Comencé en ésto de blogger con 16 años pero no le di vidilla al blog hasta los 18 tras empezar la universidad. En un principio sólo hubo cabida para series pero luego expandí la temática a todo aquello que tuviera un mínimo de guión/ficción; ¡hasta la propia vida, señoras! Decía Susan Sontag: "En las buenas películas, existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Bienvenidas. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com

domingo, 12 de marzo de 2017

Relatos Cortos (XXIX)

Los hermanos Gregson en la tercera temporada de la serie de televisión 'United States of Tara'

En medio de aquel batiburrillo festivo, propio de la celebración de un cuarto de siglo, tropecé con la conclusión de que había perdido definitivamente a mi hermana. Ya no viviría sus despertares ni sus soliloquios productos del sonambulismo. Hubo un tiempo en el que nos visitábamos en nuestros respectivos dormitorios, convertidos a largo plazo en refugios a prueba de insultos. Durante aquella velada sabatina, me cayó un jarro de agua bien fría: «Me ha abandonado...». Pero mi hermana no es la verdugo. Hubo una vez que soñábamos vivir juntos. Sin mamá. Quizás con papá (como acto de recompensa. O caridad). Pero mi hermana es la víctima. Fue su hermano (yo) quien abandonó el nido de águilas no una vez sino en dos ocasiones. Durante el primer exilio, me lloraba, me imploraba el regreso. Meses antes, en vísperas del verano, ella decidió dejar de hablarme. Recuerdo el compartir un autobús dirección Moncloa una mañana y ella no dirigirme la palabra. Me era merecido aquel castigo. Durante el segundo y por ahora último exilio, fue ella misma quien me condujo a mi destino. Incluso me animó a ello aún sabiendo el inevitable aislamiento expectante en la ácida morada de nuestros progenitores. Recuerdo aquel viaje de más de una hora en coche como si fuera ayer.

Visito a papá y mamá; no está ella. Extraño abrir la puerta de su habitación sin llamar. Extraño preguntarle que «cuándo va a cenar», que si «cenamos juntos». Extraño el casi mearnos de risa contándonos inverosímiles anécdotas. Extraño regresar a casa de fiesta juntos. Extraño hasta tirarle mi ropa interior sucia a la cara. Extraño verte llorar. Extraño que me veas llorar. Pero tú eres más feliz en tu nuevo hogar y yo lo soy en el mío ya no tan nuevo. Me entristece que nuestra relación fraternal no vaya a ser la misma a pesar del cumplir de las buenas nuevas soñadas estos últimos tiempos. Me entristece no recordar con exactitud nuestro día a día de antaño. Me atemoriza un nada apetecible futuro en el que -ya adultos- nos echemos las vergüenzas a la cara sin pudor alguno y no prime el recuerdo de nuestras infancia y adolescencia en común. Te aseguro que en menos tiempo del que imaginas, descansarán en tu memoria exclusivamente las bondades de vivir con papá, mamá y servidor. Dejaré de usar palabras como abandonarexilio para catástrofes si acaso venideras. Hasta entonces, disfrutemos de la paz apremiada. Nos irá bien en la vida, es una corazonada.