viernes, 2 de octubre de 2015

Flor de un día


Sin spoilers | Mar de plástico (Antena 3) y Rabia (Cuatro) han sido los últimos estrenos en materia de ficción española. La primera, un thriller que gira -otra vez- sobre el asesinato de una adolescente pero con sabor a mediterráneo e ínfulas socioculturales; la segunda, otro thriller pero sobre una España post-apocalíptica invadida por una epidemia (el cartón-piedra).

Vis a vis (Antena 3) y El ministerio del tiempo (TVE) causaron verdadera sensación el pasado curso televisivo entre seriéfilos poco adeptos a la ficción nacional. Resultaba -exageremos- anacrónico a la par que fantástico leer el timeline de twitter de un servidor y ver cómo consumidores de series anglosajonas comentaban en directo ambas series de televisión. Me vi -exageremos de nuevo- obligado a ver sus rectas finales en directo ante el miedo al spoiler matutino. Añadiría el segundo año de Sin identidad aunque comprendo que sea la gran olvidada; ¡era la sucesora de la Herederos de Concha Velasco! A pesar de que TVE diese el pistoletazo de salida con las nuevas Carlos Rey Emperador y Olmos y Robles, las apuestas recaían en Mar de plástico y Atresmedia: ¿serían flor de un día Vis a vis y El ministerio del tiempo? Cierto es, hay que reconocer, que el recibimiento de estas dos últimas fue tan vitoreado por inesperado. Mar de plástico ha sido esperada; el hecho de invitar a la prensa especializada en televisión al rodaje lo ejemplifica. Más si cabe después del coqueteo fallido -en términos creativos- con el género del thriller con el primer volumen de Bajo sospecha. Habrá segundo. Sin Blanca Romero, oh. Si algo ha dejado claro Mar de plástico durante sus dos primeros episodios es que los exteriores -e interiores, leñe- naturales son clave a la hora de contar una historia de este corte (¿neo-noir?, ¿whodunit?) que bebe obviamente de la película La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014). Atresmedia ya se fijó en el taquillazo de Mediaset Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) para dar luz verde a su comedia Allí abajo y esta primavera se demostró la eficacia de trasladar fórmulas de éxito del cine mas reciente a la televisión (*). En marcha está la adaptación televisiva de Perdiendo el norte (Nacho G. Velilla, 2015). Sin embargo lo único que emparenta Mar de plástico y La isla mínima es la atmósfera amparada por una fotografía (**)y una banda sonora a cargo de Julio de la Rosa que no concuerdan con lo que se nos cuenta, un hecho y unas ramificaciones familiares y socioculturales que deberían estremecernos. No ayuda el subrayar -verbalizar- constantemente los frentes dramáticos ni tampoco la presencia de actores poco inspirados empezando por el protagonista Rodolfo Sancho que no impone y unos Jesús Castro y Luis Fernández fuera de lugar. Veteranos como Pedro Casablanc, Fernando Cayo -quien ya hizo de guardia civil en la también detectivesca Punta Escarlata- y Belén López suplen las carencias de un reparto de caras semidesconocidas del prime time español. Por cierto, spoilers¿hacía falta desvelar en el piloto su estrecha relación con el personaje de Belén López o su trauma?, ¿o asentar las bases del romance interracial al segundo episodio al más puro estilo El príncipe? spoilers. Confianza hay pues Boomerang TV ha demostrado su buen hacer en los géneros del drama y el thriller con productos tan dispares como El tiempo entre costuras, Los misterios de LauraAcusados y Motivos personales (***). Hay destellos de excelencia narrativa y técnica, tres ejemplos: la "lluvia" de sangre en el invernadero y el flashback inmediato del momento en que Héctor le toca la nuca a Marta durante el episodio piloto y el intento de asfixia a Marta durante el segundo; esta última escena resulta poco creíble para el espectador pues obviamente no se van a cargar al interés romántico del protagonista al segundo episodio(****). Mi mayor reparo hacia Mar de plástico ya no sólo es que su trasfondo social resulte de baratillo [¿a santo de qué viene el momento musical de Nya de la Rubia por muy gitana que sea en la ficción y muy cantante en la realidad?] sino que leo la sinopsis de la serie y las declaraciones de su elenco protagonista y no concuerdan  con lo que un servidor presencia en pantalla. Al más puro estilo Refugiados y su espejo xenófobo.

(*) Que se lo digan a The CW en Estados Unidos. The 100The Vampire Diaries y Arrow no existirían si no fuera por Crepúsculo, Los juegos del hambre y los superhéroes de Marvel/DC.
(**) El director de fotografía de Mar de plástico es José Luis Pecharromán; el de La isla mínima, Alex Catalán, habitual del cine de Alberto Rodríguez.
(***) El incidente parece ya Godot. Que si Antena 3, que si laSexta. Que si son trece episodios de setenta minutos, que si ahora cinco de mayor duración. El parto de El incidente está siendo peor que el de su compañera de productora El tiempo entre costuras: anunciada en mayo de 2010, finalizada de rodar en enero de 2012 y no emitida hasta octubre de 2013. Crucemos dedos para que se repita el hito.
(****) Spoiler de Vis a Vis. Ana Labordeta, la Gobernanta, duró dos episodios tras un giro de guion que me desencajó la mandíbula y confirmó las agallas de los responsables del thriller carcelario.


Luego está Rabia. Mi sentencia, un tanto amarillista: ahora entiendo por qué Isabel acabó en manos de DiagonalTV. O mejor dicho: quien mucho abarca poco aprieta. Isla Audiovisual dio en el clavo con productos minoritarios y de coste reducido tanto en drama (La pecera de Eva) como  en  comedia (Impares). Parecían ser conscientes de la precariedad de su existencia y hueco en cadenas TDT como Neox y laSiete. También es responsable de esa cosa llamada Vida loca -un desesperado intento de resucitar Siete vidas- y de Frágiles, cuyo único mérito creativo fue marcarse un inesperado crossover con su serie madre La pecera de Eva y así finiquitar el embolado romántico de Eva y  César. Y La López, una Marta Poveda que nunca había estado mejor. Rabia podía haber acabado en The CW como ya lo hizo en la primavera de 2014 Star-Crossed, Oxígeno aquí, porque Rabia es una americanada total pero mal hecha. Todo es más largo de lo aconsejable, tanto la duración del piloto -¡ochenta minutazos joder!- como un elenco en el que, por tróspida, sobresale una Adriana Ozores engominada haciendo de poli dura. Luego está Patricia Vico maquillada hasta las cejas. Y un poquito de transfondo político-social a través de las noticias que una adolescente ve en su portátil. Hasta la elección de Marta Fernández como hilo conductor en esa especie de intro y pseudoexplicación resulta paródico, ¿dónde está Pedro Piqueras coño? Pero el gran empero de Rabia es su uso sistemático de un leitmotiv que en vez de dotar a la historia de mayor frenesí y drama, la enfanga. No es cuestión de marcarse un Max Richter en The Leftovers pero sí de tener oído. Parece que el miedo de Bambú Producciones de que se le duerman los espectadores se ha extendido. ¿A santo de qué ese miedo al silencio?

Mar de plástico parece HBO al lado de Rabia.
Por el momento, El ministerio del tiempo y Vis a vis son flor de un día. Ambas han logrado torear al minutaje.