Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



sábado, 15 de abril de 2017

De 'Serial' a 'S-Town', culpables del fenómeno podcast

Sin spoilers | Si hubiera algo verdaderamente extraordinario que rescatar de la memoria del año 2014 en términos de entretenimiento, no sería una película (¿Boyhood?) o una serie de televisión (¿The Leftovers? ¿Transparent?) sino un podcast: Serial. O mejor formulado: el primer volumen de Serial (compuesto por doce entregas). Fue vendido como spin-off del longevo podcast This American Life. Nadie previó que un programa de radio fuera a convertirse en la nueva obsesión de la seriefilia con un género tan adictivo pero manoseado en el documental y la ficción como el true crime (y el whodunit). Para más inri, sobre un lugar común como la desaparición y asesinato de una adolescente de 18 años cuyo principal sospechoso es/era su novio.

Pero Serial no sería un true crime al uso (*) pues no solamente reabría y revisitaba un caso de asesinato -con el supuesto culpable ya en la cárcel- sino que realizaba una esmerada radiografía del lugar (el Baltimore de Estados Unidos, escenario también de la serie The Wire), los tiempos (el ataque a las Torres Gemelas, la islamofobia post-11S) y la ley estadounidense además de ofrecer al oyente el avanzar de una relación cada vez más estrecha entre la periodista que capitaneaba dicha investigación (Sarah Koenig) y el supuesto culpable de tal crimen (Adnan Syed). El oyente vibraba con las dudas en voz alta de Koenig: ¿estaba siendo engatusada por Syed o era verdad que él era inocente y estaba agarrándose a un clavo ardiendo?

(*) Aunque todo oyente deseara una resolución clara y contundente, abonada al territorio de la ficción sujeta estrictamente al planteamiento-nudo-desenlace.

Se transmitía autenticidad y verdadera autoría (Koenig era la voz, la guía) y sobre todo: daba la sensación de estar viviendo un evento, como aquel que ve en directo el final de una serie longeva y de gran audiencia. Pero Serial, a pesar de ser concebida por sus responsables y consumida por sus oyentes como una serie de ficción (¿un docudrama?), se vio “obligada” a ceñirse a la realidad (al fin y al cabo se trataba de un trabajo periodístico) y renunciar a algún twist final que desencajase la mandíbula del oyente enganchado. Un giro de acontecimientos con el que otro true crime –este, televisivo- sí se toparía de la manera más tonta: The Jinx, documental de seis entregas de HBO. Una investigación periodística que también contaría con el morbo de la relación entre su máximo responsable Andrew Jarecki y su investigado Robert Durst.


Serial ni resolvió el misterio ni cerró el círculo. Al final del día, era una investigación periodística que apostó como ningún otro producto por el storytelling y las herramientas de la narrativa (cebos, cliffhangers) para lograr mayor enganche y atracción (Capote decidió inventarse, dicen las malas lenguas, el final de A sangre fría). Es más, yo mismo creí en un principio que todo aquello era fingido, una especie de documental falso. Pero no. Fue patente que ni siquiera los responsables de Serial esperaban tal positiva y desmedida recepción. Se notaba que creaban aquel relato sobre la marcha; tan sólo hay que echar un vistazo a la duración de cada entrega, a veces duraba casi sesenta minutos y otras, treinta.

Su segundo volumen (compuesto por once entregas) llegaría un año después del final del primero y tuvo que hacer frente a la “maldición” del sophomore year (segundas partes nunca fueron buenas…). La presión (un acuerdo económico de por medio e incluso un Peabody Award) hizo que se corriera a encontrar una nueva historia que enganchara y dejara a sus oyentes devanarse los sesos. Como ocurre con muchas segundas partes, se apostó por el “más es mejor”: se ampliaron las miras (ahora el susodicho crime involucraba no sólo a más personas sino a más importantes y el conflicto era mucho más universal, menos íntimo y personal) y fue marcado un objetivo mucho más ambicioso.

Nuevamente, lo que buscaba Serial era hacer una radiografía ya no sólo del mundo legislativo de Estados Unidos sino también de cómo funciona(ba) el militar. Una crítica. La búsqueda de culpables. En mi opinión, aquella propuesta hubiera funcionado mejor si hubiera sido Sarah Koenig la encargada de entablar conversación y conexión con el nuevo protagonista del segundo volumen: el sargento Bowe Bergdahl, una especie del ficticio Nicholas Brody de Homeland. Salvando las distancias, claro está. Bergdahl se encontró acusado de deserción por su propio país tras estar cinco años secuestrado por los Talibanes. Sin embargo, la principal fuente de este segundo volumen serían las conversaciones entre Bergdahl y Mark Boal, guionista de las últimas películas de Kathryn Bigelow, directora de cintas de género bélico como La noche más oscura y En tierra hostil (*).

(*) El dúo creativo Boal-Bigelow está a punto de estrenar Detroit.

Las expectativas claramente jugaron en contra del podcast. No ayudó además que meses antes del lanzamiento de su nuevo volumen, ya hubiera publicaciones y filtraciones sobre el leitmotiv del mismo. Aquel true crime, de secreto no tenía (casi) nada. Ya habían sido escritas páginas y titulares sobre él. Las extensas conversaciones entre Bergdahl y Boal iban a servir para un guion y llevarlo a la gran pantalla. El éxito inicial de Serial fue la imprevisibilidad de su existencia como producto así como el rescate de un crimen poco conocido que lograba la empatía del oyente. La más que posible injusticia sobre Syed congregaba “en las ondas”. Sin embargo, las altas esferas del segundo volumen y la distancia de Koenig fueron hándicaps difíciles de esquivar.


Casi dos años y medio después, un nuevo podcast descoloca a la blogosfera. De los responsables de Serial y This American Life, procede S-Town cuyas siete entregas fueron lanzadas el pasado 28 de marzo de una misma tacada uniéndose a la moda del binge-watching (*) de las series del modelo Video On Demand [VOD (Netflix, Amazon)]. ¿Podríamos catalogarlo como binge-listening? En el caso de Serial, su emisión fue semanal o posteriormente bisemanal (“every other week”). Serial y S-Town no podrían ser productos radiofónicos más distintos pero a la vez tan similares. Quizás la principal semejanza entre ambos sea su capacidad de adicción y la estrecha relación entre periodista y sujeto protagonista. Durante sus primeros compases, S-Town parece ser Serial II (o III), es decir, un nuevo true crime que desempolva un crimen del pasado que pasó inadvertido en su momento y simultáneamente pinta un cuadro de sus coordenadas temporales y espaciales así como de los personajes involucrados.

(*) Maratoneo de toda la vida del señor.

Pero no, S-Town no es un true crime en absoluto aunque juegue por momentos a ello. Sí, hay una muerte pero no precisamente de quien se nos “avisa” en un principio. El oyente, tras escuchar la primera entrega, pensará que el periodista Brian Reed se dedicará a investigar el supuesto asesinato de un joven en un pequeño pueblo de Alabama. Es la segunda entrega la que establece realmente el quid de dicho excepcional podcast con un giro digno del mejor thriller. O del mejor realismo. S-Town es un género radiofónico que aúna múltiples géneros (uno de ellos es el true crime) y múltiples historias. Es la historia sobre un hombre diferente, extraordinario. Es una historia de recuerdos o más bien un rompecabezas de recuerdos. Es la historia incluso de la búsqueda de un tesoro. Es la historia de un lugar y sus gentes: la América profunda donde se pasea tranquilamente la supremacía blanca. Es la historia de rifirrafes legales. Es la historia de muchas historias de amistades y amores nunca consumados.

Si en el primer volumen de Serial, lo que más enganchaba era la relación entre Sarah Koenig y Adnan Syed; en S-Town, el motor principal de sus siete entregas es la imprevista relación entre el periodista Brian Reed y John B. McLemore, (a partir de aquí spoilers) más si cabe cuando uno de ellos acaba desapareciendo del mapa. En S-Town tampoco hay una gran resolución del misterio (misterios) pues John en sí es un enigma imposible de descifrar. El podcast cuenta con altas cuotas de emotividad, especialmente cuando algunos entrevistados hablan de John o incluso el propio Reed expone sus recuerdos sobre John.

La película Brokeback Mountain sirve en S-Town para que el oyente "empatice" por comparación con uno de los romances homosexuales que tuvo John pero es también elemento clave del propio romance narrado en la sexta entrega del podcast
Hay un pasaje que podría encapsular la esencia del programa de radio: Rita, una de las entrevistadas (la prima de John que por momentos parece la villana de la función) le confiesa a Brian que cree que Tayler (el “ahijado” de John que por momentos también parece el villano de la función) es quien empujó a John al suicidio. Y aunque me fastidie, uno de los grandes atractivos (*) de S-Town y su co-protagonista John es su orientación sexual. Cómo vivía con ella en un ambiente de represión, sus vivencias, sus ligues telefónicos. O sus amistades con las que compartía pasión: la reparación de relojes, la horología. John era dos personas en una: el racista y homófobo pero también el “semisexual” (o “queer”) que él mismo reconocía ser. Al final, S-Town es un intento de descifrar el por qué acaba suicidándose una persona. Qué factores le llevaron a ello. Y Brian Reed, más o menos, acaba resolviendo dicho “crimen”. Otros “crímenes” no.

(*) Aunque criticados por su “marco” hetero-normativo cuyo mayor exponente es la alusión a la película Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005). Slate (S-Town Was Great—Until It Forced a Messy Queer Experience Into a Tidy Straight Frame) y Vice ('S-Town' and the Loneliness of Being Gay in the Rural South) han escrito sobre ello. El artículo de Vice podría entroncar con este reportaje de HuffPost Highline a cargo de Michael Hobbes: The Epidemic of Gay Loneliness.
  • Penúltimo apunte: ya hablé en su momento de Le llamaban padre (de la familia Podium Podcast de Prisa), un muy recomendable true crime radiofónico español aunque difícil de digerir por los temas que trata.
  • Último apunte: el sumo mimo de S-Town llega incluso a sus créditos finales con A rose of Emily de The Zombies como fondo. Una letra que bien podría aplicarse a John: "There's loving everywhere but none for you" // "Hay amor en todas partes pero nada para ti".