Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



jueves, 31 de julio de 2014

Sobrevivir al high-concept

Sin spoilers | Leo con entusiasmo moderado sobre 'Refugees', una de las próximas apuestas en materia de ficción de Atresmedia que se emitirá en La Sexta el próximo otoño. Formar parte del extenso pero reciente catálogo de series de Bambú Producciones ya es sinónimo de garantía en términos de calidad pero son realmente otros factores los que me empujan a dicho enardecimiento cercenado: enmarcarse en el género de la ciencia ficción -aunque sea light-, una primera temporada de ocho episodios cuya duración se limita a los cincuenta minutos y tratarse de una co-producción con BBC Worldwide. ¡Ahí es ná! 'Refugees' se vende como "el mayor éxodo de la humanidad" aludiendo a viajes temporales pero productores ejecutivos y guionistas ya se han cubierto las espaldas al manifestar sus verdaderas intenciones: el intimismo. Historias pequeñas y personales. Ramón Campos, productor ejecutivo, compara este nuevo proyecto con la británica 'In The Flesh', también de la BBC. Me encanta la ciencia ficción entre cuatro paredes; esa que convierte a películas como 'Another Earth' (Mike Cahill, 2011) o 'Perfect Sense' (David Mackenzie, 2011) en brillantes acercamientos al género a través de lo pequeño. Menos es más. Lo mismo sucedió con la serie 'Fringe' tras deshacerse paulatinamente de un gran lastre -la ambición del relato, los misterios y los villanos- para centrar el foco en su trío protagonista y dejarse de mitologías cuasi-inexplicables y grandes conspiraciones. En cuanto todo se volvió más personal e íntimo, la serie cogió fuerzas y despegó. Tan sólo hay que comparar su episodio piloto con apariencia de blockbuster hollywoodiense y el primer episodio de la quinta y última temporada. O ver la evolución, a lo largo de 100 episodios, del personaje de Olivia Dunham. Nada que ver. Es por ello que 'The Leftovers' me conquistó desde antes de su estreno pues se presentó al público sin pretensión ni vanidad. El objetivo de Damon Lindelof y Tom Perrota no es dar círculos alrededor de su particular premisa -la desaparición del 2% de la población mundial- en busca de la respuesta más satisfactoria al gran enigma sino situar la acción tres años después de lo sucedido y en una pequeña localidad remota donde conviven todo tipo de personajes y conflictos, producto del duelo. No entiendo a esos espectadores, que tras cinco episodios y una gran cantidad de enigmas abiertos, continúan quejándose de la falta de respuestas. ¿Qué tipo de serie creen que están viendo? Ataques como "lo más importante que ha pasado en cuatro episodios ha sido el robo del niño Jesús" resultan vacíos y gratuitos al no querer escarbar en la superficie. No es fácil ser un espectador activo y paciente con todos los productos audiovisuales. Algunas veces a uno sólo le apetece una hamburguesa de Burguer Chef y una coca-cola bien fría. Seguro que Don Draper, Peggy Olson y Pete Campbell estarían de acuerdo conmigo. Y me lo venderían requetebien.

lunes, 28 de julio de 2014

Relatos Cortos (XXIII)

Le besó su párpado derecho. La palabra, como mero trámite de arbitraje, brilló por su ausencia pues no hizo falta ninguna. Aquel tango corporal entre los labios del emisor y el párpado derecho del receptor fue mensaje y canal simultáneamente. Fue un canto sin letra a la imperfección. Al compás de una despedida atemporal, su futuro en común se expandía en el horizonte pues aquellos dos recién estrenados amantes tenían todo el tiempo del mundo que dedicarse.

sábado, 26 de julio de 2014

Relatos Cortos (XXII)

Tras varios meses de agonía compartida, su otro yo dejó de formar parte del mundo de los vivos. La invasión del dolor, fruto envenenado de enviudar, no empañó su gratitud hacia su particular dios -con d minúscula- por la concesión del inexplicable placer de compartir vida con su media naranja. Tras el castigo de Zeus o cómo-diablos-se-llamara sobre los seres lunares, éstos habían quedado divididos en dos y huérfanos de una mitad con la que acabarían reencontrándose en una desesperada búsqueda a contrarreloj. Tras aquella rebelión amorosa, Zeus comprendió que la división no sólo debía ejecutarse sobre aquellos seres sino también sobre el universo en sí; de ahí la creación de dos universos y un muro inquebrantable: el espacio. Recién enviudado, se vio en la tesitura de darle una explicación -cuyo grado de raciocinio era mínimo- a todos los hechos acontecidos en los últimos meses: la aparición de síntomas de un cáncer del que no había rastro, la revelación de los médicos acerca del origen de tal anomalía, el viaje a otro universo bajo un plan de asesinato que nunca llegaría a ejecutarse, la salvación de una vida ya condenada, el reencuentro de dos seres que desconocían ser lunares, la cata del sexo de los ángeles.... ¿El siguiente paso? La usurpación de una identidad, tal y como le había prometido en su lecho de muerte. "Nunca dejes que mi madre descubra que su hijo está muerto" resuena en su corazón veinticinco horas al día.

martes, 22 de julio de 2014

Relatos Cortos (XXI)

Aviso y reiteraré cuantas veces sea necesario: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Confío en la abstención de escándalo por docentes de la enseñanza pública. Me pregunto si resulta legítimo o necesario denunciar a un blogger de 20 años ante la Guardia Civil. Gracias a quien me lee anónimamente. Y a quien no. Le dedicaba poco tiempo a la literatura por placer. Muy poco. El verano era su momento idóneo para zambullirse entre páginas pero aquel, el del 2014, no sería recordado por la cantidad de novelas que leería pues bastante ocupado le tenía su primer trabajo remunerado. Obviamente prefería recibir dinero a cambio de su mano de obra -aunque la plusvalía fuera mayor de lo que esperaba- que vivir otras vidas. Que Karl Marx le pillara confesado. 'Cielo Abajo' (Fernando Marías Amondo', 2005) y 'La Catedral' (César Mallorquí, 1999) fueron dos de las primeras lecturas de su adolescencia que más había disfrutado. La primera la mandó ese típico profesor de Lengua Castellana & Literatura del instituto que a un adolescente le marca. Creyó no caer en equivocación al afirmar que fue el primer hombre homosexual con el que mantuvo contacto directo. No se malinterpreten sus palabras pues se refería únicamente a una comunicación bidireccional y al tacto entre manos con motivo de despedidas. Se atrevió a suspenderle una evaluación durante 2º de la ESO pero reconocía haber sido un muy mal estudiante durante la edad del pavo. Confesó: le pilló copiando en un examen. Mantuvo siempre la creencia de que su estrecha relación -buena por momentos y terrible durante otros- se debió a una sospecha mutua a cerca de su  igual orientación sexual. Le constaba que había hecho todo lo posible por ayudarle cuando casi todas sus amistades le abandonaron. Al tercer año de instituto, dejó de ser su profesor y empezaron a ignorarse por los pasillos. Al cuarto, se marchó de allí tras una estela de rumores: le habían echado por mala praxis. Vivía con su madre y su hermano. Tenía un vecino que tocaba muy mal la flauta. Venía a trabajar en tren desde una ciudad aledaña a la suya. Le olía mal el aliento. Se reía como la loca de los gatos de 'Los Simpson'. Una vez se tiró un eructo entre carcajadas enfrente de sus alumnos; aquella anécdota corrió como la pólvora. Vestía con ropa más propia de su padre. Hace un tiempo se reencontró con él en sueños protagonizando una persecución en coche. Uno como hostigador; otro como fugitivo. Resonaban, cada cierto tiempo, enigmas banales a cerca de su figura y su malsana relación que nunca serían desvelados: "¿Se acordaría de mí? ¿Fui especial para él? ¿Y qué más da?" La segunda lectura la mandó esa profesora de Lengua Castellana & Literatura que manifestó sin rubor ninguno durante una excursión escolar su gusto por 'Sin tetas no hay paraíso'. La versión de Telecinco. La veía con su(s) compañera(s) de piso. Siempre albergó cavilaciones a cerca de un posible affaire entre ella y su profesor de geografía –más tarde jefe de estudios-. Llegó a 4º de la ESO con quince años y unos cuantos kilos de más. Fue entonces cuando, gracias a su profesor de Literatura Universal, descubrió  sus dos obras literarias favoritas: '1984' (George Orwell, 1949) y 'Madame Bovary' (Gustave Flaubert, 1857). Sus dos géneros predilectos: la ciencia ficción y el culebrón de calidad. Quevedo se había referido a Góngora como "un hombre a una nariz pegado". Se atrevió a calificar a ese señor-porque estaba casado y tenía un hijo y un coche- como "un hombre a un ego pegado". Menudo impresentable que no dudaba en inventarse batallitas con cotas de ficción difíciles de digerir. Pero se lució proyectando en clase 'Blade Runner' (Ridley Scott, 1982) y 'Fahrenheit 451' (François Truffaut, 1966) como grandes adaptaciones literarias a la gran pantalla. Confesó: le importaron un comino en aquel momento. La gran y única preocupación de sus dieciséis años era la búsqueda de una identidad sexual. Con 18 y una identidad sexual ya estructurada -pero no sólida- se reencontró con la literatura del siglo XX gracias a 'Nada' (Carmen Laforet, 1944). El melodrama hecho a medida para un servidor. Aquel verano post-selectividad, además de finiquitar exhaustivo la malograda trilogía de 'Los juegos del hambre' (Suzanne Collins), se divirtió como un enano con 'Sin noticias de Gurb' (Eduardo Mendoza, 1999) y sufrí (*) con 'Ensayo sobre la ceguera' (José Saramago, 1995). Ese mismo verano, por casualidad, un amante periodista perroflauta le regaló 'El hombre duplicado' (Jose Saramago, 2002) a cambio de su virginidad. Sin embargo no supo del desenlace de Tertuliano Máximo Alfonso hasta septiembre de 2013 sucediéndose la lectura de 'El amor en los tiempos del cólera' (Gabriel García Márquez, 1985) entre las cuatro paredes de una habitación de hospital. "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?" podía funcionar como perfecto reclamo de la citada novela de Márquez. Ya con diecinueve años, alrededor del cuarenta de mayo, eligió de su estantería 'El amante lesbiano' (Jose Luís Sampedro, 2000) como lectura veraniega y es entonces cuando sus experiencias sexuales encontraron réplica en menos de trescientas páginas. Recordó, como correlación, dos productos audiovisuales que ahondaban en eso: la identidad sexual y la transexualidad. Uno era la película y musical 'Hedwig and the angry inch' (John Cameron Mitchell, 2001) y otro era 'Transparent' (2014)  serie de Amazon creada y escrita por Jill Solloway, responsable de guiones de 'Six Feet Under' y 'United States of Tara', otras dos series cuyos personajes vivían en un -definámoslo- "complejo universo sexual". Conoció a Tara Gregson, sus alters y familia en 2010 mientras que a los Fisher, en 2011. Precisamente fue el viaje de los hermanos David y Claire Fisher a lo largo de las cinco temporadas de 'Six Feet Under' lo que le hizo ver con mayor lucidez su periplo de filiación, su propio viaje. Su virginidad se marchó a Toulouse en verano de 2012 pero fue un año antes cuando se deshizo de un verdadero lastre: su mente heterosexual.

viernes, 18 de julio de 2014

El sexo sentido

Caricatura de José Luis Sampedro
por Iñaki Cerrajería
"Ama y haz lo que quieras" - Agustín de Hipona

Sin spoilers | Siento si anduve por los cerros de Úbeda y Baeza en el anterior post; en éste iré al grano: Jose Luís Sampedro y su amante lesbiano. Uno nunca debe dejarse engañar por el título -o titular en el caso de las noticias- pero me sentí, en la librería, inmediatamente atraído por un título tan inusual unido a un hombre de tal renombre. Ya tenía regalo para mi señor padre por Navidad y así usarlo como conejillo de indias literario. Matar dos pájaros de un tiro es mi afición favorita. No hubo víctimas desplumadas ni tiro pues mi señor padre nunca ha sido carne de regalos navideños ni leyó la novela. Vamos, que me salió el tiro por la culata.

Me resulta socarrón que Sampedro recurra a una frase de Agustín de Hipona -teólogo, obispo y santo- como preludio de 'El amante lesbiano' cuando bajo la superficie de su obra erótico-festiva-humanística se instala una mordaz y explícita crítica a la Iglesia. Culpa a la religión de reprimir sexualmente al hombre pero ya no sólo al convertir el acto sexual como pecado sino al enterrar la identidad sexual del individuo sin pudor e impunidad ningunos. O eres varón heterosexual dominante. O eres una fémina heterosexual sumisa. No hay mayor combinación a ojos de Dios con D mayúscula. Es entonces cuando la represión emerge con tal violencia silenciosa que convierte al ser humano en una mera proyección de su sombra. Y si algo aprendí de 'Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas' (Ricard Vinyes, 2002) es que, además de la incertidumbre, el peor castigo es la aniquilación de la identidad. Ya sea política o sexual.

'El amante lesbiano' tiene dos protagonistas. O más bien tres: Mario, Farida y Miriam. Propiamente dicho no hay personajes secundarios; sino más bien, apariciones estelares de miembros de la familia de Mario cuya intervención ahonda más si cabe en el drama del protagonista masculino y arroja luz sobre el pasado de todos ellos. Otra pullita a la Iglesia es la conversión del todopoderoso en diosa, personaje equiparable en funciones al sentido común del protagonista de 'El hombre duplicado' (José Samarago, 2002). Espacio y tiempo son narrados en primera persona pero el misterio reside en el cómo pues en Las Afueras la coyuntura espacio-temporal es intrascendente. Forma y fondo se conjugan de tal manera que uno acaba absorto por las descripciones (*) y las palabras de sus personajes.

(*) Farida es descrita por Mario como una Afrodita árabe.

Ahora que ha proliferado el gusto por la novela erótica debido al éxito de '50 sombras de Grey' (E.L. James, 2011), 'El amante lesbiano' podría funcionar como contrapunto al contar también con sus peculiares Christian Grey y Anastasia Steele. Pero la prosa de Sampedro invierte poca tinta y espacio en las famosas prácticas sexuales del citado best-seller sino en las profundas emociones que concadenan nimios actos como por ejemplo vestir ropa interior, medias y tacones. El sexo es un factor latente a lo largo de las casi trescientas páginas pero no necesariamente materializado en actos sexuales. Porque el sexo es algo más que el aparato reproductor con el que nacemos.

PD: Para finiquitar este cuasi-monográfico transgénero, recomiendo encarecidamente el documental español 'El sexo sentido', emitido en 'Documentos TV' (La2) el pasado mes de junio. Quizás su única pega es mostrar sólo la cara amable.

lunes, 14 de julio de 2014

El oficio del artificio

Sin spoilers | Puntualizar un par de cosillas antes de comenzar a disparar divagar:
  • No he leído la novela 'The Fault in Our Stars' (John Green, 2012)
  • Los guionistas encargados de adaptarla a la gran pantalla han sido Scott Neustadter y Michael H.Weber, responsables también de los libretos de  '500 días de verano' (Marc Webb, 2009) y 'Spectacular Now' (James Ponsoldt, 2013), esta última también adaptación de una novela de Tim Tharp.
  • Vi la película doblada al castellano por lo que me perdí a Laura Dern (protagonista absoluta de 'Enlightened') en versión original. ¡Maldita sea! Encontrar a Sam Trammell (el cambiaformas de 'True Blood') como padre de la protagonista en cambio no me convenció.
  • Shailene Woodley haciendo de hija borde de George Clooney en 'Los descencientes' (Alexander Payne, 2011) mola más que haciendo de niña buena en las citadas 'Spectacular Now' y 'The Fault In Our Stars' (Josh Boone, 2014).

Material inflamable: el cáncer. Material aún más inflamable: el cáncer en la adolescencia. Me vienen a la cabeza la serie de televisión catalana 'Polseres Vermelles' (TV3, 2011-) y la española 'Física o Química' (Antena 3, 2008-2011). Dejo al lector adivinar cuál se llevó al gato al agua en crítica y/o audiencia. Difícil no es. Fuera de nuestras fronteras, la segunda temporada de 'In Treatment' (HBO, 2009) contó con Alison Pill para dar vida a April, una joven recién-salida-de-la-adolescencia con cáncer. 'The Fault in Our Stars' -'Bajo la misma estrella' en español- mezcla el cáncer y el drama romántico de manera errática al mezclar el artificio (*) y la más cruda realidad, ofreciendo dos productos en uno. Siento si hiero la sensibilidad de algún lector pero, ¿cómo es posible que una adolescente con cáncer terminal cuya infancia ha pasado en hospitales viva así el típico amor de la edad del pavo? Entiendo que un adolescente con una vida más o menos normal deje todo de lado y se obsesione por una persona -mirando constantemente el whatsapp- pero chirría cómo difiere el pasado relatado en voz en off y su comportamiento en el presente por mucho sarcasmo y humor negro de los que se valga. Por no mencionar cómo se relega la figura paternal a un segundo plano. Y si lo que uno quiere es hacer llorar al público, no es muy recomendable crear clímax(es) dramáticos cada dos por tres porque te cargas esa olla a presión. [Mini-spoiler] El viaje a Holanda es ya pa' mear y no echar gota [Mini-spoiler]. Me entristece ver cómo los guionistas no han sabido sacar un mayor jugo a elementos como el miedo a no ser recordado, la pérdida y el duelo de un hijo por parte de los padres (**), el primer amor y especialmente la enfermedad en la adolescencia y la frustración que conlleva. ¿Por qué nunca se habla del suicidio? Supongo que lanzar preguntas al aire es igual de inútil que esta película.

(*) Para dar forma a esa gran historia de amor idílica adolescente. Indigesto.
(**) 'Rabbit Hole' (John Cameron Mitchell, 2011) es una buena muestra de ello.

lunes, 7 de julio de 2014

El señor McGuffin

Sin spoilers | Si en la anterior entrada hablé del castigo del protagonista de 'Rectify', en ésta hablaré de aquel que una fuerza -llamémosle "externa"- somete sobre ese 98% de la población mundial que presencia la desaparición del ese otro 2% en 'The Leftovers'. Ambas series de televisión comparten un mayor número de similitudes de lo que a priori pueda parecer. Si a 'Rectify' no le hizo mucho favor la etiqueta "de los productores de 'Breaking Bad'" para promocionar su primer año al ser dos productos totalmente opuestos, a 'The Leftovers' tampoco le conviene lucir el nombre de uno de sus productores ejecutivos y guionistas: Damon Lindelof. Y más si cabe cuando se trata de su primera incursión televisiva tras 'Perdidos' y ambas comparten una premisa cuyo punto de partida cuenta con un high-concept tan grande como una catedral. Después de la que se montó con 'Lost' a causa de un fanatismo exacerbado sin límite ni sentido ningunos, el pobre de Damon se tiene aprendida bien la lección y ha declarado que su objetivo NO es desvelar EL enigma sino adentrarse en la piel de sus personajes. Otra catedral grande pero esta vez como McGuffin. Y es ahí donde el señor de New Jersey se ha marcado un touchdown pues la nueva serie de HBO se desmarca inmediatamente de la ciencia ficción más pura y dura para adentrarse en un terreno aun más enfangado: la ciencia ficción ligera a nivel científico pero intensa a nivel emocional. Character development! Aquí no hay científicos locos devanándose los sesos en búsqueda de respuestas sino víctimas de un suceso que escapa de toda lógica posible. Como en 'Otra tierra' (Mike Cahill, 2011)', una de las mejores películas enlodazadas en el género. Importa el después, no el qué. Importan las consecuencias, no las causas. Pero si hay un gran enigma con el que ambas series coquetean es la vida misma. El (sobre) vivir. Al igual que hizo en su momento 'A dos metros bajo tierra' diseccionando la muerte y el duelo.