Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



viernes, 31 de enero de 2014

Relatos cortos (VI)

Perdió la consciencia del pasar del tiempo mientras observaba aquel cuerpo semidesnudo que descansaba sobre sus sábanas. El único óbice que le privaba de la desnudez íntegra eran unos slips blancos que denotaban cierta vellosidad en el trasero. La familiaridad y el desconocimiento -simultáneos- que despertó en él aquella figura fueron tales que le indujeron en un hondo estremecimiento. La resignación se manifestó: «Me juré no volver a traer hombres a mi cama». A medida que, con cierto sigilo y curiosidad, se aproximaba al cuerpo, su memoria fue recuperando el vacío de la madrugada anterior. No salía de su repulsión; aquel sujeto era una réplica exacta de él mismo.

miércoles, 29 de enero de 2014

Relatos cortos (V)

Siempre había sido un firme creyente del refrán español «A quien madruga, Dios le ayuda». Contrariedad notable la suya puesto que ni madrugaba ni creía en Dios. Sin embargo, aquella mañana fue Dios quien se levantó temprano con el propósito de desquitarle de los dos únicos deleites de su existencia: su mujer y el sueño. Fue entonces cuando descubrió su gusto por otros, desconocidos hasta la fecha: la soledad y el amanecer. «¿Acaso existe algo irremplazable en la vida?» reflexionó en voz alta durante el velatorio. El desconcierto e incluso el repudio se apoderaron de los rostros de sus hijos. La ausencia de una respuesta verbalizada por parte de los presentes se saldó con un ataque a mano armada orquestado por la rabia del recién enviudado: «Ilusos; tenéis miedo a la muerte y lo que es peor, a la vida».

domingo, 26 de enero de 2014

La escena de la semana (XIII)

 
Aunque la encontré en la sección de comedia, 'Les petits mouchoirs' (Guillaume Canet, 2010) -'Pequeñas mentiras sin importancia' en español- es un dramón como la copa de un pino. Menuda tragedia francesa griega. A pesar de contener píldoras de humor que alivian la intensidad de la narración, subyace siempre de ésta una sensación continua de pesadumbre. El film es un vistazo de dos horas a las vidas de un grupo de amigos -ya entrados en la treintena- durante sus vacaciones. ¿Retrato generacional? ¿Reflexión sobre las relaciones humanas? ¿Panfleto moralista y aleccionador? Canet mezcla un baturrillo de secretos y mentiras cuya resolución llega más o menos a buen puerto. ¿Es un acierto o un fallo el que casi todos sus personajes encaren los conflictos esquivándolos? Son cobardes y en éso la realidad es aplastante. La película se merece un notable alto pero le sobran los últimos diez minutos de metraje; too much, baby! La banda sonora es una delicia; Maxim Nucci se luce cantando 'Talk to me' y protagoniza una de las escenas más emotivas. Sorpresa la mía, además, escuchar 'Crucify Your Mind' de Sixto Rodríguez en los títulos de créditos.  Ambas canciones resumen a la perfección los dilemas personales expuestos: chapeau!
 
"Seems like the sun is shining on everyone but me"

jueves, 23 de enero de 2014

Relatos cortos (IV)

Llegó a la conclusión de que cuanto mayor era, menor era su pudor a la hora de cagar en baños públicos. Era de lo único que estaba seguro a tres días de entrar en la veintena. «Menuda cagada» dijo su conciencia. Aunque había de confesar que también era mayor su disfrute en el sexo con los hombres y menor su reticencia a abandonar personas física y mentalmente. No suponía un drama cumplir años, ni cagar en un váter ajeno ni su incipiente promiscuidad. No se detenía por preocupaciones insulsas pues sólo se importaba él mismo, haciendo gala de un egocentrismo que, desgraciadamente, se acentuaba con el paso del tiempo. Era plenamente consciente de la rivalidad que existía entre afección y egolatría. El conseguir un sin fin de vivencias y recuerdos no le quitaba el sueño; dicha improbabilidad ya había sido estudiada.Tenía barba y labia- había nacido con bigote y entrecejo- pero no poseía suficiente paciencia que invertir en corazones foráneos. La única en su haber era reservada para sí mismo.

martes, 21 de enero de 2014

Relatos cortos (III)

Reservé un sitio para ella en el último asiento libre de la biblioteca. A mi lado. Cada vez que alguien se aproximaba con la intención de sentarse en él, mi mirada fulminante respondía anticipadamente a su previsible "¿Está ocupado?" Siempre me había quejado de las personas que se apropiaban de espacios públicos por motivos privados y de repente caí en su mismo saco. Caí -por segunda vez- en la cuenta de que nunca había logrado comprender los motivos de aquel acto usurpador. ¿Era por amor? ¿Por amistad? ¿Por compasión? ¿Por coacción tribal? Sinceramente no era de mi interés aquella duda que brillaba por su ausente existencialismo. La ausencia en sí era mi mayor preocupación. Yo tan solo esperaba a la persona adecuada para sentarse a mi lado. El problema es que aún desconocía quién era. Cada noche era la última en abandonar la biblioteca, asolada y contagiada por una sensación de pesadumbre. Con el avanzar de mis pasos en dirección a casa, aquella pesadumbre solía mutar en enfado y más tarde en indiferencia. Era entonces cuando mi capacidad de retentiva y memorización aumentaban esponencialmente durante la madrugada sin aquella molesta obsesión por encontrar a mi amor platónico e intelectual. El insomnio era el arma más mortífera contra Cupido pero por desgracia mía; el tiempo, el sueño y la propia condición humana confabulaban contra mí. Me acostaba como femme fatale para levantarme como una Julieta más, en busca de otra a la que amar durante el día y asesinar antes de medianoche.

domingo, 19 de enero de 2014

C'est la vie (d'Adèle)

No me gustó 'La vida de Adèle' (Abdellatif Kechiche, 2013), lo que me cabreó notablemente. Ir a contracorriente a veces es placentero pero hay ocasiones en las que uno tan sólo quiere sumarse a la unanimidad y disfrutar de películas alzadas a la gloria por la masa cinéfila. Confieso ser un mal cinéfilo; no suelo tolerar las películas excesivamente largas por lo que fue un tanto incómodo estar sentado tres horas en la butaca del cine.

Mi conciencia: -¡Sabías a lo que ibas!
Yo: -Pues sí.

De ésto hace ya dos meses. Los culpables de este post son el tiempo y la memoria, artífices de permutados pensamientos y sensaciones. Lamentablemente 'La vida de Adèle' pertenece a esa categoría de películas que ganan con el tiempo. Afortunadamente pertenece también a otra categoría: al cine que cala hondo. Que penetra. Que convierte tres horas de ficción en minutos diarios de realidad. No hay día que no recuerde alguna escena o diálogo de ella. ¿Cómo olvidar el momento en el que Adèle se cruza en la calle con "la chica del pelo azul"? ¿O cuando se conocen en el bar y descubre que su nombre es Emma? ¿O su primer paseo desde el instituto de Adéle ante la mirada atónita de sus compañeros? ¿O su primer beso con los rayos de sol atravesando sus labios?

'La vida de Adèle' se merece un reconocimiento por contener tanta realidad. Por no ajustarse al manido planteamiento-nudo-desenlance. Por tomarse tiempo en las elipsis. Por retratar el amor adulto de una nueva generación. Por construir un punto de vista propio sobre la homosexualidad y el adulterio sin recurrir a clichés ni convencionalismos. Por su espléndida fotografía. Por crear dos mundos, dos realidades, dos maneras de ver la vida y vivir, dos personajes femeninos de carne y hueso. Por hacernos creer que lo heterogéneo es homogéneo. Por llevar a cabo una sincera y austera anatomía de una relación sentimental. Estoy seguro de que volveré a verla en algún momento de mi vida.
"Siento que estoy fingiendo en todo, soy yo a la que le falta algo"

domingo, 12 de enero de 2014

La escena de la semana (XII)

 
Una de mis películas favoritas es 'Beginners' (Mike Mills, 2011) por lo que llevaba cierto tiempo detrás de la ópera prima de su director: 'Thumbsucker' (id, 2005). Allá por noviembre del pasado año la encontré baratísima en una tienda de segunda mano en Madrid pero no fue hasta el 22 de diciembre cuando decidí verla. Se nota quién está detrás del proyecto puesto que la película rezuma creatividad (*) a raudales. Tan sólo hace falta echarle un ojo a los pósters promocionales. Los títulos de crédito -sonando 'Scream & Shout' de The Polyphonic Spree- son ya una declaración de intenciones.  Es cierto que la perfección que Mills alcanza en su segunda obra no está presente en la primera pero contiene elementos identificativos de su potencial. Percibí una mejor escritura de los personajes (**) y los diálogos que de la trama en sí; el despertar oscuro adolescente (**) muta hacia algo mucho más light con el paso de los minutos y los conflictos encuentran resoluciones un tanto fáciles. Funciona mejor el drama que la comedia. Dan ganas de achuchar a Tilda Swinton, eso sí. Lo de Keanu Reeves es un WTF.

(*) La página web de Mike Mills no tiene desperdicio.
(**) Con mayor atino en los adultos que en los adolescentes.
(***)El trastorno por déficit de atención con hiperactividad en adolescentes es algo que se podría haber explorado de manera más profunda así como su tratamiento médico.

jueves, 2 de enero de 2014

La escena de la semana (XI)

Que mejor manera de empezar el 2014 que viendo uno de los mejores largometrajes del 2013. Ni su padre, ni su tío; fue Jonás Trueba quién se marcó un peazo película el pasado año. ¿Su nombre? 'Los Ilusos'. ¿Sobre qué trata? El cine dentro del cine: el deseo de hacerlo, lo que hacen algunos cineastas cuando no están detrás de las cámaras. La cotidianidad: conversaciones, paseos, borracheras, la soledad, el estar enamorado, tomar algo en un bar con un amigo, comprar un libro, ir a comer a un restaurante chino. ¿Acaso no os veis a vosotros mismos en este fragmento? Francesc Garrido brilla con luz propia durante la mitad del metraje para luego compartirlo con la omnipresente Aura Garrido cuya encanto se ve acentuado gracias al blanco y negro. Descubriréis uno de los besos más realistas y creíbles plasmados en pantalla.  Y qué decir de esa despedida entre dos amantes en la boca del metro de Antón Martín: la incertidumbre del reencuentro. Es otra mirada a la juventud y al amor, otro retrato generacional. La antagonista perfecta de 'Stockholm' (Rodrigo Sorogoyen', 2013) al poner también la lupa en un tema controvertido: el suicidio.
"El cine es como la vida, una mezcla de cosas tristes y alegres"