Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



sábado, 30 de agosto de 2014

Segundas partes fueron buenas (y diferentes)

Sin spoilers | Canales minoritarios estadounidenses como la rebautizada SundaceTV -anteriormente Sundance Channel- y PivotTV emiten a día de hoy contenido original indie auteu cuyo radio de difusión en el mundo seriéfilo es ciertamente limitado. 'Rectify' (Ray McKinnon, 2013) y 'Please Like Me' (Josh Thomas, 2013), respectivamente, forman parte de dicha oferta televisiva. Creo no caer en equívoco si ninguno de los dos productos fue concebido más allá de su primer año; especialmente 'Rectify' al anunciarse como una miniserie al igual que su compañera de emisión  'Top of the Lake' (Jane Campion, Garth David, 2013).

La primera, abalada por contar con los productores de 'Breaking Bad' (*), cuenta cómo son los primeros días de Daniel Holden (Aden Young) tras salir de la cárcel donde ha permanecido casi veinte años acusado de un asesinato que quizás no haya cometido. Ambigüedad y contemplación aparte, su primera temporada sirve para adentrarnos en ese microcosmos de Georgia: Paulie, ciudad natal de su protagonista, su familia y la víctima en cuestión. La serie, acorde con el conflicto expuesto, se toma su tiempo en dibujar a los personajes y colocar las piezas en el tablero; sin embargo, en su recta final se atreve con un inevitable y muy coherente cliffhanger  que bien podría funcionar como excelente cierre de una miniserie pero que también abre infinidad de caminos narrativos para una segunda temporada. Y así ocurrió, ¡equilicuá! 'Rectify' se ha visto "obligada" a cambiar progresivamente de formato -de miniserie de seis episodios a serie de diez episodios- y por tanto de estructura narrativa. Daniel Holden continúa siendo el rey del show pues es el motor de las acciones del resto de personajes pero éstos -más bien secundarios o satélites- se han visto beneficiados al contar con mayor tiempo en pantalla y así desarrollar líneas narrativas paralelas. El riesgo podría haber sido notable pero contar con personajes tan bien definidos como la familia Holden era apostar sobre seguro. No es ninguna novedad encontrar personajes femeninos tan interesantes como Janet, la madre pasiva; Samatha, la hermana luchadora y tenaz y Tawney, la cuñada religiosa. Y paradójicamente, todas ellan luchan por hacerse un hueco en un mundo de hombres. Pero sobre todo en el hermético y reducido mundo de Daniel.

(*) SundanceTV pertenece a AMC Networks.

'Please Like Me', aunque se emita en suelo americano, procede de la australiana cadena de televisión ABC. Creada, dirigida y protagonizada por Josh Thomas, la "dramedia" al estilo HBO (*) es una serie dentro de muchas series. Los seis capítulos de su primera temporada sirven para mostrar cómo se adapta el protagonista a su recién descubierta homosexualidad. La naturalidad y la ausencia del melodrama son sus mejores bazas. Bueno, y aunty Peg también. La renovación por un segundo curso han servido para, a través del salto temporal de un año, reducir levemente la omnipresencia de Josh en detrimento de personajes como su madre (**) y sus compañeros de piso. Mientras que 'Rectify' clausuró su curso el pasado 21 de agosto con la renovación por una tercera temporada bajo el brazo, 'Please Like Me' apenas ha emitido tres entregas de las diez grabadas por lo que no terminará hasta el 21 de octubre. Su renovación por un tercera temporada fue anunciada incluso antes del estreno de la segunda. ¡Toma jeroma!

(*) No dura ni 30 minutos.
(**) Spoilers | Su bipolaridad es una patata caliente en forma de trama.

viernes, 22 de agosto de 2014

El perro negro de Churchill

Emily Meade (Aimee) y Margaret Qualley (Jill) de izq a dcha
Sin spoilers | Menuda carrera se está marcando 'The Leftovers' su primer año de maratón. Curiosamente desde antes de su estreno ya se le pedía un sprint final meritorio del oro. De cobarde no tiene ni un pelo; de errática, unos cuantos; de acertada, muchos. Puede que la serie de HBO, Tom Perrota y Damon Lindelof tenga más de obra de nicho -¿y de culto?- de lo que sus inaugurales espectadores creyeron. Y divulgaron. Quizás es por ello la cantidad de cadáveres que ha dejado en su camino durante los, hasta ahora, ocho episodios emitidos. Me refiero a la audiencia potencial pues aún no entraré en materia de spoilers. La mayor duda y por extensión el mayor miedo de la masa seriéfila era sobre qué iba a tratar la serie tras una premisa que abrazaba el high-concept pero cuyas intenciones quedaron aún más opacas tras las declaraciones de sus responsables advirtiendo de la no resolución del enigma. Se aventuraron al pavoneo pues afirmaron que aquellos personajes y sus respectivos conflictos iban a importar muchísimo más que la desaparición del 2% de la población mundial. Jugar al salto al tiburón desde el minuto cero es peligroso pero para algunas obras de ficción, hacer equilibrismo sobre la delgada línea roja es lo que las convierte en algo más. 'The Leftovers' es algo más. ¿Irregular? Sí, pero precisamente dicho desequilibrio ofrece una relación de amor-odio que yo, como espectador torturado, compro. El mejor adjetivo para definir esta obra audiovisual es "venenosa". En el mejor sentido de la palabra si es que existe. Es tal el poso que deja en el espectador tras los créditos finales que uno ya sabe hasta en qué momento del día y de la semana puede o no ver el nuevo episodio. El cómo cada ser humano maneja su propio duelo tras una gran conmoción es el epicentro de la serie de televisión pero -y puede que aquí peque de apresurado- parece centrar el foco en un trastorno mental como la depresión. La presencia de tantos perros negros conecta con el Black Dog, término usado por Winston Churchill para acuñar su propia enfermedad; ¿mera coincidencia?

martes, 19 de agosto de 2014

Un final Made in Hollywood

Resulta paradójico que las últimas tres veces que haya gastado mis perrillas en el cine haya sido para ver super-producciones de Hollywood que, sinceramente, no necesitan de mi dinero para subsistir: 'The Amazing Spider-Man 2' (Marc Webb, 2014) 'The Fault In Our Stars' (Josh Boone, 2014) y 'Guardians of the Galaxy' (James Gunn, 2014). Por orden cronológico. No cualitativo. Las películas de superhéroes, ya sean marca DC Comics o Marvel, son carne de visionado en salas de cine junto a palomitas de mantequilla y caramelo y litros de Coca-Cola; dramas adolescentes baratos y superficiales, no. En 'The Fault in Our Stars' no hay ni rastro del dinero de Hollywood en su producción pero sí en su promoción. Ahí está su banda sonora y la cantidad de cantantes -en la cresta de la ola de la fama- involucrados en ella. Menudo marketing se montan los del otro lado del Atlántico para crear fenómenos inocuos. ¿Alguien se acordará de la historia de amor entre Hazel y Gus de aquí a unos años? Ni de lejos es la nueva '500 days of Summer' (Marc Webb, 2009). Eso sí, Shailene Woodley tiene todas las papeletas para ser la nueva Jenniffer Lawrence.

Leo que Felicity Jones rodó su cachito de metraje para 'The Amazing Spider-Man 2' como Gata Negra. Y yo me pregunto: ¿otro personaje más? Si de algo pecó la entretenidísima segunda parte del hombre araña fue precisamente el excesivo número de personajes y villanos. Entiendo que las segundas partes tienen la obligación de seguir a raja tabla el hollywoodiense  "más y mejor" pero a veces "menos es más". Haber hecho una especie de 500 days of Gwen llama a la utopía pero es la relación entre Peter y la rubia el hilo central de la película. Sin ella, el castillo de naipes de villanos hubiera caído por su propio peso. La presencia de Electro,a mi parecer, impide un mejor desarrollo de Harry Osborn/Duende Verde cuyas rabietas de niño consentido parecen estar infundadas en la nada. From here to the end, spoilers | Es más, parece que su sentimiento de traición por parte de Peter/Spider-Man procede de la extrema necesidad de encontrar una cura a su enfermedad, no de descubrir que es su amigo de la infancia quien se la ha denegado. No se le pueden pedir peras a un olmo pero una amistad de la infancia tampoco es para tanto. Y cómo siempre pasa con este tipo de franquicias, las películas no tienen un final cerrado sino que aprovechan sus últimos minutos para asentar las bases de la próxima entrega; en este caso, los Seis Siniestros. Algo que sinceramente estropea todo lo acontecido durante el enfrentamiento entre Duende Verde y Spider-Man. La muerte de Gwen hubiera sido la guinda del pastel. Felicity Jones y su Gata Negra no fueron las únicas en desaparecer del montaje final; Shailene Woodley y su Mary Jane también. Estos señores de Hollywood son unos cabroncetes. Nunca me entusiasmó la historia de amor entre Peter (Tobey Maguire) y Mary Jane (Kirsten Dunst) en la trilogía de Sam Raimi pero encuentro interesante ver una nueva visión de su historia de amor tras conocer a Gwen Stacy (Emma Stone), el gran amor de Peter (Andrew Garfield).

La última en sacarme los cuartos ha sido ‘Guardians of the Galaxy’, empujado por el entusiasmo generalizado de la masa twittera hacia la nueva producción de Marvel, precisamente la más alejada de todo su universo cinematográfico y de cómic. Minipunto, obviamente. Definirla como la versión wannabe de 'Star Wars' es otro minipunto por impredecible que me parezca (*). La omnipresencia mediática de Chris Pratt parece haber florecido como las boybands. Sin comerlo ni beberlo, apareces hasta en el periódico más mojigato del país más remoto del mundo donde comentan tus abdominales. Y dotes interpretativas. Prattismo lo han definido. Hollywood nunca deja de sorprender incluso en la maquinaría de crear estrellas. Shailene Woodley y Chris Pratt son un claro ejemplo de dicho proceso de producción. ¿La película? Muy, muy recomendable para ser "otro-piloto-más" del universo de superhéroes. Humor socarrón, acción non-stop; sentimentalismo y romanticismo en pequeñas píldoras, banda sonora chula y ochentera. Pero sobre todo su mayor virtud es no tomarse demasiado en serio. (**) Claro, que su defecto más visible es renunciar a la redondez en pos de soltar claves de lo que está por llegar: Thanos, el villano de los villanos y |¡Spoilers!| el árbol genealógico extraterrestre de Star-Lord. Que manera más chapucera de resolver dicho misterio.  |¡Spoilers!|

(*) Nunca he sido un gran fan de la franquicia de George Lucas. Quizás porque tampoco lo he intentado. Ouch!
(**) Al Batman de Christopher Nolan le sentó bien tomarse en serio; al Superman de Zach Snyder, no.

viernes, 15 de agosto de 2014

Relatos Cortos (XXVI)

Se vio inmerso en el Manhattan de Woody Allen aquellos primaverales días de abril. Pero de aquello tan sólo se percató a su vuelta a la España de Almodóvar frente a la pantalla del ordenador, observando periódica y nostálgicamente las fotografías que había realizado con la cámara prestada de su hermana. La niebla, la lluvia meona y los pétalos caídos a causa del viento golpeaban tan fuertemente su memoria que creía retornar a sus 17 años del otro lado del Atlántico. Existía la melancolía sana. Era aquella. La encontrada entre píxeles.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Almas resfriadas

Mia Farrow / Fotograma de 'Alice' (Woody Allen, 1990).
Como alguien que, desde los diez años, ha visto y vivido en propias y ajenas carnes lo que una enfermedad mental como la depresión puede provocar, me entristece leer que Robin Williams se haya ido de este mundo por la puerta de atrás por culpa de una depresión y un suicidio. Al igual que un ex-drogadicto nunca deja de ser eso -¡ex!-, un ex-depresivo nunca deja de serlo tampoco y siempre hay lugar para la recaída. La gente, o mejor dicho: internet, se sorprende, estúpidamente, que alguien que se dedicara a la comedia se encontrara en dicha situación cenagosa. Os diré algo, mis lectores, que he ido aprendiendo a lo largo de mis primeros años post-adolescencia: la gente que más feliz parece y más se ríe, a veces es la que más sufre por dentro. Quizás la supervivencia de una persona con depresión reside en intentar ser feliz cueste lo que cueste. No es cuestión de apariencias. Es cuestión de que el hábito haga al monje. El exceso de bilis negra ("Teoría de los cuatro rumores") ya fue objeto de observación y estudio para griegos y romanos. Debería existir una mayor conciencia social a cerca de una enfermedad mental como ésta, que en la mayoría de los casos deriva en enfermedades físicas. Todos y cada uno de nosotros libramos particulares guerras, de mayor o menor tamaño, pero guerras. Externas o internas. Y para que el la sufre, es el conflicto bélico más cruento y cruel. La simpatía es un arma de doble filo relativamente fácil de obtener para el ser humano. La empatía, no. Y como se dice en este artículo de The A.V. Club: "It's only when we talk about those issues openly and honestly than anything changes". No debe esconderse una patología como la depresión ni las visitas semanales al psicólogo. ¿Acaso uno esconde que va al fisioterapeuta porque le duele la espalda? Digo yo que si tu "alma", o llámalo X, está resfriada, habrá que ponerle remedio. Quizás los medios de comunicación deberían de dejar de tratar la depresión y el suicidio como estigmas sociales.

Palabra de un ex-depresivo.

sábado, 9 de agosto de 2014

Relatos Cortos (XXV)

Encuentro su última cajetilla de tabaco en una esquina tirada. Imagino, ¿cruelmente?, a su ex-propietario lanzándola sin vehemencia hacia ninguna parte. Ciego de rabia. El humo de los cigarrillos y el olor a nicotina continúan impregnando nuestro ex-pequeño-escondite. Mi pequeño escondite, ahora. Su cadáver continúa, ahí, donde lo encontré desfallecido por primera vez. No soy consciente del tiempo que ha transcurrido pues sospecho que el shock me ha inducido en un mundo donde tiempo y espacio carecen de importancia. La banalidad del transcurrir de la vida ya no es objeto de preocupación para un servidor, absorto por el duelo. Las manecillas de todos y cada uno de los relojes frenaron en seco en el momento de su partida. El olor a putrefacción me empuja con la mayor frialdad absoluta a lavar el cadáver de mi otro yo, mi amor. Descubro, estupefacto, la fuerza que logro albergar para su traslado a la bañera. Es entonces, junto al torrente de agua fría procedente del grifo, cuando inundo de lágrimas y enmudecidos gritos este dichoso minúsculo habitáculo. Mi deber es llamar a mis superiores para notificar el fallecimiento del sujeto y así dar por concluida una misión de la que nunca había creído ser capaz de formalizar. Percibo el ligero movimiento de las manecillas. Su reinicio. Es hora de despedirse.

lunes, 4 de agosto de 2014

Relatos Cortos (XXIV)

El compartir noche entre sábanas no supuso un gran esfuerzo en términos de privacidad pues contemplar los -ya decididos- últimos minutos de vida de un ser humano, determinado por la idea de dar por finiquitado su periplo terrícola, fue ya por sí sólo un usurpador acto de allanamiento de morada. La violencia con la que amasó su cuerpo, inducido ya en el trance propio entre la vida y la muerte, fue de tal impulsiva extremidad que le resucitó a golpes. Salvar a su réplica traicionó el principio básico que se había marcado antes de cruzar universos -crear lazos afectivos- pero lo que nunca había llegado a elucubrar era observar con sus propios ojos el intento de suicidio de aquel blanco fácil al que debía abatir. El rol adoptado de verdugo quedó caduco en cuestión de segundos pues no había gato ni ratón. Ni justicia de por medio.