Empecé este blog con 16 años y otro nombre ('Dime que series ves y te diré cómo eres'). En un principio solo hubo cabida para las series de televisión pero más tarde decidí ampliar el contenido a todo aquello que contase con un mínimo de guion/ficción, ¡incluso la propia vida, señorxs! Decía Susan Sontag en 'Contra la interpretación': "En las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar". Carrie Bradshaw decía en 'Sexo en Nueva York': "I couldn't help but wonder...". Bienvenidxs. Contacto: oscarrusvicente@gmail.com



domingo, 17 de febrero de 2013

‘In Treatment’: labios fruncidos, señal de corazón frío


(Sin spoilers) Me permito utilizar una de las tantas ingeniosas frases de la película ‘Amélie’ (Jean-Pierre Jeunet, 2000) para más adelante exponer una ocurrencia a cerca de la maravillosa serie de HBO ‘In Treatment’-la cual se mantuvo en antena durante tres temporadas entre 2008 y 2010-y en especial de sus personajes cuya mayor atracción reside en lo corrientes que son. 

‘En Terapia’ –como es conocida aquí en España- es una serie sumamente especial para mí.  Comencé a verla el pasado septiembre, sin embargo dejé a medias la primera temporada por falta de tiempo. Me olvidé de Paul, de Laura, de Sophie, de Alex, de Jake, de Amy, y de Gina. Me olvidé de sus ficticios conflictos para ocuparme de los míos. Pero esta semana he regresado a consulta –a las afueras de Maryland donde vive Paul Weston- y he podido comprobar todo lo que me había perdido estos últimos meses. La premisa de la serie es sencilla: el día a día de un psicoanalista con sus pacientes. Cada episodio se centra en una única sesión de terapia con un paciente, distinto para cada día de la semana, incluido él mismo con la sesión con su propia psicoanalista los viernes. ‘In Treatment’ es densa, emocionalmente muy intensa e incluso a veces difícil de digerir. Es el espejo de algo de nuestras vidas; es imposible no tener algo en común tanto con los psicoanalistas como con los pacientes. Exige al espectador total atención; no perderse ni una palabra de sus personajes. Y sorprendentemente, a pesar de la coherencia de los arcos argumentales y sus personajes - lo cual posibilita al espectador anticiparse a los hechos- es imprevisible. Además, la limitación de tiempo y espacio juega a su favor y los encargados de la ficción la exprimen al 100%. Si bien es cierto que hay planteamientos o escenas que a veces pecan de cierta "inverosimilitud" debido a la propia acotación. 

La razón del título del post es la siguiente: en un principio los personajes están cohibidos y muestran cierta frialdad e incomodidad al relatar sus problemas para poco a poco asentarse en la dinámica entre psicoanalista-paciente, coger confianza y mostrar sus sentimientos sin pudor alguno e incluso actuar de forma impulsiva e improvisada; se dejan llevar por sus emociones.

Tan sólo he visto los 43 episodios que conforman la primera temporada –el adjetivo ‘placentera’ se quedaría corto para definirla’-  pero hay dos refranes que le vienen como anillo al dedo; el primero sería “En casa de herrero, cuchillo de palo” y el segundo “Consejos vendo y para mí no tengo”. Si aún no la habéis visto, hacedlo, pero con cierta calma y saboreando cada diálogo, cada historia personal, cada nota musical y cada interpretación. Grabiel Byrne, Melissa George, Blair Underwood, Mia Wasikowska, Embeth Davidtz, Josh Charles y Michelle Forbes se comen la pantalla y se ganan al espectador -y la credibilidad que éste les otorga- independientemente de si el personaje resulta simpático o no. Como dirían los yankis... "In Treatment is a must".