domingo, 26 de mayo de 2013

'Dans La Maison', el gato y el ratón

"El cine no es un arte que filma vida, el cine está entre el arte y la vida" - Jean-Luc Godard.
Sin spoilers | De francés a francés y tiro porque me toca. Hasta ayer no había visto ninguna obra de François Ozon pero 'Dans La Maison' ('En la casa') acechaba y la sombra cada vez era más larga. Ya no hay sombra, sino asombro por el último film del parisino Ozon. Que guión más lúcido. Que juego de luces y sombras más entretenido. Drama que emociona, comedia que provoca carcajadas. 105 minutos que ponen en bandeja al espectador un reto igual de estimulante que al que se enfrentan sus personajes: no traspasar la línea entre ficción y realidad. Existe otra linea que también se bordea continuamente: la del culebrón.  Sale Emmanuelle Seigner cuya belleza  y dulzura hipnóticas continúan intactas desde hace veinte años en 'Bitter Moon'. Al otro lado del ring femenino está la británica Kristin Scott Thomas, acaparadora de las escenas más hilarantes.

Regla nº1 para disfrutar de 'Dans La Maison': no leer su premisa. Huid de filmaffinity, IMDb, reseñas y demás. Básicamente porque durante sus primeros minutos parece el evoltorio de un drama social con la enseñanza francesa como telón de fondo. Una visión más de 'Entre Le Murs' (Laurent Cantet, 2008), una critica social más hacia el sistema educativo. En cierto modo lo es... pero entonces hace aparición Claude y revoluciona al personal a todos los niveles. Especialmente el erótico-sexual. Es un nuevo Sol entorno al cual comenzarán  a girar planetas acostumbrados a la oscuridad. Regla nº2: dejarse llevar. Caer en la tentación y saborearla.

'Dans La Maison' es arte y vida. Es el gato y el ratón. ¿Quién se come a quién? ¿La realidad a la ficción? ¿La fantasía a la crudeza? ¿El culebrón al drama? ¿El individuo solitario a la impermeable familia? ¿O viceversa?

domingo, 19 de mayo de 2013

El reencuentro de dos almas gemelas



Spoilers de la segunda temporada de 'The Big C' | Me salto por ahora un análisis extenso de los pros y contras de la segunda temporada de 'The Big C' pero ¡que mal le sentó el invierno y la renovación! Ya de por sí no me entusiasmó el cierre de la primera temporada con Cathy decidida a combatir el cáncer. No más "bitch brave" por mucho que Andrea le regale a la protagonista una camiseta con esa frase puesta en ella. No más carpe diem. No más Sean vagabueando y soltando discursos anticapitalistas y ecológicos a diestro y siniestro por culpa del embarazo de Rebecca, personaje que pasó de ser secundario y estimulante a regular y pelmazo. No más Marlene (viva). Paso de verter mierda sobre lo poco que han aprovechado a Andrea para así darle una tediosa trama amorosa. Pero no todo es malo  ya que la evolución de Paul y Adam ha sido muy satisfactoria a lo largo de los doce episodios (hasta tras la cancelación del viaje de Italia) y la introducción de Lee fue un sorpresón. Y un placer para los ojos ver a Hugh Dancy marcando tabletita y yendo a bares gays a ligar con osos... La amistad entre Cathy y Lee es uno de los mejores aciertos de la serie desde su inicio y otorga memorables diálogos y escenas tanto en la faceta cómica como dramática. Os dejo con una muy meditativa conversación entre ambos.
Lee: ¿Qué haces?
Cathy: Intentando coger mi maldita botella. ¡Puta máquina!
Lee: ¿Siento un poco de ira reprimida?
Cathy: Estoy teniendo un mal día.
Lee: Eso parece.
Cathy: Mi seguro me está jodiendo y no me dejará empezar el tratamiento hasta mañana y me pone de los nervios.
Lee: Es sólo un día.
Cathy: Ya sé que es sólo un día. ¿Pero qué pasa si hoy es el día que decanta la balanza? Yo quería que hoy fuese un día perfecto. Estaba tan feliz cuando me desperté pero ahora... ¿Por qué nada va como debería ir?
Lee: Sí que ha ido. Simplemente no ha ido por donde tú querías que fuese. Puede que seas una valiente zorra pero no puedes controlar el universo. Eres el agua, no la roca.
Cathy: ¿Qué eres? ¿Un puñetero budista? 

miércoles, 15 de mayo de 2013

'Rubicon', lenta pero fructífera partida de ajedrez

Jessica Collins, James Badge Dale y Arliss Howard (de izq. a dcha.) en una escena del piloto






Sin spoilers | Presentemos dignamente a 'Rubicon'. Sus trece (y únicos) episodios siguen la "no-vida" de Will Travers, quien por una serie de sucesos (crucigramas, tréboles, supersticiones, un accidente ferroviario...) que atentan un tanto a la paranoia, comienza el rastro de una posible conspiración. A gran escala por supuesto. Todo ello le absorbe de su reducida vida personal y le entrega por completo a su trabajo puesto que él, precisamente, se dedica a ello: a buscar patrones, predecir los pasos de los actores sociales internacionales y observar el mundo desde las oficinas de un Think Tank de Nueva York, todo un submundo de personajes que oscilan entre el gris más oscuro y el negro, entre el mayor sopor o el gratificante estupor.

Los dos primeros minutos que dan pistoletazo de salida al piloto de 'Rubicon' son intriga pura y dura. Y algo muy retorcido. El espectador es testigo de cómo una bonita estampa familiar rápidamente se transforma en tragedia. La banda sonora ya la anticipa; el resto de escenas previas a la intro la confirman. El trébol de cuatro hojas hace aparición y junto al revólver no tardan en marcar el destino de todos y cada uno de los personajes que nosotros aún no conocemos. Ellos tampoco son conscientes de las consecuencias de un mero trébol de cuatro hojas; en 'Rubicon' la planta representa la antítesis de su tradición y la tónica general de la serie: ni rastro (aparente) de esperanza, fe, amor o suerte. Tan sólo el amor de vez en cuando aflora en la superficie pero muy tímidamente. El trébol es la muerte anticipada.

Ya tenemos misterio. Tan sólo nos faltan el héroe atormentado con pintas de guarrete-pero-sin-pintas-de-guarrete (?), la colección de posibles amantes del héroe,  los malos malísimos, los buenos que parecen malos, los malos que parecen buenos, subtramas aparentemente sin rumbo fijo que llaman al clamor, al aburrimiento y a la paja, el café y los donuts a primera hora de la mañana, la mala leche, el humor ácido, la paranoia, la conspiración, los ecos de los atentados del 11-S y los cliffhangers, ¡que los hay! ¿Ya os habéis perdido? Pues no os queda nada; exactamente 12 episodios.

¡Dentro intro! Disfrutad de los detalles, la lentitud (virtud y defecto de la serie), la poderosísima banda sonora, la ausencia de clichés en la construcción de algunos personajes (el oro se lo lleva Kale Ingram), la ambigüedad e incluso la placentera desconfianza hacia algunos de ellos, la convergencia de tramas paralelas y una recta final (a partir del ecuador de la temporada más o menos) de aúpa. La paciencia tiene recompensa y hay giros de guión que le dejan el culo roto al espectador. Eso sí, no hay final-final. Y jode.

Un último apunte. El motivo por el que estoy volviendo a ver la serie es una asignatura de mi carrera: Ciencia política y relaciones internacionales. Con un poquito de conocimiento a cerca de los Think Tank y la geopolítica mundial, 'Rubicon' escala en interés y en entendimiento. No es una serie de excelente pero sí de notable. ¿Carne de maratón? Quizás. ¿Carne de revisionado? Completamente.

domingo, 12 de mayo de 2013

Un torrente de luz

"I dont want to be a loser" | "No quiero ser una perdedora" - Olive
(Sin spoilers) Me confieso: No me gusta 'Little Miss Sunshine' (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) tanto como yo quisiera. Me parece una buena película con escenas que fácilmente te arrancan una carcajada o te sumergen en un ligero enmudecimiento pero de ahí a ser la película indie por excelencia hay mucho trecho. Ahí está '500 días juntos' peleando en mi ranking personal por la primera posición con 'Beginners', 'Weekend' 'Antes del amanecer'.

Reconozco sentir cierta predilección por las "Road Movie" ('Thelma & Lousie', 'Entre copas' ejem...) pero en ésta, muy a mi pesar, el viaje se me hace pesado y caluroso a pesar de la refrescante banda sonora; 'The Winner Is' es una absoluta delicia y acompaña a las mejores escenas del largometraje para hasta esta pieza peca de repetitiva (lo mismo le ocurre a 'Beginners'). Desde mi total desconocimiento, el guión de Michael Arndt parece un posible indicio del germen de la posterior revolución de la "familia desestructurada" en el cine y en las series de televisión. Lo que mola vende es ver cómo cada miembro es más raro y peculiar. En este caso la que parte el bacalao es Olive, la benjamina (y el corazón) de la familia; por ella se hace cualquier sacrificio. Sus mayores pasiones son los concursos de belleza y su abuelo. Odia las peleas.

El resto de la familia la componen su madre Sheryl, la más normalita de la tropa; su padre Richard, el típico perdedor que va de ganador por la vida; su hermano Dwayne, fan número uno de Nietzshe, hater las 24 horas del día y mudo por decisión propia; su tío Frank, el hermano depresivo de Sheryl y su abuelo Edwin, padre de Richard y amante de las mujeres, la cocaína y la pornografía. Y más excentricidades que me reservo para la sorpresa de aquellos que aún no hayan visto la película, sin embargo todas ellas quedan a un lado cuando es hora de envolver y ponerle un lazo al mensaje: La familia une.

¿Y la razón del viaje? Olive es invitada a participar en un concurso de belleza en California.

Ideas varias (con spoilers, lo siento)

"Losers are people who are so afraid of not winning, they don't even try." - "Los perdedores son esas personas que tienen tanto miedo de ganar que ni siquiera lo intentan." dice el abuelo. Yo tampoco quiero ser un perdedor.

Toni Collete (Sheryl) es una de mis actrices favoritas.

Me sorprende el poco (pero comprensible) gancho dramático de la muerte de Edwin. No hay llantos excesivos.

El jueves volví a ver 'Little Miss Sunshine' al lado de la persona que más odio en estos momentos. El colmo es que encima tenga mi DVD de 'Beginners'. Siempre igual.

"Life is one fucking beauty contest after another. School, then college, then work... Fuck that. [...] You do what you love, and fuck the rest." Qué razón tiene Dwayne al decir que la vida es un puto concurso de belleza, uno tras otro. Estoy harto de la superficialidad. Te lo digo a ti.

A mi también me encanta comer chocolate y no me privo.

El amor es una mierda. El sarcasmo y fingir ser normal también.

jueves, 9 de mayo de 2013

La noche es más oscura justo antes del amanecer

Aviso, spoilers de la primera y segunda temporada de 'In Treatment' | Madre del amor hermoso. ¿Cuánto drama puede soportar Paul Weston, protagonista de 'In Treatment'?  Permitidme una apreciación antes de responder a ello. Durante la primera temporada, a medida que se acerca su final, los pacientes de Paul parecen (tan sólo parecen...) ir recuperándose de sus heridas y encontrando la solución a sus problemas, mientras que él presencia cómo su mundo poco a poco se derrumba tanto en el aspecto familiar como profesional. Ya en los episodios finales se confirma lo expuesto a lo largo de 43 episodios: no hay paz para Paul ni tampoco para la mayoría de sus pacientes. No hay punto y final, tan sólo punto y a parte. Nosotros, los espectadores acomodados en el sofá, no presenciaremos un "fueron felices y comieron perdices" y menos con el mazazo emocional (¡menudo cliffhanger!) que supone el desenlace de la trama de Alex: su muerte y el consecuente efecto en la relación Paul-Laura. Se le da respiro e incluso esperanza al espectador, ¿Y si Paul dejara definitivamente a su mujer para estar con la mujer que realmente ama? ¡Iluso! Paul sí decide divorciarse de su mujer pero en el momento de la verdad, el momento en el que va a casa de Laura a soltarse ese te quiero que le ahoga, se da cuenta de que no hay te quiero. Ole. Al menos me consuelo con el  satisfactorio desenlance del intenso arco argumental de Sophie. De Jake y Amy, mejor no hablo; son el eslabón más débil y menos interesante de la serie aunque he de decir que ver a Josh Charles con barba y pintas de guarrete es un placer. Y Kate, ¡bah!, me importan un rábano ella y su viaje a Italia con su amante. Yo estoy del lado de Paul y quiero que él sea feliz y deje de empatizar de forma tan peligrosa con sus pacientes.

Pero vistos los primeros cinco episodios de la segunda temporada, parece que se avecinan nuevos pero revueltos tiempos para el protagonista: Paul vive ahora en un apartamento en Brooklyn tras divorciarse de Kate, su mujer, quien continúa viviendo junto a sus tres hijos a las afueras de Maryland. Pero no sólo tiene que hacer frente a una vida en solitario con 53 años sino también a la demanda por parte del padre de Alex por mala praxis. Bombazo y cliffhanger a las primeras de cambio. Pero de oca a oca... y tiro porque me toca: dicha demanda obligará a Paul recurrir a un bufete de abogados donde se reencontrará con Mia, una paciente de hace veinte años que, todo parece indicar, estuvo enamorada de él. Bombazo y cliffhanger de nuevo, esta vez en los últimos minutos del 2x01. Gracias a esta revelación (un tanto culebronesca, reconozcámoslo) con el atardecer y los rascacielos de Brooklyn de fondo, uno se da cuenta de que el listón va a continuar siendo muy alto. Me alegro del cambio de escenarios, le proporciona mayor dinamismo a la serie en cuanto a espacio.

Hablemos de los nuevos pacientes; la primera semana de cada temporada de 'In Treatment' juega con la baza del misterio, tónica habitual de la serie pero con mayor presencia en sus capítulos introductorios. ¿Qué les ha ocurrido a estos pobres diablos para acabar en el ya famoso sofá de Paul? April y su cáncer, Oliver y el divorcio de sus padres, Walter y su insomnio... El segundo año de la serie ofrece un mayor abanico de edades lo que supone un gran acierto. Los viernes nos trasladamos de Brooklyn a Maryland para hacer una visitilla a la encantadora Gina (¿está más delgada Dianne Wiest?), el mayor apoyo del protagonista, quien recurre a ella para afrontar todos los cambios de su vida. Gina por fin ha publicado su novela y ha vuelto a ejercer como psicóloga; su melena suelta y su sonrisa indican el inicio de una nueva y más feliz etapa en su vida.

Varios apuntes:

Si hay algo que me chirría de 'In Treatment' es su retrato de Paul como un donjuán y un rompecorazones;  ya no sólo por la aparición de Mia sino también por la de Tammy, su primer amor y ahora paciente de Gina.

La muerte continúa presente, April y su cáncer son la personificación tanto de la muerte de Alex como la de la madre del psicólogo, quién murió de cáncer también. Lo que faltaba. Demasiados fantasmas en un pequeño apartamento de Brooklyn.

¿Volverán a aparecer en pantalla Kate y sus hijos?

"Mis bombas serán palabras [...] Mi lengua será un misil" cantan los de Supersubmarina con su Canción de Guerra. Ocho palabras que definen a la perfección la esencia de la serie. Presenciaré entonces la guerra (¿de desgaste?) sentimental y emocional de todos sus personajes. Ojalá que no haya vencedores ni vencidos ni tampoco treguas que no llevan a ninguna parte; tan sólo la firma de la paz. Para todos.

Sigo pecando de iluso, lo sé.

martes, 7 de mayo de 2013

El amor adult(erad)o

"I don't mind other guys dancing with my girl. That's fine, I know them all pretty well" - "No me importa que otros tíos bailen con mi chica. Está bien, les conozco a todos muy bien" cantan The Who con su The Kids Are All Right

Sin spoilers | Tras volver a ver 'The Kids Are All Right' (Lisa Cholodenko, 2010) me surge una duda: ¿qué es infidelidad y qué no lo es? Enmarcada dentro del género LGTB, la película no aborda el natural conflicto que supone el formar una familia para una pareja de mujeres homosexuales; la directora prefiere obviar esa perspectiva de la cruda realidad para así dirigir sus esfuerzos en retratar cómo la aparente estabilidad de una familia se ve perturbada por la aparición de un tercero. Para mí, es un acierto. En primer lugar por dotar de gran naturalidad a la familia homoparental y en segundo, por crear un atípico triángulo amoroso en el que no hay buenos ni malos; cada esquina del "polígono" es verdugo y víctima a la vez. Todo ello sirve para dar forma al mensaje primordial de la película: el matrimonio es una maratón. Pero 'The Kids Are All Right' va más allá y apuesta por un humor ácido (evitando la lágrima fácil) que se agradece, unas Annette Bening y Julianne Moore lúcidas, frágiles y convincentes y una historia que se toma su tiempo y respira. Súper recomendable. Y además Uh Huh Her y MGMT, dos bandas de música que me chiflan, forman parte de su "muy indie" banda sonora.

sábado, 4 de mayo de 2013

'The Big C', la muerte hace horas extraordinarias


"Don't break the spell of a life spent trying to do well" - "No rompas el hechizo de una vida dedicada a tratar de hacerlo bien". Las canciones de Sia tienen algo que llegan a lo más profundo del corazón; durante los últimos minutos de vida de 'A Dos Metros Bajo Tierra' suena Breath Me y te desarma, te deja desnudo y te cuenta qué es la vida. Ya no puedo escucharla sin rememorar el destino de todos y cada uno de los miembros de las familias Fisher y Chenowith; los Díaz siempre me dieron un poco igual...

El caso es que durante el cierre de la primera temporada de 'The Big C' suena Lullaby de Sia y a pesar de no contar con la carga tan dramática del final de 'A Dos Metros Bajo Tierra', emociona de tal manera. Pero no empecemos la casa por el tejado y hablemos de su premisa: | Sin spoilers | Laura Linney se mete en la piel de Cathy Jamison, una profesora y ama de casa a quien le ha sido detectado recientemente un cáncer terminal; este revés supondrá un cambio de 180 grados en su vida y en la de sus seres más allegados: su marido Paul, su hijo adolescente Adam y su hermano vagabundo Sean. Supondrá también acercarse a personas a las que hasta entonces no había prestado atención: su malhumorada y anciana vecina Marlene y su alumna Andrea. El leitmotiv de los primero 13 episodios es contemplar cómo su protagonista hace frente a la cercana muerte y en especial cómo le cuenta al resto de personajes satélite su enfermedad. Todo ello desde un punto de vista más cercano a la comedia y el optimismo - con situaciones desternillantes- que al drama y el derrotismo. Ya lo decía la mamá de Otto en 'Los amantes del círculo polar ártico': "Los disgustos de la vida hay que aceptarlos con buen humor porque igual que vienen, se van." Cathy toma conciencia de su propia fecha de caducidad, se desmelena, agarra el toro por los cuernos y empieza a hacer todo aquello que durante veinte años de matrimonio se ha prohibido así misma: vivir la vida.

No os engañaré, 'The Big C' no es un serión ni tampoco le es necesario. Su imperfección le hace más bonita y deleitable. El único escollo que podría suponer es el cáncer en sí; un tema demasiado peliagudo y delicado para muchos espectadores que por fortuna se trata de la mejor manera posible: sin dramas exagerados ni abundancia de lágrimas. La protagonista es una mina de oro; tiene un largo camino de deseos y planes que recorrer antes de que el cáncer acabe con ella. Además, Cathy es un poco "perra de satán", lo cual da mucho juego y permite al espectador no sentir una desmesurada lástima hacia ella. Pero los personajes secundarios no se quedan atrás sin llegar a eclipsar en ningún momento a la reina de la serie. Cierto es que varios de ellos, en especial Paul y Adam, son un "pain in the ass" incordio en muchas ocasiones pero hasta a ellos se les termina cogiendo cariño a medida que avanza la temporada. Marlene, Sean y Andrea juegan en una liga superior. Todo funciona como el engranaje de un reloj y la acción nunca queda estancada aunque he de decir que el tramo final peca de celeridad y confusión. Un factor a su favor es la jugosa participación episódica de actores consagrados como Idris Elba ('The Wire', 'Luther'), 'Cyntia Nixon' ('Sexo en Nueva York') y Liam Neeson ('Batman Begins'). Otro factor más a su favor es el punto y final que la cadena Showtime ha decidido poner tras la emisión de su cuarta temporada este mes de mayo por lo que la guadaña de la cancelación no hará acto de presencia y tendremos un final en condiciones.

Una historia relatada con mimo y cariño a lo largo de 13 episodios -con final más o menos cerrado por si no te apetece ver las siguientes temporadas a corto plazo- y muy fácil de ver a pelo en versión original sin subtítulos. Perfecta para practicar o mejorar el inglés. 

viernes, 3 de mayo de 2013

La culpa es de Annie


"Una relación es como un tiburón; tiene que estar continuamente avanzando o se muere. Y me parece que lo que aquí tenemos es un tiburón muerto..." 
A veces me sale la vena friki y me pongo como loco a hablar de mis películas favoritas; aquellas que hicieron que se me encogiera un poquito el corazón, que se me humedecieran los ojos o incluso me cayeran un par de lágrimas (soy un llorón reconocido), que me pasara día y noche escuchando su banda sonora hasta mi hartazgo o soltar carcajadas en mitad de la sala de cine. Pero especialmente de aquellas que poseen un valor sentimental añadido, aquellas que formaron parte de conversaciones especiales con personas que jamás olvidaré, aquellas que evocan el más bonito pasado. Hace una semanas alguien me dijo: "Te cambia la cara cuando hablas de lo que te gusta." Estúpido de mi, creí sus palabras. Ni siquiera aquel halago me reconforta en estos momentos.  Pero he de reconocer que el cine es mi pasión y cada vez que hablo sobre ello me emociono con facilidad.

La culpa la tiene Woody Allen y su Annie Hall de 1977. Deliciosa comedia romántica y  fiel relato sobre el amor y su decadencia con diálogos de lo más ingeniosos y situaciones surrealistas e incómodas. No sólo es la originalidad y la creatividad de un genio neoyorquino condensadas en hora y media sino también la película que me regaló mi primer amor de verano y de mi adolescencia. Ya queda lejos y remota aquella cola de cine para ver 'Super 8' (J.J. Abrams, 2011) durante el primer sábado de septiembre. Al terminar la película, fuiste un momento al aseo y temí lo peor; te irías sin despedirte. Iluso de mí creer que serías tú el que me abandonaría y me rompería el corazón; al final resulté ser yo el verdugo que se alejó sin piedad alguna. Que triste fue ver juntos 'The Artist' (Michel Hazanavicius, 2011). Mi corazón ya no sentía por ti y mi cabeza tan sólo buscaba las mejores palabras de despedida. Observábamos cómo fraguaba en blanco y negro el amor entre Peppy Miller y George Valentin mientras el nuestro hacía tiempo que había huido sin dejar rastro. ¿Alguna vez nuestros "te quiero" tuvieron validez alguna? Pequeña duda infinita, ¿no crees? Yo me quedé con tu Annie Hall, nuestras entradas de cine, dos fotos tuyas de carnet y una hoja del calendario de tu cocina fechada a 12 de noviembre de 2011. ¿Recuerdas aquel maravilloso fin de semana? Semanas después, tú me dijiste: "¿Volveremos a vernos"? con la Plaza de Colón de Madrid  y el frío de diciembre como telón de fondo y yo respondí con un seco "No". Estaba enfadado contigo y no sabía el porqué; más tarde descubrí que era porque no me habías dado suficientes razones para dedicarte todos y cada uno de mis pensamientos. Aaron Sorkin fue el artífice de nuestro reencuentro al cabo de seis meses; era junio de 2012 y te invité al preestreno de 'The Newsroom' que Canal+ había organizado. Compartimos sándwiches y coca-cola en un banco de la capital, vivencias que nunca antes nos habíamos contado, recuerdos de nuestra pequeña historia de amor, recomendaciones de películas y series que habíamos visto durante aquella primera mitad del año... y planes de futuro. Resolvimos, en cierto modo, aquel desastre sentimental sin decir ninguna palabra al respecto. Me sentí como los protagonistas al final de Annie Hall;  sustituimos las calles de Manhattan  por las de Chueca, sustituimos el almuerzo por la cena, pero hicimos exactamente lo mismo: recordar los tiempos pasados. También se nos hizo tarde y nos tuvimos que ir. Pero fue genial volver a verlo. Me di cuenta de lo maravilloso que era y de lo divertido que fue conocerlo. Y pensé en aquel viejo chiste... Y sí, sonó en mi cabeza "Seems like old times" con la voz de Diane Keaton.

Nueva York como principio y final de un idilio amoroso cuyo penúltimo capítulo tiene lugar en la calurosa California. La necesidad de estar al lado de alguien de quien ya uno no está enamorado pero al que procesa infinito cariño. La nostalgia y el recuerdo son grandes enemigos y a veces hay que tener huevos y hacerles frente. Si no..., podemos llegar a cometer el grave error de hacer aquello que tanto nos gustaba hacer con esa persona con otra que acabamos de conocer; y, queridos, crear recuerdos a costa de otros es triste. Estos cinco últimos párrafos son 'Annie Hall' pero mi más poderosa razón para amarla es la reivindicación de Alvin, su protagonista, de la masturbación: "No hables mal de la masturbación. Es la única manera segura de hacer el amor con alguien a quien se ama." 

Un beso, si me lees, mándame tu otro.