sábado, 1 de junio de 2013

La serie de mi vida

El día que deje de recomendar fervientemente 'A dos metros bajo tierra', será por dos posibles motivos: o he acabado en el sótano de la casa funeraria Fisher & Sons con David dándome el coñazo con sus dilemas homosexuales o he descubierto una mejor serie. I-m-p-o-s-i-b-l-e. Lo de palmarla es verídico, el resto de hechos no. La masterpiece de Allan Ball y HBO me demostró hace dos veranos que un producto audiovisual no sólo podía entretenerme sino también retorcer. Y de qué manera, señores. La primera temporada de 'Friday Night Lights' y momentos puntuales de 'Mad Men' y 'Fringe' fueron un goloso camino previo; 'Homeland' llegaría más tarde. Pero ninguna de las citadas gana en la batalla de las comparaciones a las vivencias de los Fisher, reyes del humor más negro y churruscado que pueda existir. Por motivos (re)creativos y personales.

5 temporadas y 63 episodios de 'A dos metros bajo tierra' narran el día a día de una aparente tradicional familia de California a principios del siglo XXI. Já, ¿tradicional? Más bien diría yo... disparatada, perdida y dramáticamente realista. Como la serie en sí; un constante cruce de caminos en el que sus personajes anhelan reencontrarse así mismos, un festín de idas de olla, sexo a mansalva, reflexiones vitales y una extensa y lograda radiografía de las relaciones humanas desde su nacimiento hasta su muerte. 

Ligeros spoilers | Os hago una presentación breve pero no justa de la familia Fisher, propietaria de  la funeraria más televisiva. La matriarca: Ruth, cree que su marido la observa desde ultratumba a quién le ha estado poniendo los cuernos con un peluquero los últimos años. Los hijos: Nate se tira a mujeres desconocidas en aeropuertos, David es un homosexual reprimido con un mazizorro-poli-negro como novio y Claire conduce un coche fúnebre verde para ir al instituto, fuma marihuana y roba manos de cadáveres para meterlas en taquillas de chicos malos. ¿Y Brenda Chenowith? Ah, sorpresa. Todos ellos tienen un genio de mil demonios, se gritan entre ellos, obedecen a regañadientes, tienen secretos inconfesables, mienten descaradamente, ocultan/fingen sus sentimientos, poseen rencor, cometen error tras error... pero al final del día forman una familia y comparten mesa y cena. Lloran. Ríen. Son tan frágiles como nosotros mismos. "We are so fucking lost" dice un personaje en los últimos minutos del 5x09.

Vedla. Comprobaréis lo gratificante que será encontrar a alguien que también ame esta serie. Es por eso que 'A dos metros bajo tierra' fue, es y será la serie de mi vida. Un auténtico torrente de sangre a la cabeza. Y al corazón. Carne de visionado durante las largas madrugadas de verano. In the middle of the summer, I'm not sleeping...