Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



jueves, 28 de julio de 2016

Adiós 'Looking'

Spoilers | Me resulta difícil hablar de Looking sin desviarme hacia lo personal. Hablé de ella en febrero y marzo de 2014 sobre su primera temporada. Hay una escena en la TV movie de la serie de HBO en la que se evapora toda bilis en contra de una serie que me entusiasmó sobremanera en su primer año pero provocó una inesperada indiferencia en el segundo. Es la despedida entre Patrick (Jonathan Groff) y Kevin (Russell Tovey) en la boca de metro. Kevin le pide un último abrazo (*). Patrick acepta. Kevin le da un beso en la mejilla... y otro en la boca. Le toca el lóbulo de la oreja izquierda y posa su mano derecha en la mejilla. Y adiós. Ya está. Eso es lo que quería Patrick: cerrar un capítulo de su vida. De eso trata la TV movie de Looking también. De dar carpetazo a una serie que nunca se ganó el sello HBO. O sí. Y por eso mismo no cumplió las expectativas del espectador homosexual hambriento de una ficción que le hablase de tú-a-tú, algo que la discusión entre Patrick y Brady -el novio de Richie- pone de manifiesto. No me dolió la cancelación ("cancelación"). Tampoco me dolió decirle a Ben que no viniera a España. Que no se subiese a ese avión cuyos tickets ya había comprado. Pero empecé a echar de menos Looking. Empecé a echar de menos a Ben, en cuya cocina de Durham vi el quinto episodio de la segunda temporada con la ansiedad por las nubes de un país extranjero. Con la errónea medicación y una cajetilla de tabaco LM -que fumaba desde que viví con mi señor abuelo- que me ventilé. Pocos días después, tumbados en la cama de su hermana en Caldecote -antes de que Paula nos interrumpiera para bajar a comer- estuve a punto de pedirle ser pareja y monógamos, algo que Looking -al igual que Please like me (**) o Six Feet Under también han tratado- utilizó como dramático broche a su segundo volumen. «Me hubiese gustado ver una tercera temporada», me dije allá por febrero cuando sí regresó Girls por quinto y penúltimo año. Una serie que también me ganó en su temporada debut para perderme momentáneamente durante los primeros compases de su segundo año. Contra todo pronóstico, su tercera temporada me reenganchó y a día de hoy continúa siendo mi favorita. Este capítulo final es una apuesta sobre seguro y cierra más o menos los arcos argumentales de todos sus personajes sin nunca olvidar que su protagonista siempre fue un insoportable Patrick, un espejo en el que me he sentido reflejado en muchas ocasiones. Andrew Haigh y Michael Lannan han preferido decir adiós con un buen sabor de boca tras la amargura de la cancelación. La serie me perdió al centrarse tanto en el quién-acaba-con-quién, formando un agónico triángulo amoroso entre Patrick, Kevin y Richie que degeneró en un quinteto con Jon y Brady en la ecuación. La serie no se centró solamente en la deriva amorosa de su protagonista (algo que por otro lado resulta comprensible, ¿por qué apostar por la coralidad?) sino que perdió un poco de vista a Dom (mi personaje favorito, qué bien le sienta la barbaza a Murray Bartlett) y Agustín, cuyos arcos argumentales podrían haber sido más exprimidos. Eché de menos a Lynn (Scott Bakula)... Tan sólo hay que ver a qué queda reducido el personaje de Eddie en la película. Y aún siendo consciente del patinazo de la serie, la TV movie me ha reconciliado con la serie y sobre todo con Patrick. Y bueno... hemos podido disfrutar de Doris.  

(*) ¿Quién no ha pedido un abrazo en busca de un beso?
(**)Ved Please like me, una serie a la que sí se le da bien tener un protagonista homosexual y encima crear inesperados triángulos amorosos no solo una vez, ¡sino dos!

martes, 19 de julio de 2016

La escena (semana 18-24 julio)


Aviso, spoilers de 'Tres colores: azul' y  'Copia certificada'
Diecisiete años pasaron entre la Juliette Binoche de Tres colores: azul (Krzysztof Kieslowski, 1993) y la Juliette Binoche de Copia certificada (Abbas Kiarostami, 2010), ambas versiones sujetando una taza de café. La primera para mezclarlo con un sorbete, solitaria, tras la muerte de su familia en un accidente de coche en la que ella también iba. La segunda, en compañía de un hombre que el espectador desconoce -y desconocerá tras el cese del repicar de las campanas y los créditos finales- si es su cónyuge o un completo anónimo al que acaba de conocer. Me encandila Juliette Binoche. Me recuerda a Rachel Griffiths (A dos metros bajo tierra, La boda de Muriel). Incluso a Helena. Caí rendido ante su figura vestida de Chanel en la retorcida Clouds of Sils Maria (Oliver Assayas, 2014) en la que no solo Binoche se ríe de sí misma (*) sino que Kristen Stewart y Chloë Grace Moretz hacen lo propio. Si hay algo que tienen en común Copia certificada Clouds of Sils Maria es que resultan más reconfortantes de analizar y recordar que de ver por primera vez. De eso también se trata el cine: de hacer pensar. De incomodar. Pero si hay algo que aplaudir de la obra de Kiarostami es ese giro de guion sin anestesia que se marca en el exacto ecuador de su película con un deus ex machina en forma de femme italiana. Ante el desconocimiento de la naturaleza de la relación entre los personajes de Juliette Binoche y William Shimell, la camarera da por hecho de que son marido y esposa y entabla una conversación de tú-a-tú con la protagonista femenina que resume a la perfección la dominación de las mujeres bajo el yugo machista. La conversación culmina con la femme obedeciendo las órdenes de unos clientes varones que piden más vino sin respeto alguno. Pero lo más fascinante a la par que frustrante del relato es la semilla de la duda que el cineasta iraní planta justo in media res: ¿son un matrimonio hastiado que juega a ser una pareja de desconocidos o son unos desconocidos que juegan a ser un matrimonio desavenido?

(*) Con mención meta a su participación en un blockbuster tipo Godzilla y un valiente desnudo integral.


martes, 12 de julio de 2016

El tiempo a veces perdona

Frances Conroy (Ruth Fisher) y James Cromwell (George) 
Hablemos de la muerte. De la vida. De la ficción que traspasa la realidad con técnicas narrativas que viran hacia la fantasía. O la ciencia ficción. Habréis oído hablar multitud de veces de ella. Habréis dicho de este verano no pasa sin que la vea para que dejen de dar el coñazo con que es la serie de mi vida. A dos metros bajo tierra marcó un hito en HBO junto a otras series como Los Soprano y Sexo en Nueva York. No nos olvidemos de Oz, la eterna desdeñada. O aquella que nadie vio en su momento y ahora se rescata en pack: The Wire. Six Feet Under como miembro vip de la ¿verdadera? edad de oro de las series ha tenido hijas de nuestro tiempo: Shameless, United States of TaraTransparent, Casual. Incluso The Big C. Todas ellas se erigen en torno a una familia atípica cuyo ojo del huracán puede ser el oficio, la enfermedad o la identidad de género. Jill Solloway, creadora de Transparent, reconoció la similitud entre ambas series. La también productora ejecutiva y guionista de SFU -creada por Alan Ball, guionista de American Beauty y padre de la también marciana True Blood- más tarde se embarcaría junto a Diablo Cody en aquel tour de force de Toni Collete en Showtime llamado United States of Tara que descubrió a Brie Larson, sí, la posible Captain Marvel. Pero ninguna de ellas -solamente Transparent- se acerca tanto al enigma que nunca tiene respuesta: la delgada línea roja que separa vida y muerte y en la que hacemos malabarismos todos los días. ¿Es necesario hacer una presentación de la serie? Tan solo tenéis que saber que es una familia que regenta una funeraria. Aquí dos reseñas que no hacen justicia a la serie: de 2011 y 2013.

Peter Krause (Nate Fisher) y Rachel Griffiths (Brenda Chenowith)
Six Feet Under cumplió 15 años el pasado viernes 3 de junio. Todas sus temporadas -a excepción de la segunda y la tercera que comenzaron en marzo- dieron su pistoletazo de salida alrededor del 40 de mayo. El verano le sienta bien a la serie. Una serie tan dramática y oscura con la claridad de Los Ángeles de fondo es mejor ver en época estival con menor carga lectiva o laboral. Para saborearla. Sufrirla en el mejor sentido seriéfilo de la palabra. Mi primera vez con SFU fue en 2011. Bueno, mentiría. No recuerdo cuándo pero hubo anteriormente intentos frustrados de ver el piloto. Nunca pasaba del segundo episodio hasta que lo hice la primera quincena de julio. ¡Click! No recuerdo el día. Recuerdo que volví de estar una semana en Fuenteguinaldo (Salamanca), perderme el Orgullo (aún estaba en el armario) y tener ganas de volver a ver episodios de Queer As Folk. Finalicé su primera temporada por cortesía para descubrir que A dos metros bajo tierra me hablaría también de la homosexualidad desde una perspectiva que yo pedía a gritos. A día de hoy, quince años después, el discurso (los múltiples y contradictorios discursos) de la serie continúa intacto y más fresco que nunca. Hay series que envejecen pero cuando tratas temas tan universales y atemporales, chronos no acecha, todo lo contrario: encumbra. ¿Fue A dos metros bajo tierra una adelantada de su época? Con la burbuja del remake, reboot, precuela y secuela en su punto más álgido, SFU es inmune. No hay manera de hacer una secuela (quienes-la-hayáis-visto-sabéis-porqué). ¿Para qué hacer una nueva versión cuando la original es como el vino? Los actores nunca estuvieron mejor y 63 episodios tampoco son para tanto. Eso sí, no son carne de maratón. En eso se parece a The Leftovers. Hay que dosificarla para no caer en una tonta depresión que con una ducha de agua fría se quitaría. Lo más fascinante de esta quinceañera es que uno encuentra satisfacción en su desasosiego. Uno se siente más vivo que nunca durante el visionado. Resultaría tramposo afirmar que ahora se hace cine en televisión (*) cuando en realidad se perpetúa el "séptimo arte" en la caja tonta desde que puede despertar los mismos sentimientos y en eso, SFU siempre fue una alumna aventajada. En, por ejemplo, hacerte llorar a moco tendido durante una hora con All Alone, el décimo episodio de la quinta temporada. Una hora que a día de hoy sigue estremeciéndome más que por ejemplo la famosa secuencia final a golpe de Breath me de Sia.

Mi escena favorita de A dos metros bajo tierra [4.01]

lunes, 11 de julio de 2016

Reportaje especial (II)

LA CARA B
Reivindicación, ayuda y colaboración son varias de las facetas de la poliédrica blogosfera
“Blog: sitio web que incluye, a modo de diario personal de su autor o autores, contenidos de su interés, actualizados con frecuencia y a menudo comentados por los lectores.” - RAE
Violeta Assiego tiene 44 años. Es lesbiana. Transgénero. Activista LGTBI (Lesbianas, Transexuales, Gays, Bisexuales, Intersexuales). Trabaja en Metroscopia como analista e investigadora. Estudió derecho. Está muy vinculada a la defensa de los derechos humanos y en concreto de los colectivos vulnerables y la discriminación por orientación sexual o identidad de género. El 23 de septiembre de 2013 fue publicada la primera entrada de 1 de cada 10, un blog sobre temática de diversidad sexual y de género que Assiego propuso junto a su amiga periodista Nayra Marrero a la subdirectora de 20 Minutos, Virginia Pérez, y la responsable de la sección de blogs, Melisa Tuya; quienes recibieron con las manos abiertas dicha propuesta y dieron luz verde al proyecto. "Me parecía un medio que representaba muy bien a la población en general sin tendencia ni sesgo políticos”, comenta Assiego. Sus creadoras no querían que se pudiera asociar el tema LTGBI con una corriente ideológica en concreto. 1 de cada 10 es el único blog sobre esta temática en un periódico español de información generalista.

Los cines Renoir Princesa albergan preestrenos a los que Fuertecito acude
A Pedro Fuertecito J. García le gusta también contribuir al feminismo y a la lucha por los derechos de la comunidad LTGBI a través de su blog. Fuertecito no ve la tele nació a caballo entre 2009 y 2010 -como proyecto paralelo al doctorado que estaba realizando- en el que en un principio sólo había cabida para la ficción televisiva pero después fue incorporado el séptimo arte. “Soy bastante activista. No es sólo sobre cine y televisión sino que también es un poco sobre la cultura en general y vender el cine y la televisión como el reflejo de la cultura y la sociedad en la que vivimos y como yo y la gente que visita el blog quiere que sea esa sociedad. La sociedad por la que luchamos un poco”, comenta Fuertecito sobre el uso de su blog (y el Facebook de éste) como plataforma para contribuir con su granito de arena a diferentes luchas sociales. Fuertecito tiene 34 años. Estudió Filología Inglesa en su Murcia natal y Comunicación Audiovisual en Sevilla. Un máster y un doctorado le prosiguieron al no encontrar trabajo. El germen de su blog está en fotolog, una red social de fotografía  que sin embargo, según Pedro J. García, “la gente utilizaba para soltar sus parrafadas personales y muchos lo usábamos para hacer críticas”. Fuertecito no ve la tele comenzó su andadura profesional en el servicio Blogger –permite crear y publicar una bitácora en línea- pero a los dos meses se mudó al sistema de gestión de contenidos Wordpress.

Quien desde un principio alojó su blog en Wordpress fue la talaverana Estefanía Soriano. Tiene 42 años. Madre de una adolescente de 14 y una niña de 5. Trabaja como funcionaria en un departamento de comunicación del Ayuntamiento de Fuenlabrada.  Padeció cáncer de mama bilateral estadio III.  Siempre ha sido muy inquieta con la tecnología. Le gustan mucho las redes sociales y antes de crearse el blog, ya tenía perfil de Twitter, Facebook, Instagram y Pinterest.

Estefanía padeció primero la enfermedad y después se tuvo que quitar el pecho sometiéndose a una mastectomía radical. El día antes de la operación, un 23 de agosto de 2011, nació Adiós, Lolas, Adiós. “Yo estaba en la sala de espera del hospital esperando a hacerme un reservorio de sangre y estaba hasta las muelas de contarle a todo el mundo lo bien que estaba”, relata una Estefanía cuya versión de hace casi cinco años se dijo a sí misma: “me apetece hacer un blog”. Se metió desde el móvil en el buscador y tecleó  cómo-crear-un-blog.  Fue autodidacta, aprendió a base de errores. “Ni siquiera había dado un curso de wordpress que ahora veo que hay dos mil millones”, compara.

En su génesis, Adiós, Lolas, Adiós era un diario personal aunque también un altavoz para su familia y amigos. Su filosofía de recién bloguera respondía a “yo escribo una vez y ya todos me leéis, sobre todo mis amigos. Pues ya sabes cómo estoy a través de eso”. Se asustó cuando el público lector dejó de ser exclusivamente su círculo familiar y amistoso. Adiós, Lolas, Adiós forma parte del bautizado -por sus propias integrantes- oncoblog, un mundo en el que las mujeres relatan su experiencia con el cáncer de mama.

De Talavera de la Reina es también Álvaro Cabo Ciudad. Cuando fue creado el primer blog reconocido en 1994, él ni siquiera había nacido. Álvaro nació en 2003. Diez años después utilizaría Blogger para dar luz a Mi país a través de mis ojos. La idea surgió un 30 de diciembre después de que Álvaro visitase la Biblioteca Nacional. “Quise sacarme el carnet de la biblioteca, entonces me lo denegaron simplemente por ser menor de edad”, cuenta el ahora ya adolescente y estudiante de 2º de la ESO (le adelantaron un curso por sus altas capacidades). Considera aquella adversidad como la gota que colmó el vaso después de otras desventuras anteriores y a raíz de eso, se preguntó: “¿A través de qué forma se le puede escuchar a un niño de diez años?”. Él lo que quería era denunciar lo que le había pasado y reivindicar su carnet. “¿Cuál es la forma más productiva? Internet. ¿Qué es lo que más me gusta? Leer y escribir. Los fusioné y además como se estaba poniendo de moda la tecnología blogger  pues así comenzó Mi país a través de mis ojos”, relata. Álvaro lee la prensa desde los seis años. Ve los telediarios desde los cinco.

Dos años después, su blog ha recibido más de 200.000 visitas y ha publicado casi 150 artículos. Nació con varios objetivos de entre los cuales el primero que se cumplió fue que su padre dejase de fumar por una apuesta que hicieron. Sin embargo su objetivo principal era y sigue siendo ayudar a otras personas, especialmente las que como él son de altas capacidades.

Donde hay patrón, (a veces) colabora marinero
Dicen que cada maestrillo tiene su librillo. Cada bloguero también. En el caso de 1 de cada 10, son nueve maestrillos y nueve librillos. Además de Violeta Assiego y Nayra Marrero al timón, navegan junto a ellas Laura Ramírez Martín, Lucía Rodríguez Sampayo -desde El Salvador-, Carmen López, Enrique Anarte Lazo, Nieves Gascón, Andrea Puggelli -desde Italia- y Charo Alises. Más allá de sus profesiones –periodismo, abogacía, fotografía, trabajo social, politología, Relaciones Internacionales, cooperación-, todos tienen algo en común: el activismo LGTBI. “Son una especie de pulmón y corazón al mismo tiempo, son los órganos vitales del blog”, se enorgullece Assiego. Ellos se responsabilizan de escribir una entrada al mes como mínimo.

Bajo la filosofía de 20Minutos.es de apostar por la participación de los usuarios, en 1 de cada 10 ha habido firmas invitadas de la envergadura de Lucas Platero, Beatriz Gimeno, José Ignacio Pichardo, Jesús Generelo, Fernardo Olmeda, Paco Tomás… También ha habido espacio para firmas menos conocidas. “Hay gente a la que invitamos a escribir y en otras ocasiones nos llegan los textos”, comenta la capitana de la bitácora. “La idea del blog es que todo el mundo pueda escribir, se sienta partícipe a escribir, no hace falta ser activista, ni hace falta ser LGTB, ni hace falta saber escribir”, detalla Assiego, quien se encarga como capitana de leer, revisar y editar los textos siempre y cuando no se altere su idiosincrasia.

En Fuertecito no ve la tele, hay patrón pero también marinero: David Lastra. Es uno de sus mejores amigos y se incorporó en mayo de 2013. ¿El porqué? El cada vez más elevado número de pases de prensa para la proyección de películas antes de su estreno. Como mínimo, Fuertecito acude a tres a la semana; máximo, siete. Ha habido semanas que ha acudido a seis o siete pases de prensa si no se han solapado. “Me gustaba mucho cómo escribía y solemos coincidir mucho en nuestras impresiones sobre series y cine. Y dije: bueno, puede ser una extensión coherente de lo que es mi marca, mi estilo y confié para que me ayudase en esos tiempos de necesidad”, comenta Pedro J. García sobre su particular Robin cuya colaboración no es remunerada aunque este Batman murciano puntualiza: “de vez en cuando le invito a comer”.  Tampoco es retribuido el trabajo de Fuertecito. “De blogger no se vive a no ser que seas un trendsetter absoluto”, aclara. Según el también traductor, para ganarte la vida como blogger tienes que estar inserto en un conglomerado (Sensacine, eCartelera, Fotogramas, Cinemanía…) o que te hayan contratado como firma dentro de un medio más grande.

El dominio y el hosting (alojamiento web) le cuestan a Pedro alrededor de unos setenta euros al año. En su blog hay publicidad: los pop-ups, es decir, las ventanas emergentes. Son anunciantes que se publicitan a través de plataformas como AdSense de Google y Adcash. “Están ahí porque tengo que sacar de alguna manera rédito al trabajo. En algún momento tendrá que dar algo… no sirven para nada. Un céntimo por cada click”, se queja. Pero el lector no hace click a no ser que se equivoque. La única publicidad que sí le aporta algún beneficio son los publirreportajes y los concursos propuestos por las empresas, las cuales pueden llegar a pagar no sólo el material del concurso sino también económicamente. Pero a Pedro no le gusta abusar del publirreportaje o el contenido patrocinado. Sus lectores están acostumbrados a un tipo de textos: “es injusto para ellos que te están siguiendo y desvirtúa la imagen del blog”. Fuertecito no gana dinero por ver la tele pero sí satisfacción aunque admite que  “también te abre puertas a otro tipo de trabajos y colaboraciones”.

En 1 de cada 10, sí hay una pequeña gratificación. “Casi simbólica”, matiza Assiego. Estefanía Soriano, en cambio, pertenece a la categoría Juan Palomo de la blogosfera: yo me lo guiso, yo me lo como. Podría sacar beneficio. Desvela que hay un mercado negro de farmacéuticas y empresas en busca de datos de pacientes. Álvaro Cabo Ciudad también se guisa su redacción y hasta el diseño del blog aunque con una peculiar ayudante de cocina: su madre. Es quien modera los comentarios del blog y se encarga de las redes sociales. “Mi madre ha sido y será mi manager. Es la que organiza todo más o menos”, detalla. 

La decisión de Estefanía
A Estefanía Soriano, creadora del blog Adiós, Lolas Adiós y paciente de cáncer de mama, le marcó mucho una doctora. “Yo estaba en el hospital, me acababan de diagnosticar y de operar, empezaba el tratamiento de quimio en nada”, relata. Estefanía estaba en su vorágine del día a día y le dijeron que iba a estar un año parada. Ella ni se lo imaginaba: “¿Yo dejar de trabajar un año?, ¿qué me estás contando? Luego fueron dos”.  La ginecóloga que le atendió también había sido paciente. “Llegó con su pelo, que es algo que te obsesiona, que se te va a caer y le ves ya a ella con su melenón, trabajando”, recuerda. Para Estefanía fue fundamental ver a alguien que había retomado su vida tras la enfermedad. Es por ello que tomó la decisión de abrir una bitácora en la que diera constancia a otras mujeres de que “el cáncer se supera y puedes hacer una vida relativamente normal después y que si consigues tener un ánimo firme puedes ayudar a la gente”.

A Estefanía tan sólo le bastó un móvil para crear su blog el día antes de la mastectomía
Lo personal es político
Mientras 1 de cada 10 y Fuertecito no ve la tele comparten la reivindicación de la cuestión LTGBI; Adiós, Lolas, Adiós y Mi país a través de mis ojos tienen otros frentes de ayuda y protesta. Gracias a su blog, Estefanía Soriano fue requerida en 2015 junto a otras asiduas del oncoblog por una farmacéutica interesada en el idioma que usan para conectar con su público. “El blog del tema cáncer es curioso porque tenemos una faceta detrás que no se ve. Tú ves muy pocos comentarios en el blog pero tengo mil correos”, cuenta Soriano, consciente de que “se crea un vínculo muy especial entre la mujer que ha pasado la misma enfermedad”.  

No sólo farmacéuticas se han aproximado a ella, también los medios de comunicación al ser voluntaria testimonial de la Asociación Española Contra el Cáncer. Le parece que el oncoblog “es el altavoz más bonito del mundo cuando una enfermedad tan dura, sabes que la va a pasar tanta gente y que la está pasando tanta gente y al ver a alguien que ya la ha pasado, que te lo cuenta en pasado con un punto de vista de ‘¡oye, que esto se pasa, que puedes seguir haciendo tu vida!’, a mí  me parece tan fácil hacerlo así que ojalá tuviera el triple de lectores y el triple de difusión porque en un caso como este, es medicina”. Para Estefanía Soriano, escribir es una terapia muy positiva con la enfermedad. “Yo soy informadora, reclamo mucha información y en mi caso no la encontré. Los médicos te dicen que ‘ni se te ocurra buscar’”, se queja la onco-bloguera que quiso cambiar un poco el concepto de que no todo lo que hay en internet es malo.

La interacción con sus seguidoras es directa. Contesta rápido a los correos electrónicos. Incluso queda en persona con ellas. “Me gusta no solamente ese día de la consulta sino luego que me cuenten cómo les va”. Una seguidora le llegó a consultar si dejaba a su marido. En el cáncer de mama, hay muchos temas detrás –la sexualidad, el mirarse en el espejo- que son el día a día que ni siquiera el médico cuenta. Estefanía sí. La catalogación de minusvalía a los enfermos de cáncer –inexistente- es otra de las tantas reivindicaciones en su blog aunque también hay lugar para consejos de belleza desde extensiones de pestañas –más cortas tras la quimioterapia- a pezones de silicona. Estefanía ha llegado incluso a estar en la consulta de una paciente que se iba a reconstruir el pecho y estar dudando: “¿Qué hago? ¿Lo hago o no lo hago?”. Estefanía cierra la puerta, se quita la camiseta y dice: “¿Te gusta? ¿No te gusta? Pues mira… duele aquí… duele aquí… o esta marca aquí…” Para ella, esto “es fundamental en muchísimos casos para que la gente tome una decisión”.

En el caso de Álvaro Cabo Ciudad,  el tema que más aborda en Mi país a través de mis ojos es la educación. También habla de actualidad política y economía pero nunca pierde el foco: ayudar a través del blog, su libro Ser inteligente no es un delito y su conferencia Tu éxito está en tu esfuerzo, a las personas que posean altas capacidades y sobre todo dar herramientas a los profesores para sacar provecho de ellas. Uno de las entradas de las que más orgulloso está es Ni uno más. Fue publicada el 22 de enero de 2016, el mismo día en que Diego González –un chico de altas capacidades- se suicidó. “Estaba tan sumamente cabreado que ni leía lo que escribía”, afirma Cabo Ciudad quien no ve lógico que un chico pueda suicidarse por tener tal dotación.

“Tienes que tener claro que si quieres mantener un blog más de dos años, no puedes malgastar tu tiempo jugando a la play, en redes sociales, en el ordenador…”, opina el joven talaverano. El futuro está a la vuelta de la esquina. A Pedro le gustaría “con el tiempo” convertir Fuertecito no ve la tele en un portal de autores “pero es algo que lleva tiempo y un poco más de organización que no puedo dedicar”. Violeta contempla la consolidación de 1 de cada 10. Existirá si tiene sentido. Si no, “habrá sido una experiencia maravillosa”. Álvaro augura el mañana desde su faceta más emprendedora: “Mi país a través de mis ojos va a tener una expansión a Latinoamérica brutal”. En el caso de Adiós, Lolas, Adiós, el tiempo se mide de distinta manera. “Yo soy una enferma de alto riesgo y siempre voy a tener revisiones, siempre voy a tener momentos de tensión, siempre voy a tener momentos de dificultad porque la enfermedad te ha dejado unas secuelas que irán apareciendo con el tiempo. Material siempre va a haber”, se resigna Estefanía. Dependerá de ella si le apetece seguir. A día de hoy, todo el futuro del mundo.

domingo, 10 de julio de 2016

Relatos Cortos (XXVII)


Siempre se había tragado la normatividad de las relaciones afectivas, concretamente las que atañían al amor y al sexo. «Poner los cuernos». Creyó durante la adolescencia y los albores de la post-adolescencia que la infidelidad hablaba de carne(s). Pero no. El mismo día que cumplió veintiún años, comprendió que el ser infiel no entendía de camas sino de algo tan abstracto como dedicar pensamientos o reservar un minúsculo hueco en el corazón a otro verdugo. Un mes más tarde -tras un aparatoso accidente de coche sin víctimas en el que él no se vio involucrado físicamente- rompió una fidelidad no sexual sino sentimental al reencontrarse con un fantasma del pasado más reciente. Año y medio después, en pleno verano de El Retiro, tras la búsqueda de césped y sombra, vomitó aquella teoría bajo sospecha allá por donde había sido divulgada al principio de su elaboración como mera excusa (para dar rienda suelta a su promiscuidad). No lo era. Encontró la refutación en un ser lunar procedente del otro lado del Atlántico, más cercano a los cuarenta que a los treinta. Su nombre compuesto delataba su status de semidios aborigen al estar formado por aquel que le descubrió el amor y aquel que le robó la virginidad (término que siempre masculló con incomodidad): J.M. Dicha creación de Platón había encontrado ya su otra mitad cinco años atrás pero aquellos besos bajo el pulmón de Madrid no tenían forma de miura sino que gritaban soledad a los calurosos cuatro vientos.

Nunca más volvió a saber de después de aquel julio-agosto de 2012...

«Maldito narrador manipulador, ¡sí supe! Intercambiamos algún que otro correo electrónico por septiembre de ese año. Me habló de las series que había visto e incluso comentamos el episodio de The Newsroom dedicado a la muerte de Saddam Hussein. Me recomendaba insaciablemente 30 Rock. Pero claro... yo ya estaba entretenido con un casi treintañero por aquel entonces»

...se le quedó en la retina aquel gel de baño fabricado artesanalmente por una amiga del susodicho -con el que se enjabonaron mutuamente tras uno de los tantos polvos-  y que en un intento por saber de su ascendencia, descubrió que no tenía padres. Quizás los mató metafóricamente. Vio incluso aquel bodrio llamado Closer para conocerle mejor. marchó a Toulouse. A enseñar español. Tras licenciarse en Periodismo. El recién desvirgado se apropió como recuerdo de un cojín azul olor-a-porro que acabó en el sofá de su madre, recostada en él mientras veía Sálvame. El-olor-a-porro fue esfumándose. Recientemente lo tiró por petición propia del hijo. Se apropió también de unos altavoces que acabaron en el felpudo del piso alquilado de unas excompañeras de universidad a las que inundó el piso. Literalmente. Y huyó. Pero si hubo un regalo de mudanza que el ladrón (de-su-virginidad) le ofreció fue El hombre duplicado de José Saramago. Andaba leyendo por aquel entonces Ensayo sobre la ceguera. Tres años después descubriría por accidente la apasionante Todos los nombres.

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Tan sólo podía pensar en Muchacha en la ventana de Dalí. Días después de visitar a Salvador en el Reina Sofía junto a M, se acercó a la Escuela Oficial de Idiomas donde había estudiado inglés durante cuatro años. Reparó en la pared del fondo de Secretaría: allí descansaba Anna Maria Dalí y Domènech.  Nunca se había fijado en ella. La última vez que respiró mar fue en las playas de Galicia el último febrero: «me apetece saborear la sal en agosto». ¿Barcelona? ¿Ferrol? ¿Brighton?