jueves, 29 de enero de 2015

‘Las ovejas no pierden el tren’; un cóctel de humor, optimismo y reflexión

Artículo publicado originalmente en Infoactualidad el jueves 29 de enero de 2015 | Las ovejas no pierden el tren es la última película de Álvaro Fernández Armero, una comedia coral y de enredo sobre el devenir de una “modern family” en pleno siglo XXI. Su gran baza es su trío protagonista, actores que se prodigan en la ficción televisiva actual: Inma Cuesta, Raúl Arévalo y Alberto San Juan. Una radiografía sobre una generación cercana a los cuarenta a través del humor y el surrealismo con guiños a la situación social contemporánea.

La comedia española vive un buen momento de crítica y público gracias a cineastas como Daniel Sánchez Arévalo (Primos, La gran familia española) Javier Ruiz Caldera (3 bodas de más), Borja Cobeaga y Diego San José (Pagafantas, Ocho apellidos vascos) que han demostrado que es posible llevar al público a las salas de cine sin mayor pretensión que provocar carcajadas. Ésta parece ser también la intención de Álvaro Fernández Armero y Las ovejas no pierden el tren (id, 2015) cuyo estreno está previsto para el viernes 30 de enero.

Su título es una declaración de intenciones al aunar los dos principales focos del enredo argumental: la oposición entre el mundo rural y el urbano y la pérdida de oportunidades a lo largo de la vida. La diana de toda sátira es un heterogéneo grupo de amigos y familiares que rondan la cuarentena y afrontan a la par dos crisis: la económica y la de mediana edad. En ella tres tipos de familia son retratados: aquella de la que uno proviene, la familia de la pareja y la que ambos forman con sus hijos.

Alberto (Raúl Arévalo) y Luisa (Inma Cuesta) son un matrimonio en crisis que se muda al campo junto a su hijo. Mientras ella continúa trabajando en Madrid en el mundo del textil, él –escritor- tendrá que aclimatarse al frío de un pueblo de Segovia donde acabará haciendo buenas migas con un vecino pastor. Juan (Alberto San Juan) -hermano de Alberto- evita asimilar el recién divorcio con su mujer (Pilar Castro) viviendo un affaire con una veinteañera (Irene Escolar), quién le presiona para conocer a sus hijas a las que éste sólo ve cada dos fines de semana.  

Ambos hermanos no sólo deberán enfrentarse a sus problemas conyugales y extramaritales sino también al alzheimer de su padre (Miguel Rellán) y la renuncia de su madre (Pietra Martínez) en cuanto a sus cuidados. Marisa (Kiti Mánver) y Sara (Candela Peña), madre y hermana de Luisa respectivamente, viven la soltería de maneras diametralmente opuestas. Mientras, Paco (Jorge Bosch) sufrirá la obsesión de Sara por contraer matrimonio.

Las ovejas no pierden el tren caricaturiza hasta el extremo personas de nuestro día a día con cierto poso reflexivo pero no negativo, todo lo contrario; la película parece regirse por el “no hay mal que por bien no venga” enfatizando el lado bueno de las cosas.