domingo, 26 de julio de 2015

Seis puntos sobre Ricardo

Guilherme Lobo y Fabio Audi son Ricardo y Gabriel en 'A primera vista' (Daniel Ribeiro, 2014)
Con todas mis ganas y todo mi hype fui el pasado miércoles a los Cines Renoir de Madrid para ver Inside Out. Sesión de las ocho de la tarde. Miércoles a.k.a. día del espectador. Verano. Calor. Iluso de mí creer que vería la película sin dificultad alguna. Entradas agotadas. Si hubiera ido acompañado, hubiera optado por esperar a la sesión de las diez de la noche -cuyas entradas también se agotaron al poco tiempo de yo llegar- pero ya que había hecho el viaje, decidí escoger una de las películas que menos tiempo me dejarían en la calle esperando: A primera vista. No el telefilm ESE de 1999 protagonizado por Mira Sorvino -ay, Poderosa Afrodita- y Val Kilmer. Me refiero a Hoje eu quero voltar sozinho (Daniel Ribeiro, 2014) cuya traducción más literal sería Hoy quiero volver solo. En inglés: The Way He Looks. Cierto es que la traducción española, lejos de resultar un ejercicio chapucero e inútil, condensa a la perfección las dos líneas de su premisa: un adolescente ciego que se enamora por primera vez... de un compañero de clase. Vaya por delante que no soy de los apocalípticos creyentes en la idea de que todo se ha contado en el cine. No, señores, Ahí está, por ejemplo, la vasca 80 egunean (José Mari Goenaga, Jon Garaño, 2010) también enmarcada en el género LGTB sobre un romance entre dos mujeres ya entradas en la tercera edad. Cierto es que el título original -Hoje eu quero voltar sozinho- es mucho más fidedigno pues la película brasileña no sólo va sobre el "romance" entre los dos adolescentes sino también el deseo de independencia de un protagonista, acostumbrado a la sobreprotección de sus progenitores, su abuela y su mejor amiga a causa de su minusvalía. Traigo a colación la tercera temporada de My Mad Fat Diary -que, sinceramente, podrían habérsela ahorrado- pues encuentro un discurso similar en ambas. Durante la misma, su protagonista -con tendencias suicidas- es encarada por una psicóloga al explicarle que la adolescente está preparada para dejar terapia pues los problemas a los que se está enfrentando y enfrentará son los de cualquier hijo de vecino: un corazón roto, un futuro universitario dubitativo. En A primera vista -la de 2014, leñe, no la de 1999-  hay una conversación entre padre e hijo en el que el progenitor le insta a no irse a la otra punta del continente americano para dejar de discutir con él y su madre pues es algo por lo que todos los adolescentes pasan. Sean ciegos o no. A primera vista es buena pero no sólo por lo que es sino también por lo que no es: un dramón al estilo Bajo la misma estrella (Josh Boone, 2014). Arriesga en temática -adolescente ciego gay: ¡boom!- y especialmente en un tono optimista que nunca descarrila hacia el vacío melodramático. No arriesga en la forma, todo sea dicho, aunque consigue su propósito: que el espectador desee un desenlace satisfactorio tras las inevitables idas y venidas y malos entendidos propios del drama romántico. Lo más rompedor es evitar clichés y tabúes sobre la ceguera y la homosexualidad y transmitir al espectador la sensación de normalidad. Un ejemplo con  spoiler : El protagonista no sale del armario ante su mejor amiga confesando entre lágrimas "¡Soy homosexual!" sino en el momento en el que le revela que cree haberse enamorado de su nuevo amigo en común. Otro ejemplo: el hostigamiento de los compañeros heterosexuales hacia los dos más-que-amigos se resuelve de forma simple pero efectiva: agarrándose la mano. El corte de mangas avivó el fuego. Y ellos se mueren de vergüenza pues la broma ha tornado ser realidad y ya no mola hacer chascarrillos. Fin de spoilers. Las pocas escenas de alto contenido sexual (no, no hay macarrones+polvo a La Vie d'Adèle) son arrebatadoras y juegan muy bien la baza narrativa de la ceguera: la sudadera, la ducha. La película, por cierto, nació como una extensión del cortometraje del mismo nombre. La banda sonora de la película está compuesta casi exclusivamente por música clásica, la favorita de su protagonista, aunque cuenta con algún que otro título indie como Start A War de The National o There's Too Much Love de Belle & Sebastian. No falta otro clasicazo:  Modern Love de David Bowie, canción que pone punto y final a una historia que hará las delicias a aquellos que busquen soñar despiertos durante hora y media y salir del cine con una tímida sonrisa. Ésta no es la única cinta brasileña actualmente en cartelera pues desde el 26 de junio también puede verse en nuestro país Una segunda madre/Que Horas Ela Volta? (Anna Muylaert, 2015). El verano no es sólo carne de blockbuster.