliada siete años mayor que yo. Seis años más tarde, sumido en un resfriado del ánimo, me espetó mientras yo lloraba: yo sé lo que a ti te pasa. Ella ya conocía mis secretos. Aquella noche me dolían todos los huesos y desconocía el porqué. Lo achaqué al cargar con una maleta todo el día.

Lo mismo le ocurría a Don Alfonso; parco en palabras era con sus familiares cuando, cada domingo, desfilaban por su despacho -envuelto en humo- para darle las buenas tardes. El pertinente jornal a cada nieto nunca falló. Hasta que un servidor empezó a mentirle sobre su verdadera ocupación para privarle del gusto. La familia se reunía en aquel chalet que el mismo construyó mientras el ya jubilado veía los mismos spaghetti western tarde tras tarde. No hablaban prácticamente. Tan sólo volvían a compartir techo y paredes cuando tocaba también compartir mantel a las ocho. Pero él sentía el confort de tenerlos allí reunidos. Escuchar jaleo. Con el paso de los años, la prima pródiga dejó de pernoctar en la última planta y la familia dejó de reunirse los domingos a excepción de algún que otro rezagado que insistía en mantener la tradición dominical.

Hoy entiendo a mi madre cuando me pide que me quede unos días más en casa. Tú no te vas hasta el domingo. No hablamos de casi nada y mejor hacerlo de banalidades cuando se requiere una mínima conversación entre plato y plato. Ella en su salón de estar viendo Sálvame. Yo en mi antigua habitación -ahora exilio de mi padre- viendo Siete mesas de billas francés. No cierro la puerta. Intuyo que ella respira mejor al saber que estoy al otro lado de la casa. El confort de tener a su retoño de veintidós años de vuelta por unos días, dibujando una falsa realidad. Una en la que nunca cambió de código postal para mejor estado del ánimo. Una tranquilidad pasajera. El confort.