sábado, 4 de mayo de 2013

'The Big C', la muerte hace horas extraordinarias


"Don't break the spell of a life spent trying to do well" - "No rompas el hechizo de una vida dedicada a tratar de hacerlo bien". Las canciones de Sia tienen algo que llegan a lo más profundo del corazón; durante los últimos minutos de vida de 'A Dos Metros Bajo Tierra' suena Breath Me y te desarma, te deja desnudo y te cuenta qué es la vida. Ya no puedo escucharla sin rememorar el destino de todos y cada uno de los miembros de las familias Fisher y Chenowith; los Díaz siempre me dieron un poco igual...

El caso es que durante el cierre de la primera temporada de 'The Big C' suena Lullaby de Sia y a pesar de no contar con la carga tan dramática del final de 'A Dos Metros Bajo Tierra', emociona de tal manera. Pero no empecemos la casa por el tejado y hablemos de su premisa: | Sin spoilers | Laura Linney se mete en la piel de Cathy Jamison, una profesora y ama de casa a quien le ha sido detectado recientemente un cáncer terminal; este revés supondrá un cambio de 180 grados en su vida y en la de sus seres más allegados: su marido Paul, su hijo adolescente Adam y su hermano vagabundo Sean. Supondrá también acercarse a personas a las que hasta entonces no había prestado atención: su malhumorada y anciana vecina Marlene y su alumna Andrea. El leitmotiv de los primero 13 episodios es contemplar cómo su protagonista hace frente a la cercana muerte y en especial cómo le cuenta al resto de personajes satélite su enfermedad. Todo ello desde un punto de vista más cercano a la comedia y el optimismo - con situaciones desternillantes- que al drama y el derrotismo. Ya lo decía la mamá de Otto en 'Los amantes del círculo polar ártico': "Los disgustos de la vida hay que aceptarlos con buen humor porque igual que vienen, se van." Cathy toma conciencia de su propia fecha de caducidad, se desmelena, agarra el toro por los cuernos y empieza a hacer todo aquello que durante veinte años de matrimonio se ha prohibido así misma: vivir la vida.

No os engañaré, 'The Big C' no es un serión ni tampoco le es necesario. Su imperfección le hace más bonita y deleitable. El único escollo que podría suponer es el cáncer en sí; un tema demasiado peliagudo y delicado para muchos espectadores que por fortuna se trata de la mejor manera posible: sin dramas exagerados ni abundancia de lágrimas. La protagonista es una mina de oro; tiene un largo camino de deseos y planes que recorrer antes de que el cáncer acabe con ella. Además, Cathy es un poco "perra de satán", lo cual da mucho juego y permite al espectador no sentir una desmesurada lástima hacia ella. Pero los personajes secundarios no se quedan atrás sin llegar a eclipsar en ningún momento a la reina de la serie. Cierto es que varios de ellos, en especial Paul y Adam, son un "pain in the ass" incordio en muchas ocasiones pero hasta a ellos se les termina cogiendo cariño a medida que avanza la temporada. Marlene, Sean y Andrea juegan en una liga superior. Todo funciona como el engranaje de un reloj y la acción nunca queda estancada aunque he de decir que el tramo final peca de celeridad y confusión. Un factor a su favor es la jugosa participación episódica de actores consagrados como Idris Elba ('The Wire', 'Luther'), 'Cyntia Nixon' ('Sexo en Nueva York') y Liam Neeson ('Batman Begins'). Otro factor más a su favor es el punto y final que la cadena Showtime ha decidido poner tras la emisión de su cuarta temporada este mes de mayo por lo que la guadaña de la cancelación no hará acto de presencia y tendremos un final en condiciones.

Una historia relatada con mimo y cariño a lo largo de 13 episodios -con final más o menos cerrado por si no te apetece ver las siguientes temporadas a corto plazo- y muy fácil de ver a pelo en versión original sin subtítulos. Perfecta para practicar o mejorar el inglés.